Helena Santesteban Guelbenzu lleva pegada en la solapa izquierda de su chaqueta una pequeña pegatina de cuestación. Es de la Asociación Española contra el Cáncer. Marca simbólica. Actualmente, la parlamentaria se somete a controles rutinarios después de que hace poco más de un año le diagnosticaron un cáncer de mama al que, con la extirpación del tumor, radioterapia y medicación, parece tener atado.No le ha tumbado. En verdad, parece difícil que algo pueda hacerlo. Formada como secretaria en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Bilbao, Santesteban ha sido la primera mujer concejal de Bera (de 1979 a 1983, como independiente) y la primera mujer en gobernar esa villa. Y ni la escisión del PNV en 1986, cuando ella era vicepresidente del Napar Buru Batzar, le apartó de la política. Se agarró inmediatamente a Eusko Alkartasuna.
-¿Qué le supuso el cáncer hace un año y qué le supone ahora?
-Que cuando hay cosas que les pasan a otros y piensas que nunca te puede pasar a ti, te das cuenta de que está para todo el mundo. Tenemos la manía de decir «cuando me jubile...», pese a que ninguno contamos con la garantía para no hacer algo hoy porque podremos hacerlo dentro de un año. De todas formas, no me tiene traumatizada, porque sería terrible vivir con la sensación de que estás en tus últimos momentos. No tengo ningún sentido trágico de la vida y, lo que tenga que ser, será. Pero pongo todo de mi parte para que no sea.
-¿Cuándo fue la última vez que hizo un pan?
-No lo he hecho nunca. Afortunadamente, tenemos panaderos que, aunque no son de casa, llevan mucho tiempo con nosotros. Son los que hacen el pan. Muy bueno, por cierto.
-Las manos de una mujer ¿amasan la realidad mejor, peor o igual que las de un hombre?
-La mujer tiene mayor capacidad para solucionar los problemas porque es capaz de ver de forma global. Está más pegada a la realidad y busca soluciones mucho más prácticas e inteligentes. Siempre he luchado desde mi convencimiento de que soy igual y tengo los mismos derechos que un hombre. Las mujeres tenemos que levantar la autoestima porque, al final, los hombres sólo hacen lo que las mujeres dejamos hacer.
-Fuera de su faceta pública, ¿con qué se entretiene?
-Me encanta viajar. El último viaje que he hecho fue el año pasado, coincidiendo con mi enfermedad, primero a la Costa Brava y luego a Galicia. Me gusta viajar por el interior del país, conocer pueblos y aprender de ellos para el mío. Lo que menos conozco de España es la zona de Levante.
-¿Usted se siente española?
-No tengo animadversión por España, ni renuncio a todo lo bueno que hay en arquitectura, tradición, literatura o música. Pero eso no quita para que tenga un proyecto diferente para Navarra. Yo me siento, primero, de Bera. Soy navarra, vivo en Bera, y mi proyecto político es junto a la Comunidad Autónoma Vasca. Pero sin imponer. No quiero vencer; quiero convencer.
-En estos tiempos, ¿es viable una política de guante blanco?
-Soy idealista por naturaleza. Hasta tal punto, que entiendo la política como el servicio más generoso que puede hacer un ciudadano por su comunidad. Lo dijo Kennedy: «No pienses qué puede hacer tu pueblo por ti; piensa qué puedes hacer tú por tu pueblo». Siempre me ha gustado trabajar por los demás y he sido decidida.
-Del PNV a EA. ¿Por qué?
-Pese a que el PNV habló de autoexclusión, aquello fue una expulsión en masa de toda la ejecutiva y la militancia de Navarra. No soy nada rencorosa y los del PNV han venido posteriormente a proponerme trabajar para ellos, pero de un sitio me echan sólo una vez.
-¿En qué se parecen y en qué se diferencian EA y PNV?
-Si generalizas, corres un riesgo. Me siento mucho más cómoda en EA por los planteamientos que se hacen desde Navarra y nuestra mayor disposición a colaborar con fuerzas de izquierda. De hecho, la escisión se produjo porque, en aquel momento, el PNV quería poner a la derecha en el Gobierno de Navarra. Y a nivel de política municipal, las diferencias son en función de la capacidad económica.
-¿Dónde se imagina dentro de un año?
-Creo que mi etapa en el Parlamento está concluida. Sinceramente, me quedan muchísimas más ganas de dedicarme al ayuntamiento, donde puedo hacer muchas cosas. Compatibilizar una responsabilidad como la de alcaldesa con un grupo parlamentario tan pequeño como el nuestro te hace priorizar y, a veces, es más importante numéricamente mi voto en el Parlamento que en el ayuntamiento, donde puedo delegar.