Lucas: el niño que amaba a los gigantes

Lucas tiene cuatro años y atesora una colección de 58 gigantes de goma. La primera vez que salió a la calle, a los dos días de nacer era un 6 de julio en Pamplona, así que su primer contacto con el mundo tuvo como banda sonora la melodía de las gaitas y los txistus de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. Desde entonces, su día a día gira en torno a esos seres inmensos de cartón piedra que, según dice, “dan mucha alegría“. Su última hazaña ha sido construir junto con sus amigos de Enériz un gigante txiki que se llama Enero.

Me gustan mucho los gigantes porque bailan por las calles y por las ciudades y son bonitos y te ponen contento“. Así de sencilla es la razón por la que Lucas Heras Goñi, estudiante de infantil del colegio Teresianas de Pamplona, adora a esas criaturas que representan una parte fundamental de nuestro folclore. Me explica que “de pequeño me gustaban ya mucho porque movían muy rápido las faldas y siempre estaban bailando“, y me dice, sin asomo de duda, que de mayor quiere ser giganteropara llevar a los gigantes por las calles todo el tiempo”.

Lo cierto es que el caso de Lucas representa muy bien el de miles de niños de nuestro entorno que crecen fascinados por la Comparsa y que sueñan día y noche con cada uno de sus personajes. Pero cuanto más conozco a Lucas, más fascinada me tiene su pasión y su entusiasmo incansable por los gigantes. Su madre, Nuria Goñi, me cuenta que la cosa empezó como en casi todas las familias: “A su hermana Nerea le gustaban los gigantes así que desde muy pequeño, ya con pocos días de vida, nada más salir de la maternidad, hemos ido con él y su hermana a ver los gigantes, de todos modos posibles: en silleta, cochecito de bebé y luego paseando, siempre detrás de la Comparsa, en cuanto ha surgido la ocasión. Al principio Lucas conocía solamente a los gigantes de Pamplona, pero luego se fue aficionando y ahora conoce a todos los de Navarra con sus nombres e historias particulares. Los de los barrios, los de los pueblos y en los últimos meses ha descubierto los de otras provincias de España. Ahora está fascinado con los de Alcalá de Henares, y no para de mirarlos bailar en YouTube, especialmente a los que encarnan a Don Quijote y Sancho Panza“.

Sus favoritos son siempre los diferentes, en concreto le gustan mucho los de Villava y los de Cascante, me cuenta su madre, y su máxima ilusión es darse de vez en cuando una vuelta por las tiendas de souvenirs del casco viejo pamplonés para ver si tiene algún nuevo gigante de goma y aumentar así su colección.

¿Qué será lo que tienen los gigantes que vuelven locos a los niños? ¿Cuál es el secreto que guardan esas figuras de cartón piedra que hipnotizan con sus bailes a padres e hijos en las mañanas de San Fermín? Sea lo que sea se trata de un encanto milenario que viene de muy atrás en el tiempo ya que la Comparsa de Gigantes y Cabezudos ha estado presente en las celebraciones importantes de Pamplona desde el siglo XVI y, aunque en el XVIII se perdió esta tradición, se pudo recuperar un siglo más tarde gracias a los seis gigantes que se conservaban en la Catedral de Pamplona.

Miro a Lucas mientras me enseña su gigante de tamaño casi natural, un indio con tocado de plumas que le regalaron sus padres hace pocos meses. Compraron de segunda mano este gigante para Lucas y otro para su hermana Nerea a una pareja que los había construido para sus hijos y que, al crecer los pequeños, ya no querían conservarlos. Para Lucas es un objeto casi de culto. Lo mira, se mete dentro de él, comienza a bailarlo, canturrea una melodía de las que bailan la comparsa y, al poco rato, me doy cuenta de que ha ido a por su disfraz de gigante “para estar los dos iguales“, me dice, en consonancia con su gigante apache.

Su entusiasmo no tiene fin – me dice Nuria-. Le encanta verlos bailar, jugar con sus figuras de goma, ponerse su disfraz y bailar a su gigante, pero otra de sus aficiones favoritas es verlos bailar en YouTube. Se puede pasar horas viendo vídeos en los que gigantes de todas partes bailan y recorren calles de los lugares más diversos. Y mientras los mira, muchas veces le encanta vestirse de gigante y bailar al mismo son que ellos. Además lo mismo le da su disfraz de Josemiguelerico (el gigante que encarna al Rey Europeo de Pamplona) que igual se pone un disfraz de princesa de su hermana o se arma uno él solo con servilletas de la cocina, todo vale“.

Parte de nuestros fines de semana y vacaciones nos vamos de tournée con las comparsas de gigantes de Navarra. Lucas suele seguirles la pista de todos modos posible y muchas veces ve en internet que hay gigantes en tal o cual pueblo y para allí que nos vamos. Disfruta tanto que consigue contagiarnos su afición por los gigantes a toda la familia“, me explica la mamá de Lucas.

La historia confirma que las circunstancias en torno a cómo se construyeron los gigantes de nuestro entorno está llena de anécdotas y la escribieron hombres que soñaban con viajar a otros mundos. Gran parte de las esculturas de cartón piedra que actualmente encarnan a la Comparsa se crearon hace ciento cincuenta años. Exactamente en 1860, cuando el Ayuntamiento de la capital navarra encargó a Tadeo Amorena la construcción de cuatro parejas de gigantes: un rey y una reina por cada uno de los continentes -América, África, Europa y Asia, puesto que en aquella época aún no había noticias de Oceanía-.

Y la vida, aún a otra escala, repite ciertos patrones que me hacen recordar a Tadeo Amorena. Esta tarde, Lucas me invita a acompañarle a su taller de construcción de gigante, en la localidad de Enériz, donde viven sus abuelos. Son cerca de una docena de niños de entre 3 y 8 años que, desde hace seis meses se reúnen dos veces al mes, los sábados por la tarde, para construir entre todos un gigante txiki para el pueblo. Al frente de la actividad está Cristina Calvo, monitora del ‘Taller del Señor Enero‘, como se llama el gigante: “Está siendo una experiencia preciosa y los niños están aprendiendo muchas cosas, no solo acerca del proceso de crear una figura de estas características, sino que está suponiendo para ellos una auténtica inmersión en el mundo del gigante”.

La idea de construir un gigante para los más pequeños del pueblo surgió de la madre de uno de los niños, según me explica Cristina: “Tengo una academia donde imparto clases de pintura y ella vino un día al taller y me propuso la idea para que los niños de Enériz tuvieran un gigante y disfrutaran del proceso de crearlo ellos mismos. La verdad es que la idea me gustó mucho, preparamos el proyecto y comenzamos en noviembre del año pasado. La idea era que los niños lo vivieran y lo sintieran y para ello hemos contado con la ayuda de muchas personas. Los padres de algunos han construido el armazón, las madres han colaborado en otras tareas de organización y algunas tías están cosiendo el vestido de Enero, así que ha sido una tarea comunitaria, aunque los protagonistas principales sean los niños”.

El gigante Enero (de Enériz) estará terminado en breve y será presentado en sociedad en el mes de julio, durante las fiestas. Pregunto a los más pequeños por el taller y tengo que poner orden para que no me respondan todos a la vez porque están encantados. Iñaki Torres me dice que le gusta participar en la construcción de Enero porque “así tendremos un gigante para los más pequeños“. Iker Mina añade que quiere poder bailarlo y que ya queda poco para que puedan hacerlo en las fiestas. Lo mismo piensa Arnotegui Villamayor: “Me lo paso muy bien y me gusta que llegue el sábado de hacer el gigante“.

Salimos del taller y Lucas organiza toda su colección de gigantes en dos grandes bolsas para llevárselas de vuelta a casa y colocarlos en orden en sus respectivos lugares, alrededor de su cama. La mamá de Lucas me termina contando que la casa también se ha convertido en una especie de parque temático: “Tenemos todo lo que existe acerca de los gigantes: figuras de goma, como se puede ver, disfraces, cuentos, vídeos, libros… todo. Son parte fundamental de la vida de Lucas y lo que está claro es que le encantan, le acompañan y le hacen feliz”.

Es probable que Lucas aún no sepa que los gigantes existen en 90 países, con orígenes muy diversos tanto en África como en Asia y Europa. O que al llegar los primeros europeos a América diversas tribus ya poseían gigantes.

Puede que Lucas aún tarde algún tiempo en conocer el origen de la tradición en España, que data de la Edad Media, cuando las tierras de la península en la zona musulmana tenían prohibido por el Corán representar seres vivos y al avanzar la reconquista, con sus repobladores cristianos desplazando a los pobladores musulmanes, o asentándose en poblaciones separadas, aquéllos llevaron consigo sus tradiciones…

A Lucas le va a encantar saber que el Reino de Navarra fue durante mucho tiempo el modelo en la tradición de los gigantes y, de hecho, las primeras referencias escritas en novelas datan de 1201 en Pamplona con tres gigantes que representaban a tres personas de Pamplona: Pero-Suciales (leñador), Mari-Suciales (aldeana) y Jucef-Lacurari (judío), y que con el paso de los años, la tradición de los gigantes, fue extendiéndose por España y por el mundo entero.

Pero todo esto es otra historia, y la de hoy ha dejado agotado a Lucas, que ya vive su propia aventura en sueños, de la mano de su otro gigante, Basajaun, que cada noche le acompaña a la hora de ir a dormir.

Buenas noches y dulces sueños, pequeño gigantero.

 

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2 respuestas a Lucas: el niño que amaba a los gigantes

  1. Teresa dijo:

    La verdad Belén, después de leer el club de lecturas allá donde residisteis unos años, y que era con vecinas de otra cultura… el que más me gusta de sopa de letras, es el de Lucas y sus gigantes, porque será? Muy bien por Belén Galíndo

  2. Ena HAVEN dijo:

    Es algo tan feliz apreciar el mundo de felicidad que le dan los gigantes al pequeno Lucas. Que Lucas continue en su gozo de estas aventuras.

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