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TERRORISMO

La Justicia considera víctima de terrorismo a los guardias civiles ilesos en atentados

La Audiencia Nacional da la razón a un agente que sufrió un ataque de ETA en Irún en 2000 y al que Interior negó una insignia de reconocimiento

La Guardia Civil ha detenido esta martes a un hombre que pretendía viajar a Siria para unirse a las filas del DAESH.

El detenido regentaba una tetería en el local con la persiana azul.

IVÁN BENÍTEZ
Actualizada 21/04/2016 a las 08:39
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  • COLPISA . MADRID
La noche del 21 de noviembre de 2000 ETA asesinó en Barcelona de dos disparos en la cabeza al exministro socialista Ernest Lluch, un profesor y político de 63 años muy comprometido con la lucha de las libertades. Su muerte causó una gran conmoción nacional por su reconocido activismo. Pero ese día la banda terrorista dejó su marca en otros dos atentados en País Vasco y Cataluña, en los que, por suerte, no hubo víctimas mortales. El ataque más madrugador tuvo lugar en la Comandancia de la Guardia Civil de Irún, en Guipúzcoa. Poco después un coche bomba estalló en un descampado de la localidad barcelonesa de Hospitalet de Llobregat, cerca de la vivienda del entonces presidente del PP catalán Alberto Fernández Díaz, hermano del actual ministro del Interior. El primer atentado se produjo pasadas las 9:00 de la mañana. Dos granadas impactaron en la casa cuartel de Irún, causando heridas a un agente. Pero la matanza pudo haber llegado si otro de los proyectiles, que cayó en el patio de un colegio colindante donde un grupo de unos 30 niños hacía gimnasia, hubiera explotado. Las granadas estaban en el interior de sendos tubos, colocados en la baca de un vehículo que estaba estacionado a unos doscientos metros del cuartel. Horas después, los artificieros lograron estallar una bomba trampa de cinco kilos colocada en el interior del coche. Aquel atentado fue vivido en primera persona por el guardia civil que ha ganado ahora al Ministerio del Interior en los tribunales; el agente al que la Audiencia Nacional acaba de reconocer su condición de víctima del terrorismo. Destinado en Irún, aquella mañana se encontraba con su hijo en la vivienda del cuartel donde impactaron las granadas. Por suerte, salió ileso y fue evacuado junto a su vástago. Aquel mal trago quedó en el recuerdo familiar durante más de una década. Hasta que se aprobó la Ley 29/2011, de Reconocimiento y Protección Integral a la Víctimas del Terrorismo. En su artículo 52 se estima que la Real Orden de Reconocimiento Civil configura la acción honorífica del Estado con el fin de honrar a los afectados. Esta acción se otorga, con el grado de Gran Cruz a título póstumo, a los fallecidos en actos de terrorismo; con el grado de Encomienda, a los heridos y secuestrados: y con el grado de Insignia, a los que tengan la condición de amenazados, a los ilesos en atentado. Informes contradictorios Con esta última condición, el guardia civil ileso en Irún presentó una solicitud en el Ministerio del Interior el 20 de junio de 2014 para la concesión de la insignia. Pero el 26 de enero de 2015 la Dirección General de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo se la denegó. Alegó que no había resultado acreditada su condición de ileso tras un informe de la Secretaria de Estado de Seguridad. Defendido por el abogado Antonio Suárez-Valdés, el guardia civil recurrió la resolución en los tribunales. En concreto, ante la Sala de lo Contencioso de la Audiencia Nacional, órgano competente para revisar las decisiones de la Administración Central. En una sentencia del pasado 2 de marzo, la sección quinta estimó el recurso del demandante al dar por bueno un certificado del comandante de puesto de Irún, quien aseguró que su compañero se encontraba en su casa desayunando con su hijo cuando impactaron las granadas. Un informe que a la postre ha resultado clave.

La concesión de esta condecoración no genera derecho a las ayudas o prestaciones previstas por ley, pero esta sentencia supondrá un "aluvión de reclamaciones" de decenas de guardia civiles que buscan un reconocimiento, según fuentes jurídicas.

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