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TURQUÍA

Erdogan lanza una purga masiva en el Ejército

El presidente turco anuncia la aplicación del "máximo castigo" a quienes querían derrocarle

Turcos ondean banderas junto a una estatua del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Ataturk, en Estambul.

Turcos ondean banderas junto a una estatua del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Ataturk, en Estambul.

Turcos ondean banderas junto a una estatua del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Ataturk, en Estambul.

AFP
Actualizada 17/07/2016 a las 11:00
  • COLPISA. TURQUÍA
Turquía cerró en cuestión de horas "un capítulo" del intento de golpe militar, según el jefe interino del Estado Mayor de Turquía, Ümit Dünar, y dio inicio a la segunda fase, la aplicación del "máximo castigo" anunciado por el presidente Recep Tayyip Erdogan contra los responsables de la asonada que buscaba derrocarle. El dirigente islamista se enfrentó a su prueba más dura y sale reforzado tras unos momentos de gran incertidumbre. Al menos 265 personas perdieron la vida y 1.440 resultaron heridas tras una noche sangrienta en la que a los más veteranos les vinieron a la cabeza los recuerdos de los golpes de 1960, 1971, 1980 y 1997, este último, dirigido contra el mentor de Erdogan, el islamista Necmettin Erbakan. Mientras las calles retomaban el pulso poco a poco, con mucho menos tráfico del habitual, los tanques aún en los accesos al aeropuerto y jóvenes y más jóvenes blandiendo banderas nacionales al grito de victoria, las fuerzas de seguridad detuvieron a 2.800 militares y 2.700 jueces acusados de tomar parte en el golpe. Está en marcha "un proceso de limpieza" a nivel nacional con el fin de erradicar las "estructuras paralelas" en las Fuerzas Armadas, término que emplea Erdogan para referirse a los simpatizantes del clérigo residente en Estados Unidos Fetulá Gulén, a quien acusa de estar detrás de la asonada aunque este imán condenó la sublevación de forma inmediata y dijo que no tenía nada que ver. Gulén lidera un movimiento que podría equipararse a una especie de Opus Dei en versión islámica y durante años fue aliado de Erdogan, a quien ayudó a consolidarse en el poder hasta que surgieron las diferencias. Esta oportunidad para "limpiar" las Fuerzas Armadas llevó al presidente a calificar de "regalo de Dios" el golpe militar y el día 15 pasará a ser a partir de ahora un día de fiesta nacional, "el día festivo de la democracia". Las cabezas más importantes en caer han sido hasta el momento el excomandante del Estado Mayor de la Fuerza Aérea Akin Ozturk, considerado como uno de los jefes del golpe, y el 'número dos' del Ejército de Tierra, general Adem Huduti, informó el diario 'Daily Sabah'.

El analista político Marwan Bishara declaró que "ya está en marcha el proceso de limpieza de los elementos que han podido respaldar el golpe dentro de las fuerzas armadas" y advirtió que "llevará días y serán necesarios tribunales para conocer realmente quién está detrás del levantamiento", según recogió la cadena Al-Yasira.

VIEJAS SENSACIONES

Las sensaciones no eran nuevas para los más veteranos, pero sí para las nuevas generaciones que han crecido soñando con la entrada de su país, miembro de la OTAN, en la Unión Europea. Pasadas las nueve de la noche, vehículos militares de transporte de tropas cerraron los puentes del Bósforo y de Fatih Sultan, rodearon edificios gubernamentales en Ankara, y los tanques llegaron hasta el aeropuerto internacional de Atatürk, en Estambul, que hace tan solo dos semanas fue el objetivo de un ataque yihadista que dejó 50 muertos, y los cazas comenzaron a sobrevolar las ciudades a baja altura. En las imágenes difundidas a través de las televisiones y redes sociales no se percibía un número muy importante de uniformados, pero disponían de armas ligeras, tanques y al menos un helicóptero, que sería derribado a lo largo de la noche por un caza tras abrir fuego contra manifestantes. La sorpresa inicial se convirtió en pavor cuando los militares irrumpieron en la cadena nacional de televisión TRT, y obligaron a la presentadora a leer un comunicado en el que declararon la ley marcial y el toque de queda y anunciaron la formación de una junta militar interina, bautizada como 'Consejo de Paz', que sería la garante de una "nueva Constitución". Los militares llamaron "traidor", al líder islamista.

El primer ministro, Binali Yildirim, confirmó la sublevación de una parte del Ejército, pero todo el mundo esperaba escuchar la voz de Erdogan, y su alocución llegó apenas 25 minutos después del mensaje televisado de los militares. A través de la aplicación Facetime y desde su lugar de vacaciones en Bodrum, localidad costera en el suroeste del país, el dirigente llamó a la cadena CNN Turk y la presentadora, móvil en mano, puso al presidente en directo con toda la nación. Erdogan acusó a la "estructura paralela" de Gulén de lo que ocurría y llamó a sus seguidores a desafiar el toque de queda y echarse a las calles. El pulso estaba echado. El hombre que gobierna el país a base de mayorías absolutas apeló a sus fieles, a los votantes del AKP (Partido de la Justicia y Desarrollo), y estos respondieron de forma masiva a una llamada que repitieron también las mezquitas. Los golpistas mantenían a duras penas las posiciones y tuvieron que abrir fuego en ocasiones para contener a unos ciudadanos que, con banderas nacionales, salieron a las calles. Los momentos de mayor tensión se vivieron en Estambul y Ankara, donde los tanques rodearon el Parlamento, en el que se atrincheró un grupo de diputados, y abrieron fuego causando daños en el edificio. Al poco rato de su aparición vía Facetime llegaron los primeros mensajes de apoyo por parte de la comunidad internacional. El presidente estadounidense, Barack Obama, fue el primero en mostrar su respaldo al "Gobierno elegido de forma democrática" y tras él llegaron los mensajes de la Unión Europea y de los partidos de la oposición turca, lo que dejaba a los golpistas sin ningún tipo de respaldo político en el país.

ERDOGAN, HÉROE

Huérfana de apoyo ciudadano, sin respaldo político y sin el visto bueno de la comandancia, el remate para la asonada llegó a las tres de la mañana cuando Erdogan aterrizó en Atatürk y se dio un baño de multitudes. Aclamado como un héroe, el líder islamista explicó en un rápido mensaje que lo sucedido es "un acto de traición" de "unos pocos" que en lugar de "ser leales a su país" han optado por recibir "órdenes de Pensilvania", en referencia directa una vez más al clérigo Gulén, que vive allí en un exilio autoimpuesto desde el golpe que derrocó a Erbakan en 1997. Con Erdogan en Estambul las armas fueron callando poco a poco. Los soldados bajaron sus fusiles y se entregaron a la Policía, estamento fiel al Gobierno tras numerosos cambios internos en los últimos años, los puentes se reabrieron y las autoridades, como hicieron tras el atentado en Atatürk, trataron de devolver la normalidad cuanto antes a las calles. Las últimas escaramuzas se libraron en Ankara, pero a primera hora del día el jefe interino del Estado Mayor, Ümit Dünar, anunció que el "fracaso" de golpe y adelantó que "la nación no debe preocuparse: Turquía ha terminado con la época de los golpes". Poco después se produciría la liberación de Hulusi Akar, jefe del Estado Mayor tomado como rehén por los golpistas desde los primeros momentos del levantamiento. Por la tarde, el Parlamento se reunió en sesión extraordinaria y tras guardar un minuto de silencio por los caídos se adoptó una declaración conjunta de los cuatro partidos de la cámara de condena "con dureza" el intento de derrocar al Gobierno.

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