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REINO UNIDO

Triunfo y miseria de la política del gueto en Irlanda del Norte

Cada vecino pasa gran parte de su vida en su comunidad, separado del gueto de los vecinos contrarios por 'muros de la paz'

Triunfo y miseria de la política del gueto en Irlanda del Norte

El príncipe Carlos de Inglaterra (i) da un histórico apretón de manos a Gerry Adams (d), presidente del partido Sinn Féin, en septiembre de 2015.

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Actualizada 01/05/2016 a las 19:21
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  • COLPISA. BELFAST
El último asesinato en Irlanda del Norte con una motivación vagamente política ocurrió hace diez días en Ardoyne. Dos encapuchados mataron a Michael McGibbon, de 33 años, taxista, padre de cuatro hijos, en un callejón de un barrio norte de Belfast en el que viven unos siete mil católicos, que eligen como diputado a Gerry Kelly, exconvicto del IRA, responsable de Justicia y Seguridad en el partido Sinn Féin y miembro del consejo supervisor de la Policía regional.

El crimen se achaca al IRA Auténtico, un grupo de 'republicanos disidentes' cuyas diferentes ramas y actitudes hacia la violencia tienen el apoyo de entre el 10% y el 15% de los habitantes de Ardoyne. Kelly pidió a quienes tengan información sobre los autores, en un barrio en el que todos se conocen, que la ofrezcan a la Policía. El nuevo IRA habría castigado con la muerte a un supuesto traficante de drogas, como hacía el viejo IRA de Kelly.

Es un barrio de casas adosadas que descienden en hileras paralelas a una transversal. Eskdale Gardens fue galardonada en 1989 por el ayuntamiento como 'la calle mejor mantenida de Belfast'. Sus cuidados jardines frontales adornan el camino a la travesera, Etna Drive. A cincuenta metros del cruce entre las dos calles hay un muro de cinco metros de altura que separa el enclave católico de otro protestante.

En Etna Drive está la Asociación Ardoyne, que ha de proteger con paneles de red metálica su modesta sede, donde ofrece asesoramiento a vecinos católicos y protestantes sobre trámites con la Seguridad Social, sobre deudas o problemas familiares. Su directora, Elaine Burns, describe un 'disidentismo' de rostro enojado pero no violento y otro de jóvenes que pasan el día en esquinas sin nada que hacer y encuentran una causa en la violencia sin sentido.

Hemos tenido ahora este terrible crimen, pero lo que ha cambiado desde el Acuerdo de Viernes Santo es que no hay disparos, bombas y bolsas con muertos. Es lo único que ha cambiado. No hay inversión. La gente vive en la pobreza y la relación entre las comunidades está peor que nunca.

Hace 14 años este vecindario apareció en informativos de todo el mundo por las protestas de vecinos protestantes y probritánicos contra el paso de niñas y padres de esta zona por su barrio, Glenbryn -que está al otro lado del muro en el final de Etna Drive-, de camino a la escuela católica de enseñanza primaria, Holy Cross. Burns cree que aquella disputa y la falta de acuerdo en el Ejecutivo regional sobre las cuestiones del 'legado del conflicto' paralizan a la sociedad.

Cada vecino pasa gran parte de su vida en su comunidad, en su enclave, separado del gueto de los vecinos que profesan otra versión del cristianismo por 'muros de la paz'. El único que ha caído en esta zona es el que había junto a la Iglesia de la Holy Cross. "Fue sencillo derribarlo, porque no había ya nada que atacar al otro lado", dice Burns, con el humor negro característico de Belfast.

Se derribó porque junto a la Iglesia católica se ha creado una residencia para ancianos, construida y mantenida por empleados de las dos comunidades. "Nos rompieron un solo cristal", cuenta Burns, "cuando en cualquier obra que comienza en Belfast hay rotura de cristales y robos". Las familias de esta sociedad dividida comparten ahora cuidados, tristezas y el luto de las últimas horas.

Comparten también nacimientos en los hospitales, asistencia a colegios católicos o protestantes de secundaria que dan asignaturas que el suyo no tiene, la vida laboral en los lugares en los que trabajan, la biblioteca pública, el tratamiento médico. Más jóvenes católicos de Ardoyne van a la universidad y tienen la oportunidad de abrir sus ojos a un mundo más variado. Comparten también su dependencia económica de la Seguridad Social.

PERFECCIONAR EL SECTARISMO 

Caminando desde Ardoyne se puede descender hasta el centro de Belfast por Shankill, bastión lealista probritánico. El gusto por los murales también es compartido. En el distrito católico rememoran el Levantamiento de Pascua de 1916 en Dublín. En el protestante, la batalla del Somme, también de 1916, en la Primera Guerra Mundial. En Ardoyne, la sede de la asociación de exprisioneros es imponente. La de Shankill se llama Centro de Interpretación de Exprisioneros.

Para confirmar que nadie se parece más a un nacionalista de Irlanda del Norte en el planeta Tierra que un unionista de Irlanda del Norte, estos enclaves acumulan los estragos de una guerra terrorista siniestra, una larga desolación económica y cuando votan lo hacen por los dos partidos más sectarios, el Democrático Unionista (DUP) y el Sinn Féin, que han de compartir el Ejecutivo autonómico en el sistema creado en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998.

Arlene Foster repetirá como ministra principal si los sondeos no se equivocan, y si es efectiva de nuevo la estrategia electoral de su partido el DUP, que alienta el temor a que la división del voto unionista permita que Martin McGuinness, el líder del Sinn Féin en el Ejecutivo norirlandés y exmiembro del IRA, se convierta en ministro principal. Y Foster tiene el pedigrí adecuado para que otros unionistas la voten.

Es mujer, abogada, su padre, reservista de la Policía, sobrevivió a un intento de asesinato del IRA y ella a una bomba colocada por el grupo terrorista en un autobús escolar conducido por un reservista del Ejército. Fue miembro del Partido Unionista del Ulster (UUP) hasta que el Premio Nobel David Trimble firmó el acuerdo de paz de 1998. Tras boicotear a Trimble dentro del UUP, se unió al DUP del reverendo Ian Paisley, incitador contumaz del sectarismo religioso.

Pero esta rama del unionismo se integró también en el sistema cuando el DUP y el Sinn Féin ganaron las autonómicas de 2003. La victoria de Paisley forzó al IRA a desarmarse para preservar sus ganancias políticas. Y en 2006 los dos partidos firmaron el Acuerdo de St. Andrews, que les ha permitido desde entonces compartir el Ejecutivo. Los seguidores de Paisley obtuvieron en la ciudad escocesa un cambio esencial para perpetuar su autoestima.

El ministro y viceministro principales, con iguales poderes, se presentaban juntos y eran elegidos por mayorías en los dos bloques de diputados que se designan como unionistas y nacionalistas. Así gobernaron Trimble y Seamus Mallon, del Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP). Desde St. Andrews, el ministro principal es nombrado por el partido más votado y el viceministro por el más votado de su bloque. El DUP ya no tenía que aparecer en una candidatura parlamentaria junto al partido del IRA y podía alimentar rencores ancestrales y recientes.

PUERTA A PUERTA 

Son las seis de la tarde y un grupo de jóvenes miembros del SDLP se reúnen en un aparcamiento de un barrio agradable del sur de Belfast para hacer campaña puerta a puerta con su candidata, Claire Hanna, abogada, hija de dos veteranos del partido de John Hume, casada con un concejal que la sustituyó en el Ayuntamiento. ¿Cómo es posible que este partido de inspiradores del proceso de paz haya sido arrollado por el Sinn Féin?

Tres razones, explica Hannah. La primera es que el Gobierno de Tony Blair favoreció a los extremos al menos desde 2003 a 2006. "Y puedes entender por qué", dice. "El DUP pasaron desde 1998 a 2003 intentando derribar las estructuras desde fuera: el Sinn Féin incumpliendo con el desarme y el DUP negándose a compartir el Ejecutivo."

La segunda razón es que "en el SDLP quedamos complacientes y cansados. Había sido un camino muy difícil en los años duros, con gente amenazada. Y nos saltamos una generación. Cuando John Hume se retiró, no habíamos planeado cómo le sustituiríamos." Y, añade Hanna, el Sinn Féin es bueno organizándose y pudo crear, a menudo con fondos públicos, una estructura profesionalizada con asociaciones comunitarias que controlan y que es útil para campañas.

La tercera razón sería que "los extremos hablan ahora el lenguaje de la moderación, de reconciliación y de celebrar la diversidad, aunque los actos traicionen sus palabras. Quizás a la gente le resulta difícil ver las diferencias porque todos hablamos de lo mismo". Pero el Ejecutivo del DUP y Sinn Féin no logra desde hace años acordar un programa de acciones paliativas del 'legado del conflicto'. Claire Hanna cree que una reforma reciente, arrancada por una alianza de los pequeños partidos liderada por un unionista independiente, puede cambiar las cosas.

La ley promovida por John McCallister crea una oposición oficial en la Asamblea. ¿Tentará a unionistas moderados y al SDLP a no formar parte del perpetuo Gobierno de concentración construido sobre designaciones sectarias y en el que, como dice Hanna, es difícil diferenciarse? David McCann, profesor de Política de la Universidad de Ulster, es más escéptico. La ley de McCallister no garantiza la financiación de la oposición.

La extinción del crimen en serie, la victoria de los extremos, la promesa de un acuerdo que sanará los males del legado, la pobreza, el alimento oportunista de miedos y rencores,... "La gran historia política es la abstención", sentencia McCann. En 1998, año de la recuperación de la autonomía, votó el 69,88 % de los electores. En 2003, el 63,52%. En 2011, el 62,3%. En 2011, el 54,5%. Los nacidos en 1998 podrían votar este jueves. ¿Se unirán a las filas de su tribu, a las del desencanto o a las de la reforma?

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