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TERRORISMO YIHADISTA

​El lavado de cerebro del Estado Islámico empieza en las aulas

El califato dispone de un verdadero arsenalde folletos y libros para difundir su ideología entre niños y adultos de los lugares que conquista

Civiles en la ciudad histórica de Palmira, en el centro de Siria.

Civiles en la ciudad histórica de Palmira, en el centro de Siria.

EFE
Actualizada 24/04/2016 a las 10:57
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  • MIKEL AYESTARÁN, ENVIADO ESPECIAL, COLPISA. PALMIRA (SIRIA)
"El martirio por Alá es el momento deseado por todo musulmán. Los fieles siempre lo han añorado porque permite verse cara a cara con Alá. Ver que te quiere. Sonríe solo para ti", así comienza 'La felicidad de obtener el martirio', uno de los textos clave que el Estado Islámico (EI) difunde conforme gana terreno el califato y al que este medio ha tenido acceso tras encontrar varias copias en Palmira, ciudad del centro de Siria ocupada por el EI durante diez meses hasta su liberación por el Ejército el 27 de marzo. La estrategia militar de los yihadistas basa gran parte de su éxito en las operaciones suicidas y para ello necesita convencer al mayor número de seguidores posible del califa de las virtudes de colocarse un cinturón y saltar por los aires o inmolarse al volante de un vehículo cargado de explosivos contra una posición enemiga. El EI define al mártir como aquel que "muere por alzar la palabra de Alá, por instaurar la ley de Alá, no el que muere por una nación o región" y asegura que "Alá le perdonará sus pecados, le garantizará un asiento en el paraíso, le bendecirá con la fe, se podrá casar con 72 vírgenes y podrá pedir el perdón para 70 de sus familiares el día del juicio final". El texto, salpicado de citas del Corán y hadices (dichos y las acciones del Profeta Mahoma relatadas por sus compañeros), insiste en que "el auténtico fiel no sufre al morir, es solo como un pellizco, no se siente nada" y alienta a los combatientes a tomar esta decisión que es "el camino más corto para llegar al paraíso".

"La felicidad de obtener el martirio" es parte del material de propaganda que el EI difunde sin descanso entre la población que reside en el califato. Entre las ruinas de la comisaría de la Policía Islámica de Palmira, también pudimos encontrar manuales para explicar la vestimenta correcta, la obligatoriedad de dejarse barba, instrucciones para intentar captar a musulmanes de Europa para la yihad. todos los documentos en clave didáctica, con los castigos que se deben aplicar en caso de infracciones claramente especificados, con el sello de la 'Biblioteca Al-Hima', la encargada de su divulgación, y la bandera negra del grupo. "No pierden el tiempo, tienen todo el material que emplean en lugares como Raqqa y Mosul y si avanzan militarmente, lo llevan con ellos para acelerar el adoctrinamiento, piensan que son un Estado de verdad", confiesa el coronel Samir Ibrahim, oficial del Ejército sirio que participó en la batalla por Palmira y que guarda este tipo de material en su oficina, un lugar ocupado previamente por los yihadistas como demuestran las pintadas que ensalzan a Alá en las paredes.

Aprender a contar con balas El adoctrinamiento empieza desde las aulas. En los libros de texto consultados por este enviado especial, fotocopias en color encuadernadas con espiral, los primeros capítulos se dedican siempre al islam y poco a poco van entrando en materia. En Matemáticas los niños aprenden a contar con dibujos de balas de kalashnikov y este arma es también el recurso gráfico que emplean para llenar cualquier página en la que quede un espacio en blanco. Sea cual sea la asignatura, los libros se abren con una primera página de introducción en la que explican que el califato es "un oasis fresco en medio de una región invadida por diablos" y que tiene por delante "un enorme trabajo para alejar ideologías como el socialismo o el capitalismo". Expertos en yihadismo como Luis de la Corte, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid especializado en temas de seguridad, defensa e inteligencia, destacan la importancia del análisis de este tipo de documentos a los que ha tenido acceso este medio ya que "puede ayudar a desarrollar estrategias de contranarrativa para prevenir la radicalización". El EI atacó Palmira por sorpresa el 20 de mayo de 2014 y en su avance no solo conquistó la conocida como 'Perla del desierto', sino que llegó hasta Qaratein, estableciendo la frontera del califato a apenas 100 kilómetros de Damasco. Una operación relámpago que, sumada aquellos días al golpe sufrido en Idlib a manos del Frente Al-Nusra, brazo de Al-Qaeda en Siria, sacó a la luz los problemas del Ejército y obligó a mover ficha a Rusia, que entró de lleno en la guerra. "El grueso de los yihadistas es extranjero, de todos los países árabes, pero en Palmira contaron con el apoyo de vecinos que fueron quienes golpearon primero al Ejército para generar confusión y luego llegó el gran ataque", recuerda Tarek Asad, hijo de Jaled al-Asad, el arqueólogo más célebre del país a quien los yihadistas decapitaron en la plaza que está frente al museo bajo la acusación de apoyar el Gobierno. Una parte de la población escapó, pero otros muchos, los que no tenían forma de salir y recorrer los 160 kilómetros de desierto que separan este oasis de Homs, se quedaron. "Los primeros días estaban ocupados en asegurar la zona, localizar a funcionarios del Gobierno, policías. y es cuando llevaron a cabo ejecuciones públicas para aterrorizar a la gente. A partir de la primera semana comenzó a regir el califato", recuerda Tarek. Una semana, ese es el tiempo que tardaron en aplicar en Palmira una interpretación del islam similar a la que practican los talibanes en Afganistán antes de la invasión estadounidense.

BOTONES ABROCHADOS

Entonces llegó la Policía Islámica con los manuales sobre vestimenta en los que se detallan cosas como que "no hay que desabrocharse los botones" y que "los pantalones no pueden nunca estar ni por encima, ni por debajo del tobillo" porque esto supondría "rebelarse contra Alá porque sería una muestra de orgullo". En el caso de las mujeres, la ropa debe cubrirles "cinco dedos por debajo del tobillo" y los brazos hasta los nudillos. Este cuerpo policial también vela porque los hombres luzcan barba porque "solo se afeitan los cruzados, seculares y demócratas".

El EI califica la barba de "una muestra de solemnidad y fuerza, que distingue al hombre de las mujeres y los niños", marca su extensión mínima en "un puño" y advierte de que afeitarse supone "mostrar en público desobediencia a Alá", una advertencia que extiende a los barberos porque con su trabajo "colaboran" con esta desobediencia. El castigo por no lucirla puede ser la decapitación ya que "sin barba el islam ya no protege tu cuello".

Con la salida de los yihadistas, en una batalla en la que el papel de Rusia fue decisivo, no acabó la pesadilla para los civiles. Diez meses después pueden regresar a sus casas, pero les espera una Palmira arrasada por los combates y por el saqueo de las milicias leales al Gobierno. Del Estado Islámico solo queda una bandera negra en la plaza frente al museo y algunas pintadas en paredes de edificios públicos. El coronel Samir Ibrahim guarda el material de propaganda y educativo del EI bajo llave, "solo espero que sea parte de la historia y que nunca más se repita, nunca más", afirma con gesto serio antes de cerrar la puerta con fuerza.


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