Me pone un cortado y un libro, por favor

 

Leer es un placer. No hay más que detenerse un momento a pensar en la sensualidad que trae consigo el hecho de oler el papel en que ha sido impreso un libro, observarlo, tocarlo y acariciarlo, mirarlo, leerlo en alto o escucharlo en voz de otra persona. Pero aún hay más. Si a todo esto, le sumamos el sentido del gusto, y la posibilidad de saborear un buen café, tenemos ya una auténtica sinfonía sensorial que suena a las mil maravillas en los deliciosos cafés-librería que proliferan en Europa y en especial en Estados Unidos.

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Ya no es cuestión de modas. Hará unos veinte años que llegaron a España los primeros cafés-librería con la intención de seguir una tendencia fundamentalmente americana, pero también francesa y alemana, y con el ánimo de rejuvenecer un sector que entonces podía parecer algo achacoso y apolillado en algunos casos, como es el del libro. Los aires nuevos de aquellos espacios donde el aroma a café recién molido se fundía con el clásico olor del papel, fueron acogidos con entusiasmo por buena parte de los lectores que vieron cómo se fusionaban dos de sus aficiones en una sola.

La mayoría de los lectores y consumidores habituales de las librerías adoran tomarse un café o una infusión, detenerse a leer al cobijo de una taza humeante con un libro al lado, compartir mesa y charla con otros lectores y poder alternar sorbo y página: es un binomio perfecto. De ahí que, lo que comenzó siendo una tendencia un poco experimental y que podía encontrarse sobre todo en las grandes ciudades, se extendió poco a poco también a las provincias. Pocas son las ciudades españolas que no han visto abrir las puertas de uno de estos cafés-librería…. aunque fuera para volver a cerrarlas en breve al darse cuenta de que no siempre el negocio resultaba viable. En parte porque nos falta cultura de este tipo de establecimientos y la mayor parte de los clientes acudían a tomarse un café, con su propio libro bajo el brazo, atraídos por el ambiente intelectual y bohemio que crean estos locales, y la buena compañía que propician, pero se olvidaban de comprar.

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La culpa de que estas librerías-café no siempre prosperaran en buena parte hay que echársela a la falta de costumbre. Como digo, aún no estamos habituados a pasar por una librería y comprar un libro, en un mismo local donde también se toman cafés. Y muchos de estos establecimientos terminaron convertidos en bares o cafeterías, porque a eso de alternar y de tomar un pincho y charlar (con o sin libros), a eso sí que estamos acostumbrados.

Aún así, hay honrosas excepciones que dan muestra de que una idea buena, bien desarrollada termina dando sus frutos. Y de hecho, ahora mismo, en pleno boom emprendedor como antídoto para salir de la crisis, de nuevo proliferan los negocios híbridos. Bien sea con este formato del café-librería, sumado a las actividades culturales y de fomento de la lectura; bien sea el del café-bar-degustación, donde el maridaje entre la literatura y la gastronomía está servido, estos locales llenos de encanto siguen haciendo las delicias de los lectores amantes del ambiente intelectual que suma, además, los placeres culinarios a los literarios.

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Pienso en todo esto y miro el lugar donde me encuentro: estoy en B&N, una de las tiendas de la mayor librería de los Estados Unidos. Con sede central en Nueva York, cuenta con más de 700 establecimientos en todo el país, además de 640 librerías universitarias y sigue facturando cantidades impensables para el sector del libro en nuestro país. ¿Cuál es la clave de su éxito? Difícil dar con la respuesta adecuada así de buenas a primeras. Pero echo un vistazo alrededor y observo.

La librería cuenta con una cafetería, perteneciente a otra de las grandes cadena americanas, donde a esta hora de la mañana se dan cita personas de toda índole. No solamente veo al perfil de lector al uso, sino que en la mesa de al lado hay estudiantes haciendo un trabajo con un ordenador portátil, en la de más allí veo un par de jóvenes mamás con sus bebés, un poco más al fondo, un anciano. Heterogeneidad.

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Y en la librería, también la observo: la gente entra y sale, a veces compran, otras tan solo han hojeado un par de libros, quizá estaban de paso en el centro comercial; y no solo hay libros. En esta librería venden casi de todo lo que tiene que ver con el ocio, los juegos, la didáctica, las manualidades, papelería, electrónica. Pienso en que quizá la clave es que han logrado un espacio abierto, a modo de terraza, de calle de paso, de lugar de encuentro, donde al fin y al cabo, también venden libros.

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8 respuestas a Me pone un cortado y un libro, por favor

  1. Inaxio dijo:

    Como se dice comúnmente, es un maridaje excelente. Hay un tercer elemento cuya ausencia me hace pensar: si en USA ponen música en estos locales o eligen el silencio. En España se da por hecho lo primero. En Francia, sin duda, apuestan por lo segundo o, al menos, eligen los temas y reducen el volumen hasta un nivel agradable.
    Dices bien, todavía resisten algunas en nuestro país. Es el caso de La Hormiga Atómica en la calle Curia. El café y la música no es sólo apretar un botón. Son elegidos. Por supuesto los libros. Resultado, un ambiente agradable y afrancesado.
    Que cunda el ejemplo.

    • Belén Galindo dijo:

      Hola Inaxio, estoy contigo en que tenemos buenos ejemplos que confirman eso de que el maridaje en los negocios que suman los libros y un buen café puede funcionar. Sobre la música, aquí no la hay: eligen el silencio! Como los franceses, prefieren escuchar el sonido de la imaginación, o el tintineo de las tazas. O ambos a la vez… Un saludo, con café de fondo. 😉

  2. Isabel dijo:

    Estoy totalmente de acuerdo que no hay mayor placer que leer un libro al calor de un buen café o infusión. Es cierto que en Pamplona los chicos de la Hormiga lo están haciendo estupendamente. El local es súper agradable, y ellos controlan de libros como para recomendar e, incluso, encontrarte libros que no están en Pamplona.
    No obstante, si en las librerías de EEUU, pusieran el café en una taza como dios manda, en vez de en vasos de cartón ( que odio ), el café nos sabría, sin duda, ¡ mucho mejor!

    • galindob dijo:

      Tienes toda la razón, Isabel. Un café ahí no sabe más que a papel. Donde esté una taza de las de toda la vida… o si me apuras, incluso un vaso de cristal! Gracias por vuestros comentarios y un abrazo!

  3. El concepto es chulo, claro que sí, pero veo esas grandes cadenas y no sé, no sé, me quedo con las librerías de barrio.

    Y yo también soy de Hormiga Atómica.

    • galindob dijo:

      Lo ideal es poder elegir, no te parece, Carlos? Y que las grandes cadenas (y el sistema, y los que compramos libros, que somos todos) permitan un espacio para la supervivencia de estas librerías de barrio nuestras, con tanto encanto, dedicación y pasión por el arte de compartir libros. Ahí está el quid de la cuestión, creo yo. Un abrazo lector!

  4. Librófila dijo:

    El concepto librería-cafetería lleva muchos años. Aquí en Pamplona por lo menos 5, con el espacio que ya otros usuarios han comentado, La Hormiga Atómica, un lugar donde compartir, encontrarse y disfrutar de un muy buen café pero también de conciertos, presentaciones, charlas…. El caso de B&N no sé si es el mejor para exponer, en mi paso por NY también me encontré con lugares más pequeños, más cálidos, con mayor interacción entre lectores y libreros. Y en otras ciudades también, Berlín, Londres, Buenos Aires, Zaragoza… Creo que esa es la clave. El intercambio y convertir a estos espacios en verdaderas usinas de cultura… y si es fuera de centros comerciales, mucho mejor!

  5. Open your mind dijo:

    Me encanta el ambiente que se respira en esos sitios, me encanta el café en vaso de cartón, el ir y venir de la gente y el puntito intelectual que se respira.
    No conozco La Hormiga Atómica, pero iré (llevaré un clavel rojo en la solapa); en cambio he estado en Oxford y Londres en librerías maravillosas que quitan el hipo, maravillosas! Tapizadas, con escaleras que suben bajan, con espacios cerrados y sillas, para consulta y lectura rápida; y abiertos con cafetería desde donde se puede ver el trascurrir de la gente en calle, periódicos, musiquita y un ambientito maravilloso…
    Como negocio, lo desconozco, como lugar de encuentro, lectura y compra: maravilloso!
    Gracias!

    PD: Si no hay claveles, llevaré una rosa china.

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