El testimonio de Inmaculada, voluntaria de Cruz Roja Navarra

Para intentar trasladar la experiencia y el valor del voluntariado, nada mejor que las propias palabras de quienes lo viven día a día. Te pedimos que dediques dos minutos para leer las palabras de Inmaculada, voluntaria de Cruz Roja:

“A mi puerta llamaron un día. Habían insistido varias veces. La abrí, con recelo, como hacemos casi todo ahora. Pensaba que tenía que dar y comencé a recibir.

Recibía sonrisas en cuanto entraba por la sede. Recibí apoyo, cariño y valoración. Así que decidí trabajar y confiar.

Parece ser que no era una desconocida… Y empecé a sentir. A sentir otros mundos, otras pieles, otros dedos. A buscar países en el mapa, a esperar al tiempo, a preguntar, a ver de otra manera. Me empezaron a estorbar cosas que no eran cosas y comencé a ver las cosas.

He conocido gente, mucha, distinta, igual que yo pero con otras oportunidades. Estoy aprendiendo a valorar el momento, a compartir con mis compañeros, a escuchar. Por cierto… a mí, también me escuchan.

Oigo nombres que no salen en los cuentos y los aprendo.  Recibo besos, caricias con los ojos y abrazos en montones de idiomas que siempre entiendo. Ahora bailo y canto canciones que no recuerdo que las recordara…

Abre la puerta. Hazte voluntario/a y empieza a recibir.”

Inmaculada es voluntaria de Cruz Roja en la Asamblea Local de Tudela en proyectos de infancia y de mujeres en dificultad social.

 

 

 

 

Publicado en Cruz Roja, Humanidad, Solidaridad, Voluntariado | Deja un comentario

Voces del compromiso y la solidaridad

Manos Unidas

La preparación y el lanzamiento de nuestra Campaña de 2017 –El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida– supusieron un gran esfuerzo para los equipos de las Delegaciones y los Servicios Centrales de Manos Unidas. Pero también fueron momentos que nos demostraron, una vez más, que lo que hacemos merece la pena.

Uno de ellos fue el encuentro que tuvo lugar con decenas de misioneros y compañeros de las organizaciones locales con las que trabajamos en el Sur. Por unos días, hicieron un breve paréntesis en su labor cotidiana y vinieron hasta aquí para acompañarnos y fortalecer el lanzamiento de la Campaña, así como para hacernos llegar la importancia de nuestro trabajo compartido. Durante su estancia visitaron las Delegaciones, hablaron con los medios de comunicación, ofrecieron charlas y consiguieron con sus palabras que nos pusiéramos en la piel de tantas personas y comunidades que luchan contra la pobreza y la exclusión.

Faltaría espacio para reseñar, siquiera mínimamente, todo lo que aprendimos de tantos misioneros, pero valgan los siguientes testimonios como una pequeña muestra de sus palabras y experiencias… ¡Muchas gracias!

Ruth Chaparro – Fundación Caminos de Identidad (Colombia)

En los últimos 6 años han muerto más de cinco mil menores de cinco años por desnutrición. En su memoria nos comprometemos a proteger a los que quedaron vivos y a los que van a nacer.

Hasta los desiertos de la Guajira ha llegado la solidaridad de Manos Unidas para sembrar esperanzas, haciendo seguimiento nutricional niño a niño y familia por familia. Hoy decimos de corazón que no necesitamos comida, sino gente comprometida, menos individualista, menos consumista, menos contaminadora, menos depredadora y por eso estoy aquí sumándome a la Campaña de Manos Unidas.

Vengo a decirles que su trabajo vale la pena, que su esfuerzo tiene rostros concretos y que el manejo transparente de los recursos que hace Manos Unidas es un ejemplo edificante en medio de la indiferencia, la desconfianza y la corrupción.

Eugenio López – Misionero Paúl – Escuela de Agricultura de Nacuxa (Mozambique)

Ya son muchas personas las convencidas de la urgencia de distribuir la comida con criterios de justicia social. Incluso hay quien va llevando su vida a criterios de austeridad; pero la tarea no ha hecho más que comenzar…

Tras 16 años en Mozambique, sigo convencido de que merece la pena dar de comer, pero sobre todo ayudar a producir alimentos, formar a las personas para ello. Nuestra escuela, apoyada por Manos Unidas, nació en 2007 con 160 alumnos y hoy cuenta con 1.200. Ya han salido 500 profesionales técnicos agrarios. Y ahora el Estado nos pide que formemos también a contables, secretarios y técnicos de laboratorio y de construcción.

Gloria Inés González – Religiosa de las Hnas. Dominicas de la Presentación (Haití)

El terremoto de 2010 me marcó. En cuestión de segundos, te quedas sin nada… Entonces, decidimos construir una clínica pediátrica, una casa de acogida y un jardín de infancia, para mejorar la salud y la educación de niños de las familias afectadas. Porque los niños son la población más abandonada, vulnerable y desprotegida…

Ayudamos a reconstruir infraestructuras pero, sobre todo, a reconstruir vidas. Y en esta labor contamos con los propios haitianos como brazo derecho, con voluntarios extranjeros como brazo izquierdo y con mi congregación como el corazón. Nosotras estamos en terreno y hay gente que apoya desde otro ámbito, como Manos Unidas y todos los españoles que colaboran económicamente.

Juan Ángel Artiles – Misioneros Claretianos – Centro de Formación Profesional Padre Claret (Timor Oriental)

El sistema económico favorece la desigualdad y lleva a poblaciones enteras «al borde de la extinción». Con este panorama, una opción realista -y disculpen mi osadía- es que reduzcamos nuestro nivel de consumo y de acumulación para hacer posible a nivel personal y familiar la creación de una red de trasvase de esa riqueza a los que están 198 escalones por debajo.

La falta de recursos humanos, de profesores, y la carencia de infraestructuras básicas -carreteras, escuelas, electricidad…- son una losa muy pesada que los jóvenes soportan y de la que son víctimas inocentes. Por eso abrimos una escuela de formación profesional. Para que el pasado no condene el futuro de una generación de jóvenes timorenses.

Llevo poco tiempo colaborando con Manos Unidas pero he visto que hacen un esfuerzo por comprender la situación que vivimos y las dificultades que encontramos para desarrollar los proyectos y esto es vital a la hora de sacarlos adelante.

Lola Pérez – Misionera de la congregación de las Hijas del Calvario (Zimbabue)

En Zimbabue me enseñaron su lengua pero, sobre todo, los valores de solidaridad, acogida y el dar aunque no tengas. Recuerdo a una mujer que me dio los dos huevos que tenía. Llegué a mi casa llorando. No le puedes decir que no… Te los dan de corazón.

Ahora me dedico a formar a nuestras monjas y a coordinar proyectos, pero durante muchos años me dediqué a la sanidad en el hospital Karyangwe, donde pasé la mayor parte de mi vida. Allí atendí muchos casos de malaria y de lepra. Salieron adelante, en gran parte, gracias a la financiación del hospital por parte de Manos Unidas, que es casi como mi segunda casa.

Hoy aún hay gente que come una vez al día… Es vital la ayuda para el desarrollo. Y Manos Unidas realiza sus proyectos sin mirar raza, color ni religión. Lo importante son las personas.

Jaime Absalón León – Corporación Claretiana Norman Pérez Bello (Colombia)

En el Resguardo de Caño Mochuelo tenemos un proyecto financiado por Manos Unidas que apoya a las comunidades indígenas en la soberanía alimentaria y el fortalecimiento organizativo para que puedan defender sus derechos.

Gracias al proyecto las comunidades cultivan ya varios productos de forma autónoma. Pero esta autonomía sigue ligada al derecho de los pobladores a la tierra, a que no sea invadida por intereses multinacionales o nacionales, a que se respete su cultura y que no sufran ningún acto de violencia.

Los indígenas de esta región tienen una práctica llamada wakena: cuando traen la comida la comparten en una fiesta; están felices. Celebran el propio compartir, la alegría del compartir. Podríamos aprender mucho de la wakena… Sería una buena senda para acabar con la codicia y la violencia en Colombia.

Juan Rey Catacora – Centro de Estudios para el Desarrollo Regional (Perú)

El Perú rural del altiplano necesita aún de manos solidarias. En este contexto se da la diaria lucha de instituciones y personas que en busca de su propio futuro encontraron una oportunidad de aprendizaje y se embarcaron en la aventura del desarrollo.

Manos Unidas es una de esas instituciones cuyo compromiso con la erradicación del hambre está vigente y ha decidido mantener su presencia en la región para desplegar su solidaridad con hombres y mujeres de todas las edades. De esta manera, el pueblo español visita las planicies altiplánicas; se pone al lado de los campesinos para construir juntos el futuro añorado y sacarle a la tierra la savia que da vida y, de esta manera, mirar un horizonte de esperanzas y realidades diferentes.

* Este artículo fue publicado en la Revista de Manos Unidas nº 203 (junio-septiembre 2017).

 

Publicado en Manos Unidas, Solidaridad | Etiquetado , , | Deja un comentario

solidaridad desde las aulas

Todavía no había terminado la carrera de Magisterio, en la Universidad de Castilla La Mancha, cuando Ramón Salvador Monsalve, natural de La Roda (Albacete), decidió hacer sus prácticas enseñando castellano en un campo de refugiados saharaui. Fue su primera labor de voluntariado, hace ya más de diez años y desde entonces no ha parado de trabajar por un mundo mejor. Después de su estancia en África, Ramón Salvador optó a una beca y se marchó a trabajar en distintos proyectos destinados a niñas y niños en situación de exclusión social en Honduras.

Hoy, desde Pamplona, casado y padre de tres niñas, este profesor de Educación Primaria, es voluntario de FABRE promoviendo la Educación para el Desarrollo en las aulas de Miravalles-El Redín, centro que forma parte de la Red de Escuelas Solidarias de Navarra.
“Mi vida profesional y personal siempre ha estado dirigida hacia la Educación para el Desarrollo (…) , con dos meses de voluntariado en Honduras no cambias la situación del país. El cambio viene cuando vuelves y cuentas tu experiencia e intentas sensibilizar a tu entorno de la situación que se vive allí ”.

 

 

Encargado de coordinar el proyecto de Escuelas Solidarias dentro del centro desde 2014, reconoce que la Educación para el Desarrollo es la herramienta perfecta para, desde el aula, “dar a conocer otras realidades y enseñar, por ejemplo, que no hay países pobres sino países empobrecidos, consecuencia de un mal reparto de la riqueza y del poder”.

En su esfuerzo por fomentar una ciudadanía global, Ramón forma parte del grupo de docentes que, de manera voluntaria, impulsan el proyecto de Educación para el Desarrollo que FABRE lleva a cabo con el apoyo del Gobierno de Navarra y la colaboración del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Navarra. Un proyecto centrado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que promueve que niñas y niños de Pamplona, Guatemala y Bolivia hagan realidad proyectos locales con los que contribuyan a lograr las metas globales.
Diseño y elaboración de materiales didácticos sobre los ODS, propuesta de actividades solidarias dentro y fuera del aula o búsqueda de nuevas personas voluntarias son sólo algunas de las acciones con las que Ramón apoya a FABRE.

Padre de familia numerosa y profesor a tiempo completo, ¿de dónde saca el tiempo Ramón Salvador? “Como docentes estamos obligados”, dice. “Soy de los que pensamos que la educación no es solo aprender las tablas de multiplicar. Creemos en la educación en valores, en virtudes humanas. Eso es lo que tiene que mover el mundo. Me importa que aprendan a leer y escribir, pero creo que participar en estos proyectos de EpD dejará un poso en su vida que ayudará a sacar adelante todo lo demás”.

En los próximos meses Ramón viajará a Guatemala con la Fundación FABRE para intercambiar experiencias y proyectos locales relacionados con los ODS. “Es emocionante para el alumnado ver que sus proyectos se comparten en otros colegios de otros países y que, aquí y allá, se hacen la pregunta: ¿Qué puedo hacer yo localmente para ayudar a que esos objetivos se cumplan?”.

Publicado en Fundacion FABRE | 4 comentarios