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Clara Villoslada Pinto - snowborder
«Yo soy fuego, todo lo contrario a la nieve»

  • La Plata (Argentina), 1-8-1980
  • Va a competir en las Olimpiadas de Invierno.
  • Detesta/Aplaude: La gente falsa/A quien sonríe pese al sufrimiento
  • Admira a... sus padres.
  • Música: Jack Johnson.
  • Libro: Siddharta, de Herman Hesse.
  • Película: Un paseo para recordar, de Adam Shankman.


  • TEXTO: MARCOS SÁNCHEZ FOTOS: DDN

    Los Pontemples son seres que viven en un mundo paralelo. Recortan trozos de luna y los introducen por la oreja hasta el corazón de los niños que tienen pesadillas por acontecimientos de su entorno, como una guerra y unos padres que se pelean, y no pueden dormir. Los trozos de luna les ayuda a hacerlo tranquilos.Éste es el argumento de un libro que Clara Villoslada Pinto escribió con 17 años. Hoy, con 25, quiere reescribir la historia, pero apenas dispone de tiempo. La tabla de snowboard tiene la culpa. Porque a Villoslada se le da muy bien surcar la nieve encima de ella, ya sea bajando pendientes a velocidad, saltando rampas y rascando barandillas, o efectuando piruetas en una estructura de nieve con forma de medio tubo. Esta última modalidad, half pipe, es en la que, como integrante del equipo nacional, se ha centrado esta pamplonesa para intentar ir a los próximos Juegos Olímpicos de Invierno (en Turín, del 10 al 26 de febrero). Campeona de España de slope style (combinación de saltos y barandillas), tercera en la final de la Copa de Europa de half pipe del pasado año y duodécima en la de boardercross, novena en el Mundial Universitario y la 25 en la Copa del Mundo de Chile son sus resultados más llamativos de la actual temporada. A Villoslada, número 33 del mundo, le faltan 60 puntos internacionales en siete pruebas y el visto bueno del Consejo Superior de Deportes para convertirse el olímpica.

    Fuera de la nieve, su vida tampoco fue ni es común. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra (codirige una revista de deportes extremos) y estudiante de Empresariales en la UPNA. La mayor de tres hermanos, es hija de Natalia Pinto y Adolfo Villoslada, empresario navarro que permaneció secuestrado por ETA entre noviembre de 1989 y febrero de 1990. Entonces, ella tenía 9 años.

    Imagínese olímpica.

    Una historia más que contaré a mis hijos. Voy a tener muchas... Como en cualquier deporte, a lo máximo que puedes llegar es a una Olimpiada. En enero del año pasado me dijeron que a lo mejor podía conseguirlo y vi que era así, por eso decidí estar ocho meses a tope para intentarlo. Si lo consigo, bien. Si no, el hecho sólo de haber sido preolímpica es increíble. Es una etapa más, como cuando estudié Periodismo, trabajé con mi padre o ahora trabajo en una revista. Todo te nutre y de todo aprendes.

    ¿La nieve es su hábitat natural?

    No. En cualquier hábitat me puedo sentir a gusto, excepto cuando hace más de 35 grados. No aguanto el sol, ni el bochorno.

    ¿Fría como la nieve?

    Yo soy fuego, todo lo contrario a la nieve. Soy muy de querer a los míos, muy sensible, de expresar y comunicar. En algunos momentos me convendría más ser fría de cabeza y no tan apasionada o impulsiva. Soy muy nerviosa y, por medio de los deportes (ha hecho atletismo, judo, natación, golf, baloncesto, esquí, surf...) , consigo relajarme. También me ha dado muchos amigos, viajes y satisfacciones, al igual que decepciones.

    ¿Qué siente cuando está en el aire con su tabla, sin nada ni nadie que la sujete?

    A veces miedo, pero es divertido. Se trata de volver a jugar, como volver a ser un niño. La vida es tan seria que ese tipo de cosas te hace sentir bien.

    ¿Y cómo se ve el mundo boca abajo, en plena una voltereta?

    Si no te vas a pegar una torta, muy bien. Para algunas cosas hay que saber ver el mundo boca abajo porque, si no, nos volveríamos locos. Pero para otras cosas está bien verlo de frente porque también hay que apreciar la realidad. Cuanto antes afrontes las cosas que te vienen en la vida, antes las superas y antes aprendes. ¿Para qué posponer?


    ¿De pequeña le costaba dormir?

    No, no escribí Los Pontemples por eso. Simplemente es que, si tienes sensibilidad, puedes ponerte en el pellejo de los demás. Todo el mundo necesita cariño, y hay quien no ha tenido la suerte de tenerlo como yo porque mi familia me ha querido mucho. Por eso escribí aquello, para darme cuenta de la suerte que yo tenía .

    ¿Todavía escribe?

    Cuando viajo, en mi bolso siempre tengo dos o tres libretas y otra en el bolsillo. Apunto ideas, horarios, teléfonos, cosas para mejorar en los entrenamientos, frases que me han gustado o si se me ocurre algún poema. Escribir fue una terapia desde niña.

    Dígame una frase de su libreta.

    No dar nada por sentado sin contrastar.

    Como periodista, ¿qué noticia le gustaría difundir?

    Que se ha acabado la guerra y el odio en el mundo. Pero es tan utópico que parece imposible. Forman parte de la condición humana.

    ¿Qué noticias han marcado su vida hasta ahora?

    Me impactó mucho el tsunami del año pasado. Este año, los incendios, los índices tan altos de suicidio y drogadicción entre la gente joven o los huracanes. El mundo, con aspectos como el terrorismo internacional o los asesinatos, se ha vuelto loco. Se ha perdido el rumbo porque no hay ningún tipo de valor de respeto. Cuando no existe ningún tipo de límite, puedo coger una pistola y matarte. O escupirte, como pasa en los colegios.

    Ha mencionado el terrorismo internacional, pero no el de ETA...

    Yo hablo de terrorismo internacional. En el otro prefiero no entrar porque ya se sabe que me ha tocado de cerca. No lo quiero ni nombrar.

    ¿Qué ha aprendido de sus padres?

    De mi padre, a perdonar, que el odio no lleva a ningún lugar. Él es un trabajador nato y un buenazo. De mi madre, la fortaleza. Es una mujer noble y fuerte. Tengo una suerte enorme de los valores que me han dado los dos y les estoy muy agradecida porque me han hecho como persona. Saber perdonar, a día de hoy, es muy difícil.

    ¿Lo ha hecho?

    Con el tiempo, se puede perdonar todo.



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