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RELIGIÓN

Teresa de Calcuta, la monja que se convirtió en "santa de las cloacas"

"Ella era una madre. Estuvo siempre cerca de los pobres", asegura la madre superiora de las Misioneras de la Caridad

Teresa de Calcuta, la monja que se convirtió en

Teresa de Calcuta, la monja que se convirtió en "santa de las cloacas"

Dos misioneras de la caridad junto a un cartel con motivo de la beatificación de la madre Teresa de Calcuta.

AFP
Actualizada 03/09/2016 a las 13:00
  • E.PRESS. ROMA (ITALIA)
Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida como Madre Teresa de Calcuta, nació en la actual Macedonia en 1910 y falleció en la India después de una vida de sacrificio en favor de los más necesitados en septiembre de 1997. Era una "verdadera madre" cuya bondad y compasión por los más pobres la convirtieron en "la santa de las cloacas".

Así lo aseguró en una entrevista la madre superiora general de las Misioneras de la Caridad, la hermana Mary Prema. "Ella era una madre. Estuvo siempre cerca de los pobres por los que sentía un amor profundo. Todo el mundo le pedía consejos y bendiciones. Su bondad la convirtió en la santa de las cloacas", ha asegurado.

La repentina muerte de su padre, cuando tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Su madre Drane la crió junto a sus hermanos mayores con firmeza y amor, influyendo en el carácter y la vocación de su hija. De pequeña estatura pero firme como una roca en su fe, Agnes decidió cuando tenía 18 años hacerse misionera.

Dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary.

El 24 de mayo de 1937 se convirtió, como ella misma dijo, en "esposa de Jesús para toda la eternidad". Desde ese momento, empezaron a llamarla Madre Teresa. Continuó a enseñar en la escuela de St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. "Calcuta fue un gran impacto. Estuvo en contacto con la extrema pobreza y Dios le pidió que se pusiera al servicio de los más pobres de los pobres", explica la hermana Prema.

El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, recibió la inspiración para fundar la congregación religiosa Misioneras de la Caridad, que estaría dedicada al servicio de los más pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que recibiese el permiso del Vaticano para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas del convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres.

Un año después visitó por primera vez los barrios más marginales, comenzó a asistir a las familias más desfavorecidas, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba tendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis.

"Cuando nos ocupamos del enfermo y del necesitado, estamos tocando el cuerpo sufriente de Cristo y este contacto se torna heroico; nos olvidamos de la repugnancia y de las tendencias naturales que hay en todos nosotros", defendía.

Según la hermana Prema el mejor adjetivo para definir a la Madre Teresa es "bondadosa". "Su personalidad puede inspirar a mucha gente. Su capacidad de compasión ante el sufrimiento ajeno es un ejemplo para todos", detalla. El padre Brian Kolodiejchuk, postulador de la causa de canonización de Madre Teresa, que la conoció de cerca, añade que fue una "canalizadora de la misericordia".

LLEGÓ A LOS PAÍSES COMUNISTAS

El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, la animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela.

Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.

Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en esta monja y en la obra que había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor.

"Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana. Pero existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él. Ella misma llamó oscuridad a su experiencia interior", explica Prema.

4.000 MISIONERAS DE LA CARIDAD

Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, la Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo.

En marzo de 1997, bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus hermanas hasta que falleció el 5 de septiembre.

El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración. Su muerte conmovió al mundo y varios jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos, la Reina Sofía, se trasladaron hasta Calcuta (India) para asistir a su funeral, después de cinco días de velatorio público en los que millones de personas desfilaron frente a su cuerpo embalsamado.

En 1998, un año después de su muerte, ocurrió el primer milagro. Mónica Bersa, una mujer india de 34 años, sufría un tumor en el abdomen que se curó después de que uno de los médicos le colocara en el pecho una medalla que había pertenecido a la monja.

Su carisma y su completa entrega hacia los más pobres hicieron que el proceso de beatificación comenzara en 1999, tan sólo dos años después de su muerte y sin respetar los cincos años que estipula el Código de Derecho Canónico. El 20 de diciembre del 2002 Juan Pablo II aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa. El Papa polaco ofició la ceremonia de beatificación (primer paso para la canonización) en Roma en 2003 a la que asistieron cientos de miles de personas.

El pasado 18 de diciembre de 2015, el Papa Francisco aprobó el decreto para la canonización de la Madre Teresa. El milagro aprobado y necesario para que la beata Madre Teresa subiera a los altares es la curación científicamente inexplicable de un hombre brasileño en 2008. El hombre tenía un tumor maligno en el cerebro y se encontraba en estado terminal.

"Tuve una convulsión muy fuerte, perdí la conciencia y me llevaron a un hospital donde me ingresaron de gravedad. Tras estar poco tiempo en el quirófano, me desperté. Los médicos constataron la reducción del 70 por ciento de los abscesos cerebrales", ha relatado el brasileño Marcilio Haddad Andrino que se ha mostrado "muy agradecido" a la religiosa por su curación.

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