El pamplonés Fermín Etxeberria Irañeta, de 63 años, falleció ayer en la Clínica San Juan de Dios como consecuencia de las graves lesiones que sufrió en el encierro del San Fermín del día 8. Etxeberria, que corría encierros desde que tenía 14 años, fue empujado y golpeado en la cabeza por el asta de un toro de la ganadería de Cebada Gago en la calle Mercaderes. Sufrió un fortísimo traumatismo craneal y permaneció en la UCI del Hospital de Navarra, donde fue operado en varias ocasiones. Estaba casado con María Jesús Amorena Marco y era conocido como "Etxebe", nombre también del bar que regentaba desde hace más de 35 años en la calle Martín Azpilcueta del barrio de San Juan. La última muerte en el encierro fue la del americano Matthew Peter Tassio, en 1995. Con la muerte de Etxeberria, se eleva a 14 el número de fallecidos en el encierro desde 1924.

Etxeberria era muy conocido en Pamplona, ya que había sido fundador y presidente diez años de la peña San Juan y fue directivo de Osasuna con Javier Miranda.

Fermín Etxeberria llevaba casi medio siglo corriendo encierros, cerca de 350 carreras en Pamplona, en las que nunca había sufrido ninguna herida por asta de toro, tan sólo pequeñas lesiones. El día del accidente, su esposa, María Jesús Amorena, indicó que "alguna vez había tenido algún golpe, pero siempre había ido por su propio pie al hospital y había vuelto a correr al día siguiente". Sus dos hijas, Eva y Edurne, murieron con 22 y 21 años en un accidente en noviembre de 1990.

El corredor acudía con frecuencia a los encierros de toros de Tudela y Tafalla, además de a otros pueblos de Navarra.

Formó parte de la comisión del encierro que estudiaba fórmulas para mejorar la seguridad.

El día de la cogida

Como todos los días desde hace 48 años, el día 8 de julio, segundo de los encierros de San Fermín, Fermín Etxeberria se había reunido con sus compañeros de carrera en la farmacia Sánchez Ostiz, cercana a al Ayuntamiento. Desde ahí se dirigió a esperar a los toros a su zona habitual en los últimos años, en Mercaderes.

Los morlacos de Cebada Gago llegaron rápidos a esa zona y uno de ellos derrotaba constantemente a los corredores.

"Fermín estaba en plena forma. Se entrenaba con carreras durante el año y tenía un velocidad tremenda. Enseguida nos dejaba a los demás detrás", comentó un amigo que corría a su lado y que desde el accidente no ha vuelto a correr.

Lo cierto es que a la altura del bar Iruñazarra de la calle Mercaderes, Etxeberria ya estaba delante de la manada. "Estaba ilusinadísimo, como nunca. Rebosaba energía y corría muy cerca". Por la parte izquierda de la calzada llegaba el toro "Castillero", castaño de 595 kilos perteneciente a la ganadería que más corredores han corneado en las últimas dos décadas de encierros.

En uno de sus violentos giros de cabeza, el morlaco alcanzó de lleno con el asta izquierda a Fermín Etxeberria. "Cayó repentinamente al suelo, de forma seca con un golpe tremendo en la parte de atrás de la cabeza y comenzó a sangrar abundantemente por los oídos", explicó el mismo corredor.

Fermín Etxeberria sufría en esos momentos un desplazamiento cerebral con una fuerte hemorragia. Aunque en los primeros instantes tras el golpe mantuvo la conciencia, fue rápidamente trasladado a la UCI en una ambulancia.

Los médicos que le atendieron esperaron a su evolución hasta el día 10 de julio, momento en el que decidieron operarle de los hematomas que tenía en la cabeza. A pesar de los intentos médicos, Etxeberria no pudo superar sus heridas. El 12 de julio entró en coma clínico y tras de 75 días ingresado, falleció ayer.

El capellán de Osasuna, Enrique Ardanaz, le dio la extremaunción en la clínica hace unos días.

Encierro muy peligroso

El encierro del día 8 de julio, corrido con los toros de la ganadería gaditana de Cebada Gago, resultó uno de los más largos y peligrosos de los últimos Sanfermines. Dos toros quedaron separados de sus hermanos y llegaron a la plaza de toros cuatro minutos después de que salieran de los corrales de Santo Domingo. En su camino dejaron heridos, al margen del malogrado Fermín Etxeberria, a un norteamericano de 57 años, Al Gleen Chesson, con tres cornadas en la pierna e ingle, a Dallas Hitchcock, estadounidense, de 27 años, herido en el brazo izquierdo en mitad de la calle Estafeta; y Nicholas Headlam, australiano, 29 años, alcanzado en el tórax en el callejón de entrada a la plaza.

La última muerte en un encierro ocurrió el 13 de julio de 1995 cuando un Torrestrella empitonó al norteamericano Matthew Peter, de 22 años.

Etxeberria es la segunda persona que muere en el encierro sin ser corneado por un toro. En 1977 José Joaquín Esparza, de 17 años, murió en un montón ocurrido en la entrada a la plaza.