Elena de Borbón-Jaime de Marichalar

La Infanta Elena se casó el 18 de marzo de 1995 con Jaime de Marichalar en la catedral de Sevilla. ARCHIVO
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El 18 de marzo de 1995 Sevilla olía a primavera. La ciudad se vistió de fiesta para la boda de Elena de Borbón, primogénita de los Reyes de España, y Jaime de Marichalar, cuarto hijo del conde de Ripalda. La Corona quería dar el mayor realce a la primera boda de los hijos del Rey. Además, hacía nueve décadas que no se celebraba en nuestro país el matrimonio de una infanta o de una reina. El entusiasmo popular cooperó para que fuese un gran acontecimiento.
Doña Elena salió de los Reales Alcázares del brazo de su padre y padrino, don Juan Carlos, que vestía uniforme de gala de capitán general, para recorrer el corto espacio que les separaba de la catedral. La ceremonia, oficiada por el cardenal Carlos Amigo, y a la que asistieron representantes de 38 casas reales, estuvo marcada por la emoción contenida de los Reyes y las miradas cómplices entre el Monarca y su primogénita. Emoción que también contagió a la infanta, que se olvidó de pedir a su padre el Rey el consentimiento para pronunciar el 'sí' nupcial como exige el protocolo.

La Infanta Cristina eligió la catedral de Barcelona para contraer matrimonio el 4 de octubre de 1997 con el jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. ARCHIVO
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Cristina de Borbón-Iñaki Urdangarin
La infanta Cristina conoció a Iñaki Urdangarín en los JJOO de Atlanta 1996, donde él era capitán de la selección española de balonmano que conquistó la medalla de bronce. De vuelta a Barcelona, donde ambos residían, comenzaron a salir con el silencio cómplice de los amigos. El 30 de abril de 1997 se hace el anuncio oficial del compromiso y tres días después tiene lugar la petición de mano en el palacio de La Zarzuela.
La boda se celebró el 4 de octubre del mismo año, en la catedral de Barcelona, templo que no albergaba una boda real desde hacía más de 600 años, oficiada por el cardenal Ricard María Carles. El Rey y la madre del novio, Clarie Liebaert, fueron los padrinos. La emoción estuvo esta vez más contenida. La infanta se mantuvo muy serena, mientras que Iñaki templó pronto sus nervios. Tras la ceremonia, unas 200.000 personas vitorearon a la pareja real en su recorrido hasta la basílica de la Merced para depositar el ramo de novia.