Harry Potter me cae mal

Mal de poner los ojos en blanco y dejar que rueden a lo loco en sus cuencas. Pero no es porque sí, no vayáis a pensar: el niño que sobrevivió me cae ‘regulero’ porque es, y lo digo con el cariño de haber crecido leyendo sus aventuras, un cansino.

Reconozco que en el primer libro Harry Potter es un niño que cae bien. Es pequeñito e inocentón, lleva gafas redondas y ropa más grande que él, tiene una cicatriz con forma de rayo y vive en casa de sus tíos, los Dursley, unos tipos despreciables que fruncen constantemente el ceño y, estoy segura, huelen a col (es que a mí el olor a col no me gusta nada).

Se creen gente respetable, pero ni por asomo lo son, y hay algo además que les da mucho, mucho miedo: que se sepa que la hermana de la señora Dursley fue una bruja; una con poderes, varita y capa. Así que hacen de todo por que su sobrino pequeño, que vive con ellos desde que murieron sus padres, no se entere de que la magia existe. Pero la magia, ah, te encuentra si así lo desea, y la magia quiere a Harry Potter, aunque viva en el hueco de la escalera. Porque Harry fue el niño que sobrevivió al mago más tenebroso y feo de todos los tiempos, y está destinado a ser un gran héroe.

Hasta ahí, bien, me gusta. Y cuando Harry ingresa en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, me gusta más. Porque, caray, menuda escuela, no hay niño en este mundo que no haya querido estudiar en ese castillo: escaleras que se mueven, cuadros que hablan, bosques prohibidos, unicornios, escobas voladoras, hechizos para abrir puertas, pociones, cerveza de mantequilla, grajeas de todos los sabores (hasta las hay de vómito), fantasmas casi decapitados

hp

En Hogwarts Harry conoce a quienes serán sus mejores amigos, Ron y Hermione (que se pronuncia ‘Jermáyoni‘ pero todos decimos ‘Ermión’). Y cuando digo amigos, quiero decir también salvadores, porque no tengo dedos ni en las manos ni en los pies para contar las veces que Ron y Hermione salvan la vida al niño que sobrevivió.

Comienzan a sacarle las castañas del fuego ya en la primera de las siete novelas que componen la saga; desde entonces, Harry empieza a mutar de niño mono a niño/adolescente cansino. Que si El Que No Debe Ser Nombrado mató a sus padres, que si qué dura es la vida del héroe, que si ha visto a su padre convertido en ciervo, que si sólo él podrá salvarlos a todos, que si mejor no le acompañes porque es peligroso estar a su lado, que si para qué contar a los profesores que hay un maligno correteando por ahí, que si le duele la cicatriz.

Ay, Harry, Harry, Harry… Otra cosica son sus salvadores; sobre todo Hermione, una bruja de armas tomar.

hermione

Sin ella, Harry habría muerto en el primer libro, ¡y qué habría sido de nosotros sin esta historia! Tan bien contada (gracias, Rowling), tan bien hilada, tan bien ambientada… Tan bien todo, porque hasta el cansino de Harry termina por gustar. Gusta, no os digo más, hasta Draco Malfoy, ese niño rubio y repeinado que juguetea con el lado oscuro; y gusta, cómo no, hasta el profesor Severus Snape.

J. K. Rowling dibujó un pequeño paraíso lector en estos libros, con los que se ríe, se sonríe, se dispara la adrenalina y se llora (la muerte de la mamá de Bambi no es nada comparada con las de A, B, C y D). Os recomiendo leerlos tanto como podría recomendaros un gofre, una pasta al pesto o unos trocitos de sandía.

Y esto, claro, es como en el anuncio: si no os gustan, os devuelvo vuestro dinero tiempo.

Ahora debo irme.

byebye

En el gif, un seductor.

¡SPOILER!
¡EN SERIO!
Mis A, B, C y D son snıɹıs, ƃıʍpǝɥ, ʎqqop y ǝdɐus.

Acerca de Alba Úriz Malón

Filóloga, periodista, música, bloguera, gatuna, vegetariana, chocolatera y del precioso norte que me parió (el orden de los factores no altera las cosillas).
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6 respuestas a Harry Potter me cae mal

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  5. Harry el puerco dijo:

    A mi me caes mal tu, pavo.

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