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ELECCIONES EEUU

Trump reta a "los mojigatos" del partido St. Louis

Donald Trump aseguró que no se retiraba de su carrera a la Casa Blanca antes de encomendarse al debate de la noche del domingo

10/10/2016 a las 06:00
  • COLPISA . WASHINGTON
Que nadie se haga ilusiones, Donald Trump no se retira. "¡Nunca dejaré colgados a mis seguidores!", juró a 'The Wall Street Journal' antes de encomendarse al debate de anoche. Las ratas saltaban del barco ante el posible hundimiento, o como Trump los llama, los "mojigatos de doble moral", porque el que "esté libre de culpa que tire la primera piedra", sermoneó su caudillo, Rudy Giuliani. "Los hombres hablan así", recordó el exalcalde que le anunció a su esposa el divorcio en conferencia de prensa. "No todos los hombres", precisó, "pero sí hablan así".

Para dejar claro que no son parte del paquete de machos aberrantes que miran a las mujeres como objetos sexuales y les meten mano a la primera oportunidad, numerosos políticos del Partido Republicano se llevaron públicamente las manos a la cabeza y emitieron declaraciones condenatorias en las que le mandaban al infierno.

Entre los que antes han tolerado todas sus vulgaridades, groserías, epítetos machistas y racistas, pero ahora dicen no poder con esto, está el senador John McCain. Los que más se rasgan las vestiduras son los que se juegan su asiento este noviembre en una competición reñida y ya han descubierto que los seguidores de Trump nunca votarán por un político al uso, así que no vale la pena seguir cortejándoles. Otra de su colegas, Kelly Ayotte, que la semana pasada en un debate respondió contundente que Trump era "absolutamente" un modelo para los jóvenes, también se desvinculó del lastre.

La vulgaridad de Trump y su falta de escrúpulos no eran ningún secreto, como recordó a sus colegas el gobernador de Ohio, John Kasich, coherente desde el principio. Kasich ni siquiera acudió a la convención del partido que se celebró en su Estado, aguantando estoicamente la lluvia de críticas que le cayó por eso y los azotes de Trump en Twitter. El sábado al fin se sintió reivindicado: "Hace mucho que tengo preocupaciones sobre Donald Trump que van más allá de su temperamento. Este es un hombre al que no puedo apoyar".

Lo de Trump eran solo palabras entre bastidores. El multimillonario ha dicho abiertamente ante las cámaras que no respeta a las mujeres y lo ha demostrado con un largo historial de acusaciones de acoso sexual y hasta violaciones, la mayoría saldadas por sus abogados y algunas que siguen en liza. Como esa en la que se le acusa de haber violado en cuatro fiestas a una niña que entonces tenía 13 años, junto al magnate Jeffrey Epstein, anfitrión de las mismas, que luego pasó más de un año en prisión por prostitución de menores. Una de las prostitutas que contrató firmó una declaración jurada en la que decía haber visto a Trump violar a la niña de 13 años que lo denunció.

Todo eso era público antes de que el viernes saliera a la luz el vídeo de 'Access Hollywood' en el que el multimillonario confiesa al presentador Billy Bush meterle mano a las mujeres bonitas "por el coño", tal y como denunció durante dos comidas en las que se sentó junto a él Jill Harth, esposa de uno de sus socios que produce 'calendarios de chicas'. Una de estas modelos en cuya cama se coló Trump, tras invitarla a su hotel de Palm Beach Mar-a-Lago, también se sumó a la demanda. "El elefante en la sala" Pero Trump no cuenta los contratiempos en la grabación que ha desatado "la mayor crisis política desde el Watergate en 1974", dijo consternado el presidente del Partido Republicano en California, Ron Nehring. Lo que hace es lo propio de los hombres machistas y vanidosos, fanfarronear de que les hace lo que quiere porque "cuando eres una estrella te dejan".

Eso que el portavoz del Congreso Paul Ryan calificó el sábado de "el elefante en la sala" abrió anoche el segundo debate presidencial, que gracias a los escándalos de Trump disparó de nuevo las cifras de audiencia. El anterior contó con 84,5 millones de telespectadores, sin medir los millones que lo vieron por internet.

La primera palabra la tenía la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, gracias a una moneda que la Comisión de Debates tiró al aire con ambas campañas presentes. La ex primera dama llegó a St. Louis con la artillería cargada y la armadura puesta para aguantar lo que le echaran. Al contraataque, Trump se había escudado en que el esposo de su rival le había contado "cosas mucho peores" durante sus partidas de golf que las causantes del escándalo del sábado.
A esos niveles de vulgaridad está la campaña electoral en EE UU gracias al zafio multimillonario que el partido conservador ha elegido como candidato presidencial. Muchos se arrepienten ahora y buscan, a la desesperada, una fórmula legal inexistente para sacarle de la papeleta y dejar el barco en manos de su candidato a vicepresidente, Mike Pence. El gobernador de Indiana, que desata suspiros entre los republicanos, no ha entrado al juego porque conoce bien la lealtad de los seguidores de Trump, que aún puede llevarle hasta la Casa Blanca.

Según una encuesta de la web Político realizada al vapor el sábado entre 1.500 electores republicanos, el 45% no piensa que Trump deba retirarse y el 74% cree que el partido debe seguir apoyándole. Sólo cuatro de cada diez cree que debería poner punto final a su campaña presidencial. Y lo que es peor, el 8% de todos los votantes dice tener una opinión más favorable del candidato después de ver el polémico vídeo.

A los pesos pesados que ya le apoyaban les ha bastado su disculpa y el hecho de que todo eso ocurriese hace más de una década para exonerarlo de todos sus pecados. "No debió decirlo, pero no es nada que no pueda superar".

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