-Quizá las historias de brujería también eran una manera de desviar la atención de otros asuntos.
-Más que nada preocupaba el miedo de que te pudieran acusar. ¿Por qué son famosas las brujas vascas y no las de Cuenca? Influyó el hecho de que se hablara una lengua como el euskera, o que vivieran en una zona de difícil acceso, donde se mantenían más arraigadas las tradiciones precristianas. Pero aquí los principales acusadores de brujería eran los propios vecinos, y quienes juzgaban, los párrocos y los alcaldes. A la gente se le acusaba por rencillas o por defectos físicos, como tener un dedo de más o de menos. No era el hecho de que llegara la Inquisición y se llevara a la gente, porque los inquisidores sólo aparecen donde se les llama. Un inquisidor, Salazar Frías, que firmó la sentencia de muerte de las brujas de Zugarramurdi, después del juicio hizo una investigación en el norte de Navarra y desmontó todas las acusiones. Él mismo dijo que nunca hubo brujería en el País Vasco y Navarra hasta que se empezó a hablar de ello.
-Entonces, ¿a qué se deben las historias sobre los famosos aquelarres en Zugarramurdi? ¿Qué era lo que se hacía allí?
-(Saca risa de bruja). Yo, personalmente, creo que hacían "gaupasas". Se pasaban la noche de fiesta.
-¿"Gaupasas" u orgías?
-La gente de los pueblos, para entretenerse, solía reunirse en lugares no cultivables: cuevas, bosques...
En esa época, las tierras de Zugarramurdi eran propiedad del Monasterio de Urdax, y fue el abad, don León de Aranibar, el que denunció el tema de la brujería al tribunal de Logroño.
-¿Y no podían juntarse en la plaza del pueblo?
-¿Por qué iban a tener que hacerlo bajo la vigilancia del cura del pueblo? ¡No señor! Simplemente comían, bebían, charlaban, bailaban...La idea que se nos ha transmitido del aquelarre como orgía y desenfreno es un invento de los inquisidores y de la propia población.
-¡Pues cuánta imaginación tenían!
-Hasta los propios acusados tenían imaginación para acusarse a sí mismos. La Inquisición española no mataba a las brujas que se autoinculpaban, diciendo que habían volado por los aires o que habían hundido barcos en el Cantábrico. La única bruja confesa que conocemos de Zugarramurdi fue María de Zozaya. Fue la única que confesó que había hecho barbaridades.