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POLÍTICA

Sánchez encaja el fracaso de su plan para gobernar y se asoma al abismo electoral

Los socialistas acusan a Podemos de boicotear el Ejecutivo "del cambio" y de anteponer sus siglas al interés de "millones de españoles".

​Sánchez e Iglesias, en la puerta del Congreso.

​Sánchez e Iglesias, en la puerta del Congreso.

EFE
Actualizada 09/04/2016 a las 08:25
  • COLPISA . MADRID
"Gracias por no haberlo intentado en absoluto, Pablo". La frase de Antonio Hernando, portavoz del PSOE, no pudo ser más contundente y tampoco más reveladora. Los socialistas se niegan a verbalizar aún lo que ya admiten en privado como una obviedad, que se acabó la partida, que Pedro Sánchez no será presidente del Gobierno con el apoyo de Ciudadanos y Podemos, y que el próximo 26 de junio habrá de nuevo elecciones generales. Ahora el juego de las culpas será más intenso que nunca y ellos tienen claro a quién señalar como responsable de que Mariano Rajoy tenga otra oportunidad: Podemos. No puede decirse, en honor a la verdad, que el fiasco de la negociación a tres fuera una sorpresa para nadie. Aunque matizaran entre bambalinas que la virulencia de los debates parlamentarios no debía tomarse como indicativo de nada, los líderes de los dos jóvenes partidos se habían encargado de evidenciar estos días su mutua aversión, pero el PSOE confiaba, al menos, en mantener viva la esperanza siquiera durante unos días más. Seguramente, como dice el refrán, si hubo realmente oportunidad de que tres partidos tan distintos pactaran un Ejecutivo, entre todos la mataron y ella sola se murió. Ciudadanos dejó claro ya en el encuentro del jueves que no aceptaría cambio sustanciales en el acuerdo sellado el pasado 24 de febrero entre Sánchez e Iglesias. Podemos, haciendo caso omiso a ese texto, se presentó a la cita con un documento alternativo de 20 propuestas ("cesiones", las llamó) en el que defendía, como única fórmula de Gobierno, una coalición de PSOE, su partido, En Comú Podem, En Marea, IU y Compromís. A pesar de lo incompatible de ambas posiciones, los socialistas confiaban en negociar para acabar incorporando al pacto con Ciudadanos, como solución a medio camino, algunas de las iniciativas de la formación de izquierdas; no todas, porque Hernando ya adelantó, por ejemplo, que no habría acuerdo sobre el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Las cosas no tardaron en torcerse. Rivera dejó claro hoy a primera hora de la mañana que entendía el papel de Podemos como excusa para dinamitar cualquier diálogo. "Estamos en manos de Rajoy", llegó a afirmar. Sin embargo, fue la comparecencia posterior de Pablo Iglesias en el Congreso al mediodía lo que terminó de romper la burbuja del PSOE.

"Ayer (por el jueves) no se habló del Gobierno pero sí se fijaron límites: los socialistas dijeron 'no' a un Gobierno proporcional y Ciudadanos se mostró contrario a la presencia de Podemos en el Ejecutivo. Nos encontramos con el inmovilismo", dijo el dirigente 'podemista'. Así jusificó su decisión de no seguir en el juego y soltó la bomba: entre el 14 y el 16 de abril consultará a las bases si querrían un Gobierno "de Rivera presidido por Sánchez" o si, por el contrario, comparten su opinión de que sólo cabe una unión de fuerzas de izquierda. Contenidos y políticas El anuncio pilló al secretario general del PSOE reunido en el Congreso con sus negociadores. Su objetivo era diseñar la posible respuesta al documento recibido el día antes de manos de Iglesias, pero no hizo falta. "Podemos no ha querido hablar de contenidos y de políticas nunca -reprochó Hernando-, era todo una artimaña; consulta a las bases sin importarle un pimiento lo que opináramos sobre sus propuestas". El portavoz socialista acusó así al líder de Podemos y a su equipo de no haber sido capaz de poner a la gente por encima de las siglas: "Han cerrado la puerta del cambio que tanto desean millones de españoles. Coincide con Mariano Rajoy, ambos han buscado elecciones desde el primer día", machacó.

Ahora el PSOE está en un callejón sin salida. Él mismo ha cegado las dos únicas vías que podrían sacarle del atolladero de unas nuevas elecciones. Ni está dispuesto a permitir un Gobierno de Mariano Rajoy o de cualquier otro dirigente del PP ni contempla el "Gobierno progresista" en el que se empeña Iglesias porque supondría hacer depender la gobernabilidad de los independentistas. Sólo le queda aferrarse a su pacto con Ciudadanos y esperar por si sonara la flauta. Y eso hará. "Vamos a seguir en lo mismo e imagino -admitió resignado el portavoz socialista- que ellos también...".

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