Durante doce años he vivido en paz al abrigo de mi locura. Doce años desde que los soldados encontraron...». Llanto de un niño. Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) interrumpe la escritura de su novela porque en la habitación de al lado, uno de sus dos hijos, de 4 y 2 años, rompe a llorar. La situación está recreada, pero ocurre de algún modo en la vida de este titulado en Periodismo, que trabaja desde su casa de Madrid como analista de guiones y que adora su labor de padre. Su mujer trabaja media jornada así que la creación sólo es posible con ella en casa. La frase inicial es el arranque de su primera novela, recién publicada, Infierno nevado (ed. Equipo Sirius).-¿Qué es Infierno nevado?
-Infierno nevado es una novela que cabalga entre dos géneros, el histórico y el fantástico, aunque prefiero decir que es una novela situada en el territorio de la leyenda. La he ambientado en Pamplona.
-En el año de su fundación, ¿no? En el 75 antes de Cristo.
-Exacto. En ese año, Pompeyo acuarteló sus legiones porque estaba en ese momento en guerra contra Sertorio, otro general romano. El invierno que transcurrió durante ese acuartelamiento es lo que se considera la fundación de Pamplona por Pompeyo, pese a que al lado del acuartelamiento había una aldea vascona, cuyo nombre no está claro. Yo he apostado por la denominación de Antonio Tovar, que es Olcairun, y que mezcla celta y euskera. Pero el origen de la novela no es mío.
-¿Y de quién?
-Del autor americano Howard Philips Lovecraft. Concretamente surgió leyendo una biografía suya. En el fragmento de una carta hablaba de un sueño que había tenido y que se localizaba en la Pamplona de Pompeyo. Ahí estaba el embrión de la historia. Cuando leí aquello, me lo tomé como una señal divina de que debía ser yo quien lo escribiese, antes de que otro pamplonica se me adelantase.
-Licenciado en Periodismo. Durante mucho tiempo estudiaban esta carrera o los periodistas vocacionales o los que querían escribir. ¿En qué grupo estaba?
-La verdad es que empecé Periodismo sin querer ser periodista. Yo estudié la carrera porque en Pamplona era lo más parecido que podía haber a la escritura cinematográfica o algo relacionado con lo audiovisual. Ejercí muy poco de periodista, y pronto me fui a Madrid a hacer un máster para orientarme hacia los guiones, que son mi segunda pasión. Pero donde más a gusto me encuentro y los logros que más ilusión me hacen son en la literatura.
-¿La ficción supera a la realidad?
-No tengo tan claro que la ficción supere a la realidad. Pero la literatura siempre ha estado ahí desde el principio. Quizás, lo que me llevó a decantarme por la literatura fue una pequeña decepción con el mundo de los guiones y del cine en España. Es muy difícil convertir tu guión en una película. Es una labor de industria mientras que la literatura se reduce a un escritor, un papel y un boli.
-Tiene un guión coescrito con el también pamplonés Daniel Castro, el thriller El final de la noche, que se llevó a la gran pantalla. ¿Trabajar en un guión en equipo significa que se lleva bien con su ego?
-Sí. Aunque supongo que es más importante llevarte bien con el otro. Pero sí, creo que tienes que tener un ego bastante dúctil para aceptar lo que el otro dice y no enfrascarte en discusiones.
-¿Su mujer es la primera persona que lee sus textos?-Ahora, sí. Pero nunca le dejo que los lea hasta que están terminados. Ahora estoy escribiendo una novela y me la está pidiendo constantemente, pero hasta que no la termine no se la voy a dejar.
-Y su mujer es fan de sus libros.
-Sí, sí. Quizás al principio era por obligación, pero ahora es una fan convencida.
-¿Puede terminar las frases que yo le introduzca?
-Vale.
-Para mí escribir es como...
-Como soñar y compartir el sueño con otras personas.
-El día en que nació mi primer hijo sentí...
-Me sentí más hombre y más animal que nunca, porque es muy animal y muy apegado a la tierra ver nacer físicamente a tu hijo.
-Mis referentes literarios son...
-De todo tipo. Lovecraft y últimamente estoy enfrascado en autores norteamericanos contemporáneos: Russell Banks, Raymond Carver, Stephen King...
-¿Y en su casa había un ambiente que estimulase su vocación por la literatura?
-No. No, particularmente. Mi padre trabaja en un banco y mi madre era ama de casa. Me imagino que soy un poco la novedad de la familia.
-¿No le inquieta la inestabilidad laboral?
-No. Tenemos dos niños pequeños y esta situación se adapta muy bien a nuestro trabajo. Ahora estamos muy bien. Y no tenemos aspiraciones de comprarnos un chalet en...
-... la Moraleja.
-Por ejemplo. Tenemos muy claro que la calidad de vida está en otras cosas. En estar con mis hijos, en poder escribir... Eso no te lo da un trabajo estupendo que te obligue a pasar una hora en el coche cada día.