Biznietos de Hemingway

Si Ernest Hemingway levantara la cabeza y viera a estos jóvenes americanos en su periplo por Pamplona, me atrevo a afirmar que estaría orgulloso de ellos e incluso se mostraría satisfecho al ver lo bien que han aprovechado el tiempo. En los 23 días que han pasado en la capital navarra han disfrutado de buena parte de los placeres que ofrece nuestra tierra y han saboreado hasta la última gota la esencia de nuestra cultura. Además -no está de más decirlo puesto que era el objetivo principal del viaje-, han aprovechado para enriquecer su experiencia como ingenieros en varias empresas de la zona, y hasta han estudiado castellano. 

Podrían ser los biznietos de Hemingway. Y no solo por edad sino por la capacidad de sacarle partido a su viaje y de exprimir hasta la última gota su estancia en Pamplona. No sé si han leído ‘Fiesta’, pero en poco más de 3 semanas han visitado instituciones y monumentos, han disfrutado de la gastronomía navarra, han conocido varias empresas, han visitado las ciudades de alrededor, se han convertido en fans acérrimos del juevintxo y hasta se han aficionado a las sidrerías y al chuletón.

La culpa de esta aventura la tiene un pamplonés, Joaquín Goñi Cortés, profesor de ingeniería en la Universidad de Purdue en Indiana que ha estado cerca de dos años preparando este viaje con la idea de acercar a sus alumnos a su cultura y de propiciarles interesantes aprendizajes profesionales en el entorno de las empresas navarras.

Todo empezó en noviembre de 2015 cuando su historia fue publicada en la sección ‘La diáspora’ de Diario de Navarra. A raíz de leer el artículo, Alfonso Larráyoz, director de Clen College, contactó con él para proponerle organizar conjuntamente el viaje. Así fue como se puso manos a la obra “haciendo gestiones de vez en cuando, contactando con empresas e ingenieros cada vez que venía de visita a Pamplona, dando forma al programa y organizando a este grupo de estudiantes que estos días está disfrutando de todo lo que nuestra ciudad ofrece al visitante”.

Joaquín es una de esas personas que vive con pasión todo lo que hace. Tanto, que su vida transcurre ya a caballo entre dos mundos y me sorprende detectar en su forma de hablar algo de acento americano: “A veces me lo dicen mis alumnos medio en serio medio en broma y resulta que va a terminar siendo verdad“, bromea. Lo cierto es que lleva ya seis largos años fuera de Navarra, desde que viajó a Estados Unidos en junio de 2011, cuando le surgió la oportunidad de hacer una estancia postdoctoral con el profesor Olaf Sporns en la Universidad de Indiana: “En un principio era para un año. Luego fui cambiando de puestos para finalmente conseguir una plaza de profesor en la Escuela de Ingeniería”.

Viéndolo interactuar con sus alumnos, Joaquín ya parece medio americano y eso que hay cosas que no cambiaría de Pamplona: “Cuando vives fuera, echas de menos pequeños detalles, cosas que para el que está aquí pasan casi inadvertidas. Dar un paseo por el Casco Viejo, ir a ver un partido de Osasuna, echar una partida de mus con los amigos o disfrutar de una sobremesa familiar“. Estos días que ha pasado en su ciudad ha estado tan ocupado que no ha podido hacer muchas de esas cosas, pero sin embargo, ha podido redescubrir Pamplona con los ojos de un extranjero.

El programa por el que los estudiantes americanos están en Navarra se llama ‘System Dynamics Modeling for Engineers’ y está organizado por la Universidad de Purdue y Clean College/Pamplona Learning Institute. El objetivo es ofrecer formación académica y modelos de prácticas profesionales, al tiempo que una experiencia cultural y vivencial para estos jóvenes universitarios.

Han visitado empresas y han recorrido buena parte de los monumentos y lugares emblemáticas de la ciudad, incluidos el ayuntamiento o la habitación donde se hospedaba Hemingway en el hotel La Perla, además de pasar un día en localidades como Ochagavía o San Sebastián. Han saboreado nuestra cocina y han podido empaparse del carácter navarro hasta sentirse, “enamorados” de nuestra forma de ser, según me cuentan.

Me interesa conocer sus impresiones acerca de muchos de nuestros estereotipos, rasgos y aspectos del carácter navarro. ¿Será verdad que se agobian cuando les saludan dándoles dos besos en la mejilla? ¿Les parecerá que lo de la siesta es un deporte nacional? ¿Creerán que nuestra relación con el alcohol y en especial con el vino es natural? ¿Qué pensarán de nuestros horarios en relación con las comidas, por ejemplo…? Tengo tantas preguntas que empiezo a lanzárselas como pelotas de tenis, mientras los tengo a todos sentados en una mesa para dar paso a una conversación conjunta.

Pamplona les encanta. Les ha gustado casi todo, me dicen, de una ciudad que definen como “moderna y llena de historia, fácil de manejar, pequeña y diferente, donde en cada rincón hay un poco de arte o uno se encuentra con las huellas del tiempo“. Les ha llamado la atención el ritmo de la ciudad, “que permite una actividad económica con importante proyección, a la vez que convive con espacios para el relax y para el disfrute cotidiano. No hay prisa, y sin embargo la actividad no cesa. Se ve que lo importante es la vida, más importante que producir o ganar dinero. ¡Y se puede caminar! El transporte público es limpio y seguro, funciona de maravilla, no hace falta estar todo el día con el coche de aquí para allá“.

No nombran la siesta, pero la sobremesa les ha gustado tanto que quisieran ser capaces de exportarla a sus vidas y seguir practicándola cuando vuelvan a sus casas. “Es el tiempo para la conversación, para disfrutar de los alimentos pero también de la compañía, y eso te permite aprender de los que te rodean. Un tiempo de encuentro con la familia o los amigos que en nuestro país no existe normalmente tras la comida del mediodía”.

Me cuentan que les ha sorprendido lo bueno y lo barato que es el vino en Navarra. Y el juevintxo. Ay, el juevintxo. Me dicen que lo van  a echar de menos, que no se han perdido ni uno y que han descubierto pintxos y productos que los tienen fascinados, sobre todo la txistorra, pero también algunos tipos de queso, las gulas, la cuajada y tantos otros productos. Piensan que la cocina navarra es “de muy alta calidad y no es pesada ni grasienta como ocurre muchas veces con la comida americana. Aquí, después de una comilona te llenas pero te sientes ligero“. También destacan especialmente el gusto y el cuidado por el detalle. “Desde el servicio, los manteles, los restaurantes y bares todos son diferentes y tienen su personalidad pero la mayor parte de los locales mantienen como un estilo común y una atmósfera exquisita”.

Los dos besos definitivamente los descolocan. Algunos de estos jóvenes ya habían estado antes en España y conocían  nuestra besucona tradición a la hora del saludo. Ellos lo llevan mejor, pero las chicas del grupo, algunas sobre todo, me confiesan que les hace sentir molestas “no saber cómo reaccionar y que un desconocido se tome la confianza de acercarse tanto y de besarme en el instante de conocernos. O el contacto visual directo, a veces es tan intimidatorio o más que los dos besos. La verdad es que no me siento nada cómoda. Estoy acostumbrada a que alguien desconocido se acerque a mí progresivamente, incluso que con la mirada se aproxime a mí poco a poco“.

En general, les llama la atención que la gente sea un poco seca,aunque educada y agradable“. Me cuentan lo distinto que es el concepto ‘cortesía’ aquí a como lo es en su país. “Allí es normal entrar a una tienda o un supermercado y que el dependiente te pregunte cómo estás, qué tal has dormido o destaque lo bien que te queda una prenda de ropa. Aquí –me dicen- se observa otro tipo de comportamiento mucho más callado aunque las personas sean educadas y correctas“.

O las mascotas. “En Estados Unidos puedes pararte en mitad de la calle a hablar con cualquiera que lleve una mascota y preguntarle acerca del animal. Aquí lo hice uno de estos días cuando me encontré en un parque con una persona que tenía un perro precioso, y me miró como si estuviera loca”.

Elegantes y con mucho estilo. Así nos ven. Dicen que les ha llamado la atención lo bien que viste la gente, que en su mayor parte los navarros se conservan delgados y en forma y que “incluso las abuelitas visten a la moda y van conjuntadas, van de peluquería y maquilladas“. También les choca mucho la convivencia.Que veas en los bares y en todas partes a gentes de todas las edades conviviendo y disfrutando sin importar que pertenecen a generaciones distintas. Eso no es posible en los Estados Unidos. Allí los jóvenes se relacionan con los jóvenes y se reúnen en unos locales determinados y la gente mayor en otros; o si comparten un local, unos están en una zona y los otros en otra distinta“.

Pero no todo lo que les llama la atención es en positivo. Por ejemplo, les resulta muy extraño y hasta un punto ofensivo ver a la gente bebiendo en la calle. “Es increíble que la gente salga a la calle con una botella de cerveza en la mano o estén junto a los bares bebiendo vino o alcohol sin importarles nada. Eso es algo que no deja de llamar mi atención y que no sabría decir si incluso me parece algo ofensivo o que puede llegar a molestar a personas con una alta sensibilidad al respecto“.

O la efusividad de algunas parejas en público: “No es nada habitual en mi país que la gente se bese o se abrace de una forma romántica e incluso con un toque sexual en plena calle, a la vista de los demás. No estoy acostumbrado a eso y cuando veo aquí que las parejas se besan, se cogen o se dan la mano a todas horas en público, se me hace extraño“.

Si les pido que me hablen de algunos de los aspectos que ellos consideran son fundamentales para nuestra cultura, me hablan de la historia, del hecho de que hayamos sido “capaces de preservar, mantener y actualizar nuestro legado y nuestra historia. Vayas a donde vayas todo tiene referencias a siglos pasados y todo está bien conservado y precioso. Es una maravilla constante”. Y también me hablan de la familia: “La gente sigue viviendo cerca de sus familias, viven en la misma ciudad que sus padres, y los abuelos pueden cuidar y convivir con los nietos, eso es algo poco habitual en Estados Unidos donde la gente se muda de una ciudad a otra o de un estado a otro muchas veces y lo habitual es que los hijos terminen viviendo a miles de kilómetros de los padres que a su vez viven a miles de kilómetros de los suyos“.

Yo les digo que eso de vivir cerca del lugar donde has nacido o donde vive toda tu familia no siempre es bueno. Te permite conservar tus raíces y estar cerca de los tuyos, pero a veces puede suponer un lastre y un impedimento a la hora de viajar, de conocer otras formas de vida o de arriesgarse a empezar de nuevo. Se quedan pensativos y asienten en silencio.

Para terminar les pregunto por sus sueños y quiero saber si esta ciudad que han descubierto es o no como pensaban. Me aseguran que no traían ideas preconcebidas, que venían a descubrirse y dispuestos a dejarse sorprender y que la sorpresa ha sido muy positiva. De hecho, entre esos sueños, casi todos han incluido un rinconcito donde pone “volver a Pamplona“.

 

 

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