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POLICÍA

Interior creó la 'policía política' en 2012 con 70 agentes de la lucha contra ETA

La secreta Brigada de Análisis y Revisión de Casos sigue en LA órbita de Asuntos Internos, aunque podría desaparecer en breve.

Un furgón de la Policía Nacional.

Un furgón de la Policía Nacional.

Un furgón de la Policía Nacional.

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17/07/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
Ha recibido multitud de nombres, entre ellos 'policía política', 'policía patriótica', 'policía antiindependentista', 'cloacas del Estado', 'fontaneros del CNP', 'el pequeño CNI' o, incluso 'la CIA de Cosidó', quizás el nombre más desafortunado porque el director general de la Policía jamás ha podido (o ha querido) controlar este grupo, que desde hace meses está absolutamente descontrolado, y que fue creado por el recién jubilado director adjunto operativo del cuerpo, Eugenio Pino, con la aquiescencia del Ministerio del Interior.

Su nombre oficial, sin embargo, es otro y no da pistas sobre su cometido. La mayor parte de esa 'policía política' está o ha estado adscrita o relacionada directa o indirectamente con la Brigada de Análisis y Revisión de Casos (BARC). "Aunque ni mucho menos todos los agentes de la BARC se dedican a asuntos turbios", la unidad ha servido de parapeto a los funcionarios 'políticos', reconocen diversas fuentes de la seguridad del Estado.

La BARC es tan misteriosa que nada o casi nada ha trascendido de ella. La versión oficial del Ministerio es que esta brigada responde a su nombre y tiene como propósito exclusivo el de reabrir casos que están a punto de prescribir, como los casi 500 homicidios sin autor conocido en España. Interior mantiene que esta brigada no tiene la más mínima orientación política y que su único objetivo es el de los casos sin resolver de gran impacto social, como el de Marta del Castillo. Pero COLPISA ha logrado contactar con agentes que han trabajado en esta brigada y con otro grupo de funcionarios, cercanos a la actual cúpula del cuerpo,y que conocen su verdadero funcionamiento. Nació en la primavera de 2012, solo unos meses después de la llegada del PP al poder. Para comenzar a funcionar, se destinaron 70 agentes de los servicios de Información de la Policía, que hasta entonces se habían dedicado a la lucha contra ETA.

No hubo concurso público. Todos fueron nombramientos de libre designación con tentadoras mejoras salariales. Eso fue entonces, porque su actual plantilla es, como todo lo referido a la BARC, una incógnita, ya que desde el primer momento el Ministerio del Interior la hizo depender de la Unidad de Asuntos Internos (AAII). Ahí se presenta la primera incongruencia que revela su carácter irregular ya que la BARC pasó a estar bajo la tutela de AAII a pesar de que sobre el papel esta brigada nada iba a tener que ver con la investigación de policías corruptos, sino con la reapertura de casos a punto de prescribir y habría tenido que encajarse en el organigrama de la Policía Judicial. No fue así, explican responsables policiales, porque solo con la adscripción a Asuntos Internos se podía garantizar el blindaje, su composición, personal y estructura. El catálogo de puestos de trabajo de todas las brigadas de Asuntos Internos, como también ocurre con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), es secreto. El paraguas de AAII permitió soslayar los concursos de méritos y la publicidad de su plantilla. Ni un solo dato público sobre su presupuesto.

GRABACIONES

La BARC pasó a estar dirigida por el que entonces era uno de los hombres de más confianza de Pino, el jefe de Asuntos Internos, Marcelino Martín-Blas, hoy fuera de ese departamento. Martín-Blas es ahora el jefe de una de las facciones de las guerras de comisarios. Se ha convertido en el mayor enemigo de la cúpula más próxima al PP del cuerpo y sus enfrentamientos con el polémico comisario de Asuntos Especiales, José Manuel Villarejo, han dejado de ser un asunto de puertas adentro. La mayoría de los comisarios, inspectores jefes y altos cargos de Interior que han aparecido en las últimas semanas relacionados con esa guerra intestina en la Policía, aireada a raíz de las filtraciones de las conversaciones grabadas entre el ministro Jorge Fernández y el ya exjefe de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, se movieron en el entorno de la BARC.

Según coinciden las fuentes consultadas, de esa camarilla, hoy dividida y a punto de desaparecer porque muchos de sus componentes están jubilados o a punto de hacerlo, surgieron los ya conocidos informes apócrifos y turbios casos que saltaron a los medios de comunicación conocidos después como 'operación Cataluña'. Por ejemplo, el intento de involucrar a Artur Mas con cuentas en el extranjero; las presiones a la Fiscalía para que registrara la sede de Convèrgencia por el 'caso Palau'; las investigaciones extrajudiciales sobre la agencia de detectives Método 3; las escuchas ilegales en el caso del 'pequeño Nicolás'; las irregularidades en las pesquisas del 'caso Gao Ping'; el denominado informe P.I.S.A (Pablo Iglesias Sociedad Anónima) para intentar involucrar a Podemos en un caso de financiación irregular; las conspiraciones sobre el ático de Ignacio González; las investigaciones sobre la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell; la falsa cuenta en Suiza del exalcalde de Barcelona Xavier Trías. incluso el 'caso Faisán', el del chivatazo a ETA, donde agentes de Asuntos Internos reabrieron las investigaciones para intentar, sin éxito, involucrar a la anterior cúpula socialista del Ministerio del Interior.

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