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CONGRESO

Rajoy y Rivera pactan que Ana Pastor sea la próxima presidenta del Congreso

Solo una improbable alianza de todas las demás fuerzas parlamentarias impediría que la ministra de Fomento lograra el cargo

Rajoy propone a Ana Pastor para presidir el Congreso de los Diputados

Rajoy propone a Ana Pastor para presidir el Congreso de los Diputados

La ministra de Fomento en funciones, Ana Pastor.

EFE
19/07/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
Una conversación telefónica poco después del mediodía entre Mariano Rajoy y Albert Rivera desbloqueó la negociación para que Ana Pastor sea la próxima presidenta del Congreso. El presidente del Gobierno recurrió una vez más a la colaboradora en que más confía, alguna vez ha dicho que es la persona "más competente y eficaz" que conoce, además de ser amiga personal desde la juventud y con la que comparte vacaciones de matrimonios en Galicia. La ministra de Fomento es, por otra parte, la integrante del Ejecutivo que menos recelos despierta entre la oposición, los socialistas tienen una buena relación con ella y los nacionalistas también tienen un trato correcto sin grandes conflictos.

Solo la conjunción en un muy improbable 'totum revolutum' opositor desde el PSOE hasta Bildu podría frustrar la elección de Pastor como presidenta de la Cámara baja para la XII Legislatura. Una posibilidad casi nula porque las diferencias entre PSOE y Podemos, lejos de estrecharse, se agrandan cada día. Su perfil dialogante y negociador parece de entrada el más apropiado para gobernar un Parlamento sin mayorías y en el que el pacto va a ser moneda corriente después de haber brillado por su ausencia entre 2011 y 2015. Pero hasta llegar a un acuerdo sobre su candidatura, el PP y Ciudadanos sudaron. El diálogo había encallado desde primera hora por las pretensiones del partido de Albert Rivera sobre su representación en la Mesa de la Cámara baja. Quería dos puestos, uno de ellos, la Vicepresidencia Primera, algo a lo que los populares se resistieron cuanto pudieron porque suponía, a su juicio, dar un excesivo protagonismo a un partido que con los resultados electorales en la mano no tenía derecho a estar siquiera en la Mesa. Pero una nueva charla de las varias que mantuvieron hoy por la mañana Rajoy y Rivera desatascó el asunto.

Ciudadanos abordó las negociaciones con la pretensión de reeditar el acuerdo alcanzado en la pasada legislatura con PP y PSOE, y con los mismos nombres, Patxi López de presidente incluido. Pero albergaba la secreta esperanza de que el mutuo bloqueo entre los dos grandes a sus respectivos candidatos podría facilitar que el suyo recibiera el apoyo de populares y socialistas. Una carambola a varias bandas, pero que no se materializó. El PSOE se cerró en banda con la candidatura de Patxi López, y los populares exigieron el cargo para su partido sin poner nombres en la mesa. Pero antes el PP se permitió explorar la posibilidad de dar el paso de apoyar al aspirante que designara Ciudadanos, posiblemente Ignacio Prendes, si obtenía el compromiso de los de Rivera de votar a favor de la investidura de Rajoy. No hubo compromiso y tampoco hubo apoyo para el aspirante naranja.

SIN CONTRAPARTIDAS

El líder del partido liberal se ha dejado la garganta en negar que existan contrapartidas y que haya adquirido deudas para la investidura de Rajoy en la primera semana de agosto a cambio de su pacto en la Mesa del Congreso. Pero sus palabras fueron acogidas con mucho escepticismo en todos los grupos. No en vano Ciudadanos machacó durante la campaña electoral con la idea de que nunca facilitaría la reelección del líder del PP y su primera decisión tras el 26-J fue pasar del no a la abstención. También llevaba a gala la doctrina de que el presidente del Congreso no podía ser del mismo partido que gobierna, y si hay investidura de Rajoy lo será. La palabra no parece el fuerte de Ciudadanos; pragmatismo lo llaman sus dirigentes.

Mientras la negociación entre el PP y Ciudadanos caminaba sobre una montaña rusa, la del PSOE y Podemos eran un carrusel dando vueltas unos a la culpabilización de los otros sin encontrar un punto de encuentro. Los socialistas hicieron de la candidatura de López una cuestión irrenunciable; y Podemos hizo lo propio con la del portavoz de En Comú, Xavier Domènech. Una conversación telefónica vespertina entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, a diferencia de la de Rajoy y Rivera, no desatascó nada, y aunque el líder de Podemos dijo que había "ido bien", los socialistas no sabían de qué hablaba porque su versión es que todo seguía igual y votarían en primera y segunda vuelta a su candidato. Si el PSOE mantiene el pulso y lleva a la votación el nombre de López recibirá los 85 votos de su bancada. El candidato de Podemos tendrá los 71 de la suya, y quizá los nueve de Esquerra y dos de Bildu; en total, 82. Convergència y el PNV han anunciado que se abstendrán, y Coalición Canaria apoyaría a Ana Pastor.

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