Cinco horas con Fernando

Estoy en la estación y faltan cinco minutos para que llegue el tren. Ahí viaja uno de los grandes escritores de nuestras letras, Fernando Aramburu, que hoy pasará la tarde en Pamplona para presentar su último libro, ‘Patria’, una auténtica gesta literaria que está conmocionando a lectores de media Europa. Llevo tiempo esperando este día. Miro el reloj y me siento afortunada: tengo por delante cinco horas con Fernando.

Le veo caminar, acercándose hacia donde yo estoy, desde la zona más alejada del andén y su aspecto sigue siendo personal como pocos. Tiene un aire inconfundible de escritor y de intelectual sobrio del norte, como si su propia trayectoria vital, a caballo entre su San Sebastián natal y Alemania -donde vive hace 30 años-, se hubiesen aliado para darle también un estilo propio. Viste de gris, con gorra plana de invierno, barba blanca muy cuidada, gafas, abrigo de espiga y elegante bufanda anudada al cuello. La nota discordante la pone su calzado, que rompe el esquema y llama mi atención: unas zapatillas deportivas negras con rayas blancas que aportan el tono reivindicativo del joven espíritu de un Aramburu que nunca deja de sorprender ni de aprender.

Me saluda con afecto y le abrazo dándole la bienvenida. No es la primera vez que tengo la fortuna de pasar unas horas con Fernando Aramburu y me emociona compartir unas horas de vida con alguien como él, alguien a quien admiro, alguien que despierta en mí las ganas de querer ser mejor persona y alguien de quien siempre aprendo, gracias a su obra literaria en este caso.

Le ofrezco la posibilidad de comer algo ligero antes de comenzar la ronda de entrevistas y presentaciones que le esperan y me cuenta que ya ha comido algo en el tren y que, además, desde que comenzó a cuidar un poco más su alimentación, hace cosa de un año, su estómago reclama cantidades menores de alimento. Me fijo enseguida en que ese reclamo menor de alimento se nota en su aspecto y ha dado como resultado una figura mucho más esbelta y, según me cuenta más tarde, una sensación de ligereza y bienestar físico que le hacen sentirse mejor tras perder varios kilos.

Aramburu es un hombre tranquilo, cortés y amable. Su voz es pausada, su conversación inteligente y amena.  Me llama la atención su mirada de ojos claros, como escrutadores, no sé bien si son verdes o grises, quizá porque uno tarda en darse cuenta incluso del color de sus ojos, semiocultos tras las gafas y tras unos rasgos poderosos que ratifican su origen vasco. Me dice que se siente muy bien en Pamplona, porque “siempre me ha sido favorable. Desde los primeros libros, cuando apenas nos juntábamos una docena de amigos y lectores a comentar los libros, hasta hoy, que me cuentas que se agotaron las invitaciones para la presentación del libro en menos de dos horas, me siento muy bien tratado y querido en Pamplona“.

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Mientras se fija en las calles y observa a la gente, me cuenta que viene de presentar ‘Patria’ en Burgos, y que lleva de ciudad en ciudad varios días, “casi sin pensar en qué hago o a dónde tengo que ir. Miro la agenda que me ha preparado la editorial y me dejo llevar. Disfruto mucho de la  presentación del libro. Este libro además es especial para mí, pero también ansío ya estar en mi lugar, en mi casa, en un rincón de mi hogar y poder hacer balance de todo lo vivido estos meses“.

Porque esta novela está suponiendo un auténtico torbellino literario y vital para él, desde que se publicó hace un par de meses. “Estoy sin parar, sorprendido, agradecido y arrollado por el éxito y la acogida”, me dice. No es de extrañar. ‘Patria’  aborda un periodo de tiempo de 40 años y, en  648 páginas, cuenta la historia de dos familias que viven en un pequeño pueblo del país vasco y que se ven enfrentadas por el terrorismo de ETA y sus consecuencias fatales. La historia no es lineal pero llega hasta prácticamente nuestros días, con la  tregua de ETA, destapando en cada una de sus páginas las miserias y el devenir de una sociedad enferma.

Mientras charlamos el tiempo vuela y es momento de dar paso a la primera entrevista de la tarde. Frente a las cámaras de Navarra Televisión le explica a la periodista Amaia Madinabeitia: “Siento que me he quedado vacío, como si hubiera puesto tanto de mí en este libro, tanto que necesitaba contar, que hay una parte de mi persona que ha quedado depositada en esta historia“. Lo afirma de la misma forma que cuenta que, para escribir esta novela, no ha tenido que buscar registros ni datos ni documentarse en cuanto a ninguno de los temas que aborda “porque todo eso lo he vivido en primera persona. Me crié en San Sebastián y de niño mamé esa forma de hablar tan del norte, ese lenguaje sencillo, con esa sintaxis tan concreta, llena de sobreentendidos, parca en palabras y poco florida. He vivido desde niño en un vecindario que podría dar pie a muchas de las escenas cotidianas que cuento en la novela y lo he hecho porque yo quería que los personajes de ‘Patria’ hablaran como se habla en la calle“.

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El fenómeno ‘Patria’ no ha hecho más que empezar. En un par de meses ya se ha convertido en una de las novelas más importantes del año en España. Y esta ya a la venta en varios países, incluyendo Suecia o Gran Bretaña, además de contar con la traducción a siete idiomas, lo que no es más que el inicio de un viaje que va a consolidar definitivamente la proyección internacional de Aramburu. “La recepción está siendo descomunal“, dice el escritor con una humildad y naturalidad que le engrandecen más aún. “Tenía la esperanza de que funcionara porque he querido hacer un ejercicio extremo de realidad desde la literatura en esta novela. He querido abrir a los personajes como si fueran una nuez y que eso llegara al lector, pero es que la buena acogida se ha convertido en una bola de nieve que no deja de crecer y que a ratos me desborda. Me siento agradecido“.

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‘Patria’ es mucho más que un libro. Desde mi punto de vista, le comento mientras nos movemos por la ciudad de un medio de comunicación a otro, ‘Patria’ es una experiencia, fruto de una vivencia colectiva de miedo, terror, sufrimiento y odio. Quien más quien menos, en Navarra y el País Vasco, nos hemos visto afectados por el terrorismo de ETA de una forma o de otra. Durante décadas, ese ambiente de miedo y de temor, de desconfianza y de violencia, impregnó todas y cada una de las capas de la sociedad. Y de forma especial en lugares y pueblos pequeños como el que se refleja en la novela y donde el ambiente llegó a ser asfixiante y claustrofóbico.

“Hay distintos niveles de lectura y de comprensión de lo que  se cuenta en el libro“, cuenta Aramburu a Maite Moro, en los micrófonos de la Cadena Cope. “Hay lectores que lo leen con curiosidad literaria y con ansia de conocer desde otra perspectiva lo que cuento. También están los que se vieron más afectados por el entorno terrorista y su lectura es mucho más personal e incluso dolorosa porque les despierta vivencias y emociones difíciles de superar. Creo que había que escribir este libro. Yo al menos necesitaba escribirlo. Estas vivencias que se recogen en ‘Patria’ no llegaban a la prensa en los años del terrorismo activo de ETA. A la prensa llegaba lo espectacular: el cuerpo de un asesinado con un charco de sangre cubierto por una sábana blanca. Pero el día a día, ese odio y ese sufrimiento a goteo, eso no trascendía salvo que estuvieras viviéndolo en primera persona. Y eso es lo que intento contar“.

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Los tiempos son importantes para un escritor como Fernando Aramburu que ya se había aproximado al tema del terrorismo en el libro de relatos ‘Los peces de la amargura’ (2006) -premio Vargas Llosa, premio Dulce Chacón y premio Real Academia Española-, en la novela ‘Años Lentos‘ (2012), e incluso en ‘Fuegos con limón’ (1996), pero nunca hasta ahora se había hundido en las raíces como lo ha hecho con ‘Patria’. ¿Por qué? “Porque ahora era el momento. Porque sentía que había llegado el tiempo de ponerle nombres y voces a esos hechos desde un punto de vista literario y desde mi propia perspectiva. Porque necesitaba hacerlo y contarlo“.

Por eso probablemente está disfrutando de una forma especial de la promoción de esta novela. Porque le está permitiendo recoger las impresiones de esos lectores a los que indirectamente se dirige. “Me gusta escuchar a tanta gente que tiene algo que decirme al respecto de la lectura de ‘Patria’. Algunos llegan a mí emocionados porque se han sentido identificados o porque son familiares de algún asesinado por ETA o porque también ellos vivieron en su entorno escenas y situaciones cotidianas de ese tipo. Y cada lector hace una personal lectura de un tema que les ha afectado directamente o no. Eso es lo interesante de este libro que tiene una parte importante  de vida y de realidad, aunque no deje de ser una creación literaria”.

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Estamos ya en la última parada de la tarde, en la sede de Diario de Navarra, en la histórica calle Zapatería de Pamplona, donde le entrevista la periodista Laura Puy Muguiro y donde, por fin, Aramburu tiene tiempo de sentarse y dejarse llevar por un ritmo de entrevista más pausado y relajado, casi con una hora por delante.

Rodeados de libros, en esa sala que desde hace casi una década acoge a los principales escritores del país y que se ha convertido ya en una especie de oráculo para lectores y escritores, observo a Fernando Aramburu y pienso en el recorrido que ha tenido que realizar este descomunal escritor, para llegar hasta aquí. Es la cuarta ocasión en que se sienta en este sofá para ser entrevistado o para conversar con sus lectores, pero el Fernando que viene hoy a presentar ‘Patria’ ha alcanzado una madurez como escritor que muy pocos alcanzan. Y me puede la emoción al tiempo que vienen a mi memoria algunas de las escenas más estremecedoras y conmovedoras del libro y reflexiono acerca de su capacidad como escritor para llegar directo al núcleo. Pienso, no sé muy bien por qué, en una idea que creo que es apropiada para calibrar la trayectoria profesional de Fernando Aramburu tras décadas dedicado a la escritura y al análisis de la realidad: pienso en la forja de un escritor de raza como él.

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La última cita de la tarde es en el Club de Lectura de Diario de Navarra. Escenario de la presentación en Pamplona de la novela ante más de un centenar de lectores y amigos que llegan emocionados, interesados y entregados a escuchar a un Fernando Aramburu en la plenitud de su carrera como escritor y en uno de sus mejores momentos vitales. Bajo la batuta experta del periodista José Ignacio Roldán y durante casi dos horas, el escritor y sus lectores mantienen una danza alrededor de la sinfonía literaria que marca el libro. Y el tiempo deja de ser importante porque se da esa comunión única que sienten quienes comparten lectura y experiencia, más aún cuando quien habla es el autor de la obra.

Ha habido tiempo para la literatura, para la charla más mundana, para las confidencias y para el encuentro con periodistas y lectores. Ha habido tiempo para hablar del dolor y también de la esperanza y ha habido, además, un algo especial que transmite Fernando Aramburu, como una luz. Al menos así lo he sentido después de haber podido acompañarle y escucharle durante estas cinco horas. Pero especialmente después de que nos hemos dado cuenta de que ambos compartimos la misma máxima vital. Ha sido mientras hablábamos de un asunto cotidiano, algo que nos llevaba a pensar en todas esas veces que por miedo, por falta de ilusión o por falsos pudores dejamos pasar oportunidades que nos brinda el día a día para vivir y disfrutar de algo especial.

Aprovechar cada instante de vida, porque la vida es muy corta. Eso es lo que importa. No sé quién de los dos lo ha dicho pero lo cierto es que estábamos de acuerdo. Totalmente de acuerdo contigo, querido Fernando.

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