Las Torres Gemelas de Nueva York murieron de pie, como los árboles. Los rascacielos de 500 millones de dólares (casi 92.000 millones de pesetas) del arquitecto Minoru Yamasaki no tenían otro remedio que caer como en un derribo controlado: los edificios se hundieron planta por planta, por el peso de los pisos superiores. "Cuando vi que las torres seguían ardiendo, pensé que era irremediable que se cayeran", recuerda el arquitecto Ricardo Aroca. El acero puede llegar hasta los 500 grados antes de perder el coeficiente de seguridad, pero aguanta bajo un incendio durante dos horas si está bien protegido por hormigón. Pero el hormigón es frágil. "Aquí lo que pasa es que la protección debió de quedar muy dañada con el impacto", cree Aroca.
Los rascacielos del World Trade Center eran edificios inteligentes, pero el desplome vertical se debió a la pura física. El hundimiento de una sola planta es suficiente para trastocar el sistema de cargas completo. "Una planta de un edificio de estos pesa unas 1.500 toneladas. Sobre la planta impactada de la primera torre, había diez plantas encima. Eso no hay quien lo mueva hacia el lado. Tiene que caer en vertical. La segunda torre, con un impacto más lateral, empezó a caer ligeramente de lado y automáticamente luego ya cayó en vertical", explica Aroca.
Y al impacto mecánico sobre las torres gemelas de la enorme masa de los aviones comerciales, de más de 150 toneladas, hubo que añadir el impacto térmico del incendio provocado por los depósitos, con una capacidad de hasta 90.000 litros de queroseno. Si las Torres Gemelas se vinieron abajo, fue debido a los incendios.
El impacto de los aviones destrozó la estructura exterior y quebró la protección de hormigón; el incendio fundió la malla interior de acero; los pisos superiores se quedaron sin sujeción y trastocaron el reparto de las cargas; los edificios enteros se hundieron siguiendo un efecto dominó.