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POLÍTICA

Rajoy, inasequible al desaliento

Los populares confían en que la dimisión de Soria y la suspensión de militancia del alcalde de Granada sirvan para "compensar" la erosionada imagen del partido

Mariano Rajoy, durante su intervención en el Congreso de los Diputados

Mariano Rajoy, durante su intervención en el Congreso de los Diputados.

efe
17/04/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
Mariano Rajoy quiere una segunda oportunidad. Es más, confía en que las urnas le proporcionarán esta vez la posibilidad que el 20 de diciembre se le negó: la de formar Gobierno. Pese a que técnicamente el calendario político establece que hasta el 2 de mayo hay margen para intentar fraguar un pacto, el PP actúa como si de facto el plazo hubiese concluido. La carrera que libra el presidente en funciones tiene ya la meta ubicada en el 26-J, las previsibles nuevas elecciones, y tal es su voluntad de volver a optar que no permitirá que el barro de la corrupción o los escándalos, sean de la naturaleza que sean, frustren su objetivo.

La caída de José Manuel Soria esta semana no es más que una pura cuestión de supervivencia para Rajoy. El extitular de Industria pertenecía hasta el jueves a ese círculo de amigos del presidente, el G-8 en la literatura popular y mediática, que ejerce de contrapeso político en el Gobierno al núcleo de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y que constituye un pilar indiscutible. Soria no era un miembro más del gabinete, sino que representaba, junto a ministros como Ana Pastor o José Manuel García-Margallo, el entorno del jefe del Ejecutivo.

Rajoy lo escogió, Rajoy lo nombró, Rajoy confió en él hasta el final y Rajoy lo llegó a convertir en uno de sus argumentos estrella para explicar al electorado y a su partido que no está bien apartar del PP a aquellos a quienes se les acusa injustamente de corrupción. El entonces ministro de Industria se había visto salpicado por casos como el Eolo y, especialmente, el Salmón, pero salió indemne de las acusaciones de cohecho. El archivo le sirvió al presidente para ejemplificar que hay que "actuar con templanza" y no "destrozar la vida de personas que no han hecho nada".

Siempre ha sido el principal valedor de Soria. De ahí que el «enredo» en el que el ministro cayó, según el PP, esta semana al tratar de desmarcarse de sociedades en paraísos fiscales, pusiera en cuestión la propia figura de Rajoy en plena fase preelectoral. No quedaba otra salida. Uno de los suyos se veía obligado a abandonar el círculo de confianza. «Nadie puede estar en el Gobierno si ha operado en paraísos fiscales», admitía sin tapujos el responsable de Hacienda, Cristóbal Montoro, sentado a la derecha de la vicepresidenta tras la reunión, este viernes, del Consejo de Ministros. Y la trayectoria política del titular de Industria, que admitió el «daño» causado al Ejecutivo, llegó a su fin.

RESISTENCIA PASIVA

Desde luego, si algo ha demostrado Mariano Rajoy en los más de doce años que lleva al frente del PP es capacidad de resistencia. No resiliencia, sino resistencia. Dio carpetazo al aznarismo, superó la crisis de liderazgo de 2008, y ni tan siquiera su mensaje de apoyo al extesorero del PP, Luis Bárcenas, le hizo retirarse. Algunos populares analizan que ese fue quizás «el principio del fin», pero el último tramo es lo suficientemente largo como para que el presidente siga teniendo en sus manos la potestad de decidir el momento de ceder el testigo.

Ni el caso Gürtel, ni la operación Púnica en Madrid, ni el supuesto blanqueo de capitales en el Ayuntamiento valenciano, ni los posibles escándalos de un ministro o un alcalde. Fuentes del partido sostienen que el día que Rajoy se vaya no será "agobiado" por la corrupción y que no será este factor el que le impida repetir como candidato. Pero los seis meses que distan entre las elecciones generales del 20 de diciembre y, de convocarse, las del 26 de junio, constituyen un tiempo demasiado prolongado en el que las sucesivas informaciones sobre irregularidades "atosigan", tal y como admiten en el Gobierno, al PP.

Rajoy está dispuesto a pasar por encima de todo ello. En su equipo han constatado que a día de hoy la corrupción no conlleva coste alguno para los populares en las encuestas preelectorales. Los datos que se manejan en la sede central de la calle Génova y los sondeos que se publican contemplan incluso una ligera subida en las expectativas de voto.

Con Rita Barberá el PP creyó enfrentarse el pasado mes de febrero a un problema de magnitudes políticas relevantes. El equipo de la exalcaldesa en el consistorio de Valencia estaba siendo investigado por supuesto blanqueo de capitales. Barberá se enrocó, dispuesta a remover cielo y tierra para mantener su escaño en el Senado. "Nosotros no podemos juzgar en 24 horas y, sobre todo, no podemos hacerlo sin pruebas", defendió Rajoy. El partido intentó entonces agotar su margen de maniobra y abrió un expediente general para investigar los hechos. Transcurridos los meses, y pese al temor a nuevos datos, fuentes de la formación aseguran que tampoco este asunto ha pasado factura en las encuestas.

Del mismo modo, los populares confían en que la semana negra recién concluida no cambie la tendencia. Aunque juega un papel de mero testigo en las negociaciones para formar Gobierno, el PP ha ocupado en los últimos días todas las portadas. Primero fue la presencia de Soria en los ‘papeles de Panamá’, luego la multa que tuvo que saldar el expresidente José María Aznar en 2014 por irregularidades con Hacienda, y, al tiempo, la investigación abierta al alcalde de Granada por su presunta participación en una trama de corrupción urbanística.

Fuentes del partido instan a valorar que el ministro de Industria ha acabado dimitiendo, que Hacienda exigió a Aznar que regularizara la situación y que el regidor granadino fue suspendido de militancia en cuestión de horas. "Nos pedían que reaccionáramos con rapidez y eso hemos hecho", subrayan en el PP, donde exhiben que por primera vez se están asumiendo "responsabilidades políticas". Es la manera que ha encontrado la formación para hacer frente a la publicación de constantes escándalos y allanar el camino de Rajoy. Pero una pregunta circula en las filas populares. ¿Podrá aun así el presidente volver a gobernar?

VOTOS SIN VETOS

En el partido esperan que en los próximos comicios la suma con Ciudadanos sea suficiente para cerrar un acuerdo de legislatura, pero Albert Rivera ya ha dejado claro que, en vista de los casos de corrupción que acechan al PP, no cree que Rajoy sea la persona que deba liderar la nueva etapa. Fuentes populares interpretan que "si el presidente gana por segunda vez las elecciones, e incluso con mejor resultado, no podrá haber vetos". Sin embargo, no todos lo tienen tan claro.

Algunos dirigentes entienden que la formación está "aguantando", en lugar de emprender la renovación que necesita para dejar de ser sacudida día sí día también por escándalos, recuperar la confianza de los votantes y aunar al centro-derecha. Esas voces explican que ya no se trata de cubrir las grietas sino de reformar el edificio, y ven en el discurso de los nuevos vicesecretarios aire fresco y un camino a seguir. La sensación de "fin de ciclo", advierten, se ha extendido por todos los ámbitos sociales, políticos y económicos. Más aún cuando el cerco de las polémicas se estrecha en torno a Rajoy. Y no les cabe ninguna duda de que el líder del PP es consciente de ello.

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