Montserrat Caballé la coronó como la soprano española, y la gira internacional que comienza así lo corrobora. Ainhoa Arteta (Tolosa, 1964) cantará en La Scala de Milán y en el Metropolitan Opera House de Nueva York y, en 2009, puede que se rinda el Liceu de Barcelona con una pieza de Puccini; un teatro que, junto con el Real, se ha resistido al talento de la enérgica diva vasca sin razón aparente. -Toda su carrera operística se ha desarrollado fuera de España, ¿Por qué nunca ha actuado en el Liceu o en el Teatro Real de Madrid? -Siento que ha sido una tremenda injusticia, tanto lo del Liceu como lo del Real. Me produce... no voy a decir dolor, sino tristeza. Tampoco puedo extrapolar esta situación al resto de España. En todos los teatros y auditorios españoles, me siento muy respetada, querida y apreciada. Los dos únicos que no han hecho un gran esfuerzo porque yo trabajase han sido el Real y el Liceu. En el Liceu ahora parece que voy a entrar pero, sinceramente, han sido tantos años de frustración y de no entender por qué, que ahora no son lugares en los que me hace ilusión actuar. Me ilusionaría por el público, pero no por la entidad, que conmigo no se ha portado bien.
-Lo del Teatro Real es un gran misterio...
-Sí. Lo mío con el Real es un expediente X, nadie se lo explica. Ellos, como siempre, dicen que me han ofrecido contratos. Claro, me están ofreciendo interpretaciones que no van con mi vocalidad. Me han ofrecido un papel secundario en el mismo momento en que La Scala me ofrecía un contra. Hasta que el Real no comience a hacer ofertas serias y a mostrar un interés verdadero, no me hace ilusión cantar allí. Si tienes empeño en que un artista vaya a actuar a tu teatro, en donde se hacen programaciones a cuatro años vista, yo creo que se consigue. Si lo que quieren conseguir es amargarme, no lo van a conseguir. Sí considero que ha llegado la hora de que, por lo menos, se informe de lo que está pasando.
Sus papeles
-Hablemos de su papel favorito dentro de la ópera... ¿Violeta, de La Traviata?
-Sí, es una de las interpretaciones que más he hecho en mi carrera, aunque no he tenido demasiadas ofertas para volver a interpretarla. Pero sí es verdad que los próximos tres o cuatro años me gustaría hacerlo. Me encuentro con madurez vocal y humana como para enfrentarme a dicho papel, porque conozco todos los trucos de interpretación.
-¿Qué trucos?
-Violeta siempre es un reto. Yo soy de las sopranos que intenta llegar hasta el límite, hasta el máximo, para poder expresar el dolor, la enfermedad, la tristeza y la frustración inmensa del destino de esta mujer, que se va deteriorando según avanza la partitura. Y eso, pese a ser costoso, me llena de satisfacción cuando lo consigo.
-¿Por qué otros papeles se siente atrapada?
-De Julieta, de la Mimí, que es una interpretación que me emociona una barbaridad... De Margarita de Fausto, pero un poco menos. ¡Y de Manon Lescaut, de Massenet!
-Montserrat Caballé dijo de usted que es «la soprano por excelencia de España». ¿Cómo se sintió al escuchar esto?
-Aprecio muchísimo que me haya hecho un halago así, ¡sólo por eso han merecido la pena los esfuerzos! Sentí una emoción muy grande, por ser Caballé una de las sopranos más grandes que tenemos en este país. Pero quiero pensar que el legado no lo tengo sólo yo, hay mucha gente que se está preparando. La educación musical ha mejorado muchísimo en este país, hay una gran cantera de voces y cada vez hay más seriedad en prepararse para esta carrera. Pero es cierto que esta profesión no es fácil. Hace falta una voz, verdadera pasión por el canto y por el estudio, y preparación continúa. Dedicarse a tiempo completo a la ópera, significa sacrificio.