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innovación

Israel: lecciones de un país que dedica más del 4% de su economía a I+D

Pese a que solo tiene ocho millones de habitantes, sus investigadores han logrado seis premios Nobel científicos en los últimos doce años

14/08/2016 a las 06:00
  • colpisa. tel aviv
Cuando cumplen 18 años, los jóvenes israelís tienen que pasar entre dos y tres años de servicio militar obligatorio. A unos cuantos los recluta la Unidad 8200, un cuerpo de élite dedicado a la 'inteligencia electrónica'. Son los expertos en interceptar, identificar y descifrar telecomunicaciones, a medio camino entre 'hackers' y espías. Lo que hacen en el ejército es información clasificada, pero lo que hacen al graduarse es un secreto a voces: ninguna organización del mundo, tal vez ni la Universidad de Stanford -en pleno Silicon Valley-, es tan eficaz creando emprendedores tecnológicos de éxito.

Cuando hace tres años las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) anunciaron que iban a trasladar la Unidad 8200 a Beer Sheva, una ciudad mediana al sur del país, la urbe se convirtió en poco tiempo en un epicentro mundial de la ciberseguridad. Y eso que el traslado no acabará hasta 2020. Muchas grandes empresas tecnológicas han abierto departamentos de I+D en la zona para captar talento fresco y varios fondos de capital riesgo incuban allí las 'start-ups' del sector en las que han invertido.

Cientos de 'ex8200' han creado empresas de alta tecnología valoradas en muchos millones de euros. Pero no son los únicos, ni una consecuencia extraordinaria del trabajo en una unidad de élite; si acaso, son el ejemplo de lo en serio que se toma Israel la ciencia y la innovación. Crear conocimiento y transformarlo en productos y servicios útiles es política de Estado. Hasta su servicio militar lo fomenta, pero el resto de ámbitos también. Por eso se han ganado el sobrenombre de "Nación start-up".

"Determinación" Israel, con ocho millones de habitantes, dedica más del 4% de su PIB a I+D civil -el 75% privado-, ha ganado seis premios Nobel científicos en los últimos 12 años y tiene más emprendedores y fondos de capital riesgo por cada mil personas que ningún otro lugar. Cada universidad del país obtiene millones de euros al año gracias a sus patentes. Por comparar, en España la investigación y las nuevas tecnologías suponen alrededor del 1,25% del total de la economía -la mitad en el sector privado- y apenas se han creado un puñado de 'start-ups' de éxito global. En 2014, entre todos los campus españoles apenas obtuvieron tres millones de euros por su propiedad intelectual. ¿Por qué tantas diferencias? Si preguntas a un israelí por el motivo de este éxito innovador, la mayoría lo atribuirá a que son una sociedad con "hutspa", una palabra hebrea que significa algo parecido a arrojo. "Determinación que roza la inconsciencia", explica Guy Zuckerman, de Taboola, una empresa tecnológica fundada en 2007 y que ingresa unos 300 millones de euros al año. En realidad, las causas son muchas.

En Israel tienen un 'Jefe Científico'. Un departamento gubernamental que impulsa la creación de empresas tecnológicas -algo así como la secretaría de Estado de I+D+i en España-. De él depende Matimop, una agencia equivalente al Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) español, encargada de financiar proyectos innovadores junto a la industria. Su experiencia, recalca Michel Hivert, director ejecutivo de la agencia, es que cuando el sector privado lidera, tanto la investigación académica como el éxito empresarial mejoran. A menudo, si un fondo quiere invertir en una 'start-up' joven, ellos aportan una cantidad igual, a fondo perdido, para fomentar que prospere. "Compartimos el riesgo pero dejamos al mercado hablar", dice. Desde la oficina del Jefe Científico destinan más de 400 millones de euros al año a financiar proyectos de alta tecnología y alto riesgo. "Solo se devuelve el dinero si se obtienen beneficios", explica Hivert.

Quién merece el dinero lo decide una comisión de 200 asesores no políticos. "Nos encanta el riesgo; damos más a los proyectos más arriesgados", sentencia. También colaboran con las universidades y los centros de investigación del país.

En realidad, con sus oficinas de transferencia tecnológica Yissum es la empresa propiedad de la Universidad Hebrea de Jerusalén que se dedica a comercializar las tecnologías que crean sus investigadores. "Empresa con ánimo de lucro", recalca Dana Gavish-Fridman, vicepresidenta de marketing -la universidad es pública-. Tienen casi treinta empleados y en 50 años han registrado más de 9.000 patentes. Bajo su amparo han crecido 'start-ups' como MobilEye, que desarrolla el sistema de pilotaje automático de los coches electrícos Tesla. Al año, asegura Gavish-Fridman, Yissum aporta entre 12 y 18 millones de euros adicionales al presupuesto de la universidad. Y sus científicos también ven los réditos si su investigación acaba convertida en una patente y esta genera beneficios. "El 40% de lo que se ingrese en royalties va a los investigadores responsables del hallazgo y un 20% adicional a su laboratorio", explica. "Muchos se han hecho millonarios".

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