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Los monolitos de Mues

Son esculturas talladas por los duendes de la naturaleza. El viento, la lluvia y los hielos invernales han esculpido estas rocas de formas caprichosas que rubrican el paisaje encantado de la Berrueza

Peñas del Moro, o de Murillo.La estampa del monolito recuerda la figura humana.El centinela del Congosto monta guardia sobre la carretera de Los Arcos a Acedo.




Guía práctica


Cómo llegar: Coger la autovía de Pamplona-Logroño hasta los Arcos. Aquí, tomar la carretera de NA-129 (de Calahorra a Vitoria) hasta Mues (7 kilómetros). También podemos ir por la carretera de Estella-Vitoria (NA-132), hasta Acedo, y bajar hasta Mues (6,5 kms). Aunque no existe un recorrido expreso para visitar los monolitos, algunos de ellos, como el centinela del Congosto, pueden verse desde la carretera. Las peñas del Moro, pueden contemplarse desde el propio pueblo de Mues, o visitarse directamente. Para ello, hay que tomar la senda que asciende desde la ermita de la virgen de la Cuesta hasta el santuario de San Gregorio Ostiense, y antes de llegar a éste último, tomar el desvío hacia las peñas de Murillo ( o del Moro).

Qué hacer: Además de contemplar los monolitos, se puede visitar el santuario de San Gregorio Ostiense, subiendo a pie por Mues, o en coche por Sorlada. También, se puede hacer una excursión por un sendero señalizado que lleva de Mues a Sorlada, por el antiguo Molino del Congosto. Otra opción es llegarse hasta el señorío de Cábrega (a dos kilómetros y medio al norte de Mues, pasado el Congosto) y contemplar la encina monumental que se alza a unos doscientos metros del palacio, junto al camino de parcelación. Por último, podemos recorrer el pueblo de Mues, y admirar la iglesia de Santa Eugenia, con su torre barroca, y las dos ermitas más próximas al caso urbano: la de la Magdalena ( románica), y la de la virgen de la Cuesta ( barroca). También se pueden buscar las rajas ( grietas) entre los edificios del pueblo, aunque la mejor opción es contemplar los monolitos de Murillo ( o del Moro) y disfrutar las vistas que se dominan desde allí.

Dónde comer: En Mues, hay dos bares que abren solo el fin de semana, pero no hay restaurantes. En Los Arcos, a 7 kilómetros, se puede comer en Los Pinos (948 64 01 76), en el Mavi (948 64 00 81), Gargantua (948 64 09 15), y en el bar Abascal (948 64 09 86). Otra opción es llegarse hasta el restaurante del camping de Acedo (948 521 351), a 6,5 kilómetros al norte de Mues.

Dónde dormir: Para alojarse en Los Arcos, tenemos el Hotel Mónaco (948 640 000), el Hostal Ezequiel (948 640 296) y Hostal Suatxe (948 44 11 75). En todos ellos dan también comidas. En Acedo, el camping (948 521 351) ofrece también albergue y bungalós.

Más información: Oficina de Turismo de Los Arcos (948 64 00 21). turismo @losarcos.animsa.es

Para saber más: Martínez Salazar, A.: Cuatro valles encantados de tierra Estella: Aguilar, La Berrueza, Lana y Valdega, Vitoria-Gasteiz: edición del autor, 2006.

Floristán, Alfredo: Itinerarios por Navarra, tomo 1, Pamplona: Salvat, 1978 (pags. 106-109).

TEXTO: JOSÉ A. PERALES FOTOS: JOSÉ A. PERALES

EL valle de la Berrueza es una de las comarcas más bellas y menos conocidas de Tierra Estella. Más que de un valle geográfico, se trata de un laberinto de montañas con sus laderas cubiertas de bosques (encinas, pinos…), y el fondo ocupado por campos de cereal. Atravesado por el río Odrón, este territorio histórico está bañado también por el río Ega, que marca sus confines por el este. No obstante, los límites más visibles de esta comarca son las cumbres de Codés que la cierran por el norte, y la sierras de Cábrega y San Gregorio, que franquean el territorio por el sur. Entre estas dos últimas (que son en realidad una sola partida en dos) , se abre la garganta del Congosto. Solo por el nombre tan sugerente y descriptivo, merece la pena detenerse en esta foz perteneciente al municipio de Mues, y contemplar el trabajo que ha hecho aquí el humilde río Odrón. Nacido en la sierra de Codés, este pequeño río baja de Otiñano describiendo una curva en el señorío de Cábrega, para acabar partiendo en dos esta montaña sagrada que es la sierra de San Gregorio. A la izquierda, queda la serrezuela de Cábrega, la cual recibe el nombre del antiguo señorío medieval ( hoy caserío perteneciente al municipio de Mues), y a la derecha la propia sierra de San Gregorio, nombrada así por el santuario barroco que corona la cima.

Ya en el siglo XIII hubo aquí arriba una ermita dedicada a San Salvador, que albergaba los restos del Obispo de Ostia, los cuales llegaron aquí -según la leyenda- a lomos de un burro. Allí donde el animal se detuvo, se levantó la ermita. Luego, la fama alcanzada por las reliquias del santo impulsó la construcción de la actual basílica con su monumental portada barroca del siglo XVIII.

Además de ser escenario de numerosas romerías, y de otras manifestaciones de religiosidad popular como la bendición de los campos, el santuario de San Gregorio Ostiense es un lugar singularmente bello, que destaca no solo por su notable arquitectura, sino también por el entorno natural donde se ubica.

De entrada, las vistas que ofrece el santuario aupado sobre el collado de Piñalba, a 702 metros de altitud, son impresionantes. Pero no lo son menos los monolitos rojizos que se yerguen en las proximidades de la basílica. Las más conocidas de estas esculturas naturales son las peñas del Moro ( también llamadas de Murillo), situadas entre Mues y Sorlada, y el guardián del Congosto. Este último es una roca antropomorfa, que parece vigilar la carretera, junto a la foz abierta por el río Odrón. A la izquierda de esa garganta, en término de Mues, hay también otras rocas curiosas, como las peñas de Roiti, o las peñas del Gato, que destacan entre los pinos de la sierra de Cábrega. Algunos autores, como el escritor Ángel Martínez Salazar, han relacionado el aspecto de estos monolitos con los Mohais de Isla de Pascua, en Chile, o los Tihuanakus de Bolivia.

En Mues, nadie sabe cuántos siglos ha tardado la naturaleza en modelar las esculturas naturales de San Gregorio. Pero es seguro que los célebres monolitos estaban aquí cuando se levantó el pueblo en la época medieval, e incluso cuando los romanos pisaban estas tierras.

Pueblo de paso

Situado al sur de San Gregorio, y partido en dos por el río Odrón, Mues es hoy - junto con Mendaza, Nazar, Mirafuentes, Sorlada, Piedramillera - uno de los seis municipios que integran la comarca de la Berrueza. Del conjunto de los municipios citados, este es quizás junto a los concejos de Acedo y Mendaza, uno de los más ligados al camino tradicional. Por aquí cruza de hecho la carretera de Calahorra a Vitoria, y también ( hipotéticamente al menos) la calzada romana que unía Los Arcos con la Tierra de Campezo. Su posición tradicional de cancerbero del Congosto, explica la memoria legendaria que han dejado aquí los caminantes.

«Mues, muesaja, en cada casa una raja, y en casa del alcalde la más grande, en casa del cura la más oscura». Así dice la maldición que, según cuenta la leyenda, lanzó contra el pueblo un vagabundo despechado por no haber encontrado en Mues un lugar donde alojarse. Algunas grietas de los edificios del pueblo se atribuían antaño al citado hechizo.

Como escribe Pablo Antoñana en un artículo sobre Mues, por este pueblo encantado pasaban antaño «las manadas, guiadas, de toros de Carriquiri a las fiestas de Vitoria. También los ejércitos regulares, las cuadrillas de facinerosos, y los arrieros y comerciantes que traían aceite de ballena para uso de lámparas». Todos ellos - como hoy los automovilistas- veían al pasar la figura enhiesta del centinela del Congosto, vigilando el paso del desfiladero.

Cuentan en el pueblo que antes había otros monolitos, junto al célebre guardián. «Uno de ellos era la peña de la Lechuza», dice Joaquín Gastón, vecino de Mues de 70 años. «Le llamábamos así porque tenía un agujero en el centro donde anidaba aquel ave. Pero aquella peña la tiraron los canteros hace varias décadas para hacer una casa con la piedra, y hoy solo queda la base del monolito».




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