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Justicia Social

Su hijo murió en la frontera de México en 2010 y ahora pide justicia en EEUU

En total son 53 los inmigrantes muertos a manos de los agentes de la Patrulla Fronteriza entre 2010 y 2016

Imagen de un evento celebrado en el lugar del suceso.

Imagen de un evento celebrado en el lugar del suceso.

AFP
26/06/2017 a las 06:00
  • EFE. Washington

Cada poco, la madre de Sergio Adrián Hernández peregrina hasta el llamado "Puente Negro" que une México y Estados Unidos. Deja unas flores, reza y pide justicia para su hijo, muerto en el lado mexicano de la frontera por el disparo de un guardia estadounidense hace siete años.

"Cada rato voy ahí al puente para recordar a mi hijo. Al panteón voy cada ocho días. Mientras yo esté viva, siempre estaré ahí, cuidándole", dice a Efe María Guadalupe Güereca, de 60 años y residente en Ciudad Juárez (México), la localidad unida por un puente de color negro con El Paso (Estados Unidos).

Debajo de ese puente, murió el 7 de junio de 2010 Sergio Adrián Hernández, de 15 años, a quien disparó en la cabeza el agente fronterizo de Estados Unidos, Jesús Mesa.

El caso, bautizado "Hernández vs. Mesa", ha llegado hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos, que en los próximos días decidirá si la familia del joven mexicano tiene derecho a demandar por la vía civil a Mesa, que no ha sido juzgado por EE.UU. ni extraditado a México para enfrentarse allí a cargos criminales.

No está en cuestión si Mesa actuó de forma negligente, sino si la Constitución estadounidense tiene validez en esa "tierra de nadie" en la frontera entre México y EE.UU, donde no existe una línea que pueda delimitar exactamente la jurisdicción.

"Yo le pido a las autoridades de Estados Unidos que me hagan justicia, que me hagan justicia con lo de mi hijo, porque él no era ningún maleante, ni nada de lo que ellos dicen", afirmó su madre.

La mujer hacía referencia así a las dos versiones que existen sobre la muerte de Hernández: la historia de la familia, respaldada por el Gobierno de México, asegura que el joven solo estaba jugando en el momento de su muerte, mientras que EE.UU. considera que Hernández era un criminal.

Desde el primer día, la familia asegura que el joven -conocido por sus amigos como "Keko"- no suponía ninguna amenaza para los agentes estadounidenses, iba desarmado y solo estaba jugando con unos amigos en el lecho seco del Río Bravo, que separa a EE.UU. y México y sobre el que se alza el "Puente Negro".

Los chicos corrían hasta la valla metálica de Estados Unidos, la tocaban y volvían a toda velocidad hasta la parte mexicana.

Cuando Hernández volvía a la parte mexicana, el agente Mesa "sacó su arma, apuntó y le disparó en la cabeza, justo al lado del ojo", según narra la defensa en los documentos entregados al Supremo.

Lejos de esa versión, el Gobierno de EE.UU. retrata a Hernández como parte de un grupo de traficantes de personas que trataba de cruzar de manera ilegal la frontera y que rodeó y atacó con piedras al agente Mesa, que disparó supuestamente para defenderse.

Un vídeo grabado con un teléfono y difundido poco después del suceso desmintió esa versión: mostró que Mesa no estaba rodeado y disparó contra Hernández varias veces.

La madre recuerda cada detalle de ese 7 de junio de 2010. Dice que sintió un "golpe en el corazón" cuando estaba en el trabajo, sabía que algo le había ocurrido al menor de sus hijos.

Regresó a su casa, en un barrio del oeste de Ciudad Juárez, y junto a una de sus hijas corrió hacia el "Puente Negro" donde no le dejaron acercarse al cuerpo de su hijo. "Vino la forense y se lo llevaron. En ese momento, fue como si no existiera nada más dentro de mí", cuenta.

Después de la muerte, llegó la lucha. La mujer se unió a la Red de Víctimas de la Patrulla Fronteriza y el rostro de su hijo llenó pancartas en decenas de manifestaciones.

En total, son 53 los inmigrantes muertos a manos de los agentes de la Patrulla Fronteriza entre 2010 y 2016, según la Unión para las Libertades Civiles en América, el grupo defensor de los derechos civiles más importante de Estados Unidos.

La decisión de los próximos días del Tribunal Supremo podría tener un impacto no solo en el caso de Hernández, sino también en los procedimientos abiertos por muertes en la frontera.

"Al menos que se haga justicia, ya no me lo van a devolver", dice su madre. 


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