Lotfi El-Ghandouri: la vida en un post it

Lotfi  El-Ghandouri no entiende el significado de la palabra imposible y su lema es “actúa y verás”. Aunque nació en Túnez, se crió en Quebec y, a día de hoy, su vida transcurre a caballo entre Montreal y Madrid. A lo largo de los años ha aprendido a convertir las dificultades en retos para crecer y para llegar a ser un puente entre culturas y entre personas. Experto a nivel internacional en áreas de creatividad y talento, ciudadano del mundo y luchador incansable por la igualdad de oportunidades y la justicia social, Lotfi encarna a la perfección el prototipo del nómada del siglo XXI

Tengo la imagen de Lotfi El-Ghandouri indisolublemente unida a intensas sesiones de creatividad. Jornadas dinámicas y disruptivas que luego plasmamos en decenas de papelitos de colores a través de ejercicios de ideación. Cientos de post its pegados en las paredes de una sala de trabajo.

Pienso en él y me viene a la mente la imagen de un chef genial y alocado, inventándose una especie de ensalada trufada de miles de ideas, todas ellas insospechadas e inspiradoras. Alguien capaz de sacarte de la zona de confort de un salto. Más que un hombre, un volcán de entusiasmo y vitalidad que te enfrenta a la realidad desde un punto de vista diferente y que te obliga a dar un próximo paso, a pesar del vértigo o de la pereza. Ese es Lotfi. Un huracán capaz de poner cabeza abajo a su interlocutor y de sacar lo mejor de uno mismo a base de retos cotidianos, como si la vida misma pudiera resumirse en una idea brillante, escrita en un post it.

Leo en su biografía que ha conectado durante los últimos años con más de 53.000 personas en cerca de 430 espacios de reflexión, en más de 25 países. Y entonces comprendo las veces que le he escuchado hablar de que hay semanas que casi vive en el interior de un avión, atravesando países, océanos y continentes.

Es fundador de Creative Society Group, una consultora global especializada en generar ecosistemas de innovación, creador de la comunidad pionera de la red global de espacios colaborativos Impact Hub, y autor del best seller ‘El despido interior’, entre otros libros. Su trabajo le obliga a estar permanentemente activo, pero su energía tiene un origen mucho más esencial que le conecta directamente con el legado de su familia: “Mi padre siempre me decía algo que ha marcado mi rumbo: ‘te pueden quitar todo en la vida menos tu dignidad y tu libertad de pensamiento’. De él aprendí lo importante que es luchar por lo que crees y ser capaz de salir adelante con tus propios medios. Salir a la calle y buscar tu camino, no quedarte nunca quieto porque siempre hay cosas nuevas que aprender y la vida no deja de ofrecerte caminos y retos que superar”.

Lotfi no lo ha tenido fácil a priori. Proviene de una familia emigrante de origen marroquí-tunecino en segunda generación que tuvo que salir de África por necesidad, no por elección propia. Pioneros, emprendedores, gentes de carácter fuerte y defensores de firmes valores que sirvieron de ejemplo e imprimieron en Lotfi una manera de estar en el mundo que aún hoy sigue siendo fundamental para él: “Mis padres intentaron prosperar en el mundo de los negocios y lo tuvieron difícil, pero poseían un gran sentido de la justicia social y del trabajo como motor vital y de crecimiento, y eso para mí fue decisivo. Mi madre, por ejemplo, fue la primera mujer mecánica en Canadá, aunque había aprendido a leer y a escribir de adulta, con nosotros, sus hijos, ella luchó por llegar a donde quería y siempre me impresionó su fuerza y resiliencia”.

El mismo Lotfi me cuenta que fue mecánico desde los 5 hasta los 19 años: “Tenía que ayudar en el negocio familiar aunque odiaba los coches. Aprendía observando y buscaba hacer las cosas a mi manera. Necesitaba escapar y la vía de escape la encontraba en el arte. Así que mi padre me preguntaba de pequeño qué deporte quería hacer y yo le contestaba ‘bailarín’, aunque luego él me apuntaba a kárate. O si le decía ‘patinador’, él me decía que me iba a apuntar a hockey. Hacía lo que me gustaba y lo hacía de una forma disimulada. Buscaba formas de expresar mi creatividad, por eso el arte para mí siempre constituyó una forma de liberación, una vía de escape fantástica. Conseguí entonces ser coreógrafo de los 16 a los 22 años, entrenador de fútbol y de gimnasia. De esa manera se fue desarrollando mi vida, un poco a contracorriente, hasta llegar a encontrar mi propio camino”.

Esa máxima le ha ido funcionando a la perfección durante toda la vida. “Desde muy pequeño fui discriminado por varias razones: por mi nombre, por ser árabe, por ser musulman… así que yo me tomaba aquello como un reto, como una oportunidad de conocerme mejor. Me proponía no solo ser inmune a ese desdén sino convertirme en un puente entre culturas y que los demás llegaran a entender la riqueza de la diversidad y la oportunidad que supone relacionarse con personas diferentes, como era mi caso. Fue allí donde me di cuenta de que es en la oscuridad del desafío donde nos encontramos con nosotros mismos”.

‘El despido interior’ y ‘Te atreves’ son los dos libros que ha publicado en los últimos años y que recogen buena parte de su filosofía y su pensamiento, no solo en el mundo de la empresa sino ante la vida. Amparada en la idea de ser audaces para arriesgar en la incertidumbre y dar lo mejor de cada uno en todo momento”, su mirada poco ha cambiado con respecto a la de aquel muchacho que no se daba por vencido ante el boicot de quienes le hacían sentir diferente. “Soy diferente. Todos lo somos, ahí reside nuestra particular grandeza”.

Lotfi es un superviviente que “proviene de una familia de supervivientes“, me dice. “Lo peor que puede hacer alguien es rendirse. En la High School no tenía dinero, nunca tenía dinero, así que me las ingeniaba para conseguirlo. Trabajaba como entrenador deportivo y, como tenía las llaves del colegio, pues organizaba eventos privados entre los amigos para sacar algo de dinero. No era bueno en los estudios pero quería ir a estudiar al extranjero y conseguir un master”. 

Y así fue como se convirtió en uno de esos jóvenes capaces de cambiar el mundo sin pedir permiso: borrando de su diccionario la palabra ‘imposible’ y con dosis inmensas de tesón y fuerza de voluntad. Con esos ingredientes y algo de audacia se encontró con la posibilidad de ir a Colombia a realizar unas prácticas de Marketing, donde por cierto terminó impulsando una vía de estudio en dos idiomas que daría lugar a un Máster de Comercio Internacional.

Lotfi es padre de dos hijos de 7 y 3 años y, a pesar de que se ha convertido por méritos propios en una figura de relevancia internacional en el campo de la creatividad e innovación empresarial, no se olvida de los comienzos en su carrera ni de sus orígenes. “No quiero que mis hijos tengan esa natural mirada de admiración hacia su padre. Quiero que me vean como soy en toda mi vulnerabilidad. Nuestra gran fuerza como seres humanos reside en nuestra gran fragilidad. Entender esto nos hace capaces de conseguir cualquier cosa que nos propongamos”.

Hay una parcela que a Lotfi le define especialmente, más allá de su trabajo: el compromiso social. En los últimos años ha colaborado en la creación de dos ONG y un movimiento global de jóvenes por la igualdad de oportunidades: “Mi sueño es que ningún joven se quede sin estudiar por falta de oportunidades y seguir tendiendo puentes entre culturas para aportar mi granito de arena y crear una sociedad más integradora y abierta al diferente. El compromiso es algo que heredé de mi familia y que me hace seguir teniendo fe en la humanidad. Soy un soñador pragmático. ¿Qué quiere decir esto? Ante un problema, siempre hay que buscar una salida porque la hay, solo hay que dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para encontrarla. Las soluciones no vienen a buscarnos a nosotros, hay que salir ahí fuera y provocar que lleguen. Solo entonces aparecen”.

Le pregunto por su arma secreta y me responde sin dudar: “Soy un poco lunático, veo las oportunidades y no los obstáculos, eso ayuda”. Y se echa a reír con estrépito a la vez que su rostro vuelve a ser por un instante el rostro de un niño dispuesto a enfrentar cualquier nuevo reto que le ofrezca la vida.

 

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