BLADE RUNNER 2049

Título original. Blade Runner 2049. Año.2017. Duración. 163 min. País. Estados Unidos. Director. Denis Villeneuve. Guion. Hampton Fancher, Michael Green (Historia: Hampton Fancher. Personajes: Philip K. Dick). Música. Hans Zimmer, Benjamin Wallfisch. Fotografía. Roger Deakins. Intérpretes. Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Jared Leto, Sylvia Hoeks,Robin Wright, Mackenzie Davis, Carla Juri, Lennie James, Dave Bautista,Barkhad Abdi, David Dastmalchian, Hiam Abbass, Edward James Olmos. Warner Bros. Pictures / Scott Free Productions / Thunderbird Films / Alcon Entertainment.

Arranca Blade Runner 2049 con una clara intención de vincularse con su predecesora, no solo en lo visual y lo sonoro, sino recuperando la escena inicial de la primera entrega (https://www.youtube.com/watch?v=37pQKgwsF94) que no llegó a rodarse. Toda una declaración de intenciones. La elección como director de Dennis Villeneuve, uno de los creadores más personales del momento (Incendies, Prisoners, Enemigo, Sicario, La llegada) es otra. Diáfana. Tanto como volver a dejar el guion en manos de su padre original: Hampton Fancher. Esta vez, sin embargo, sin reescritura del gran David Webb Peoples (Blade Runner, Lady Halcón, Sin Perdón, Doce monos), sino acompañado al piano por Michael Green, más acostumbrado a la narrativa de hoy, tanto en la gran pantalla —Linterna verde, Logan, Alien: Covenant—, como en la (cada vez menos) pequeña —Héroes, The River, Everwood, Smallville—.

Y es ahí donde la película queda tocada.

Porque Blade Runner 2049 no es más que un artefacto estético maravilloso construido gracias al trabajo del genial Diseñador de Producción Dennis Gassner (Big Fish, SkyFall, El show de Truman, Camino a la perdición o Barton Fink entre otras) y del Director de Fotografía Roger Deakins (Barton Fink, Cadena Perpetua, Fargo, El gran Lebowski, El hombre que nunca estuvo allí, No es país para viejos…), pilares de buena parte del universo de los Coen. A ellos debemos lo mejor de la película: escenarios, encuadres, composición…; la creación, en fin, de su universo visual; de lo que la sustenta y hace de ella, junto a la música de Hans Zimmer (acompañado de nuevo por Benjamin Wallfisch), una obra de arte visual de primer nivel —del mismo modo que el trabajo del DF Jordan Cronenweth y el DP Lawrence G. Paull contribuyeron decisivamente a Blade Runner en el 82—. Por desgracia, el libreto de Fancher y Green no rellena ese envoltorio como debería en esta ocasión. Como merece. Y no tanto por el hecho de que  tenga agujeros —que los tiene—, sino, me atrevo a apuntar, debido a otro motivo.

Cuando Scott estrenó Blade Runner a principios de los 80 del siglo pasado —recogiendo en ella parte de la (desasosegante) visión del mundo, del hombre, de la sociedad del futuro ideada por el genial Philip K. Dick en su obra ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968)—, ofreció al espectador algo nuevo, una visión de futuro ‘revolucionaria’ en la que las fronteras entre realidad y ficción eran difusas, imprecisas; en la que la inteligencia artificial y los androides habían alcanzado un nivel de humanidad doloroso, hasta el punto de (¿casi?) eliminar las fronteras entre la carne engendrada y la creada; entre lo natural y lo fingido, y lo industrial. Una distopía agitadora plagada de conflictos éticos, emocionales, religiosos y filosóficos cuyo testigo tan bien recogería años después Masamune Shirow en su manga Ghost in the Shell (1989).

Blade Runner 2049, sin embargo, carece de esos patrones; no plantea, no ofrece nada nuevo, ni desde lo sociológico, ni desde lo ético, ni desde lo moral, lo religioso o lo filosófico que haga temblar los cimientos de un espectador del siglo XXI. Nada que nos sorprenda. Nada que nos sacuda. Nada que nos provoque la inquietud de su predecesora. Nada que la convierta en pilar fundacional, ni siquiera en una película clave de su género (si quieren saber de cuáles les estoy hablando, no dejen de consultar el libro Películas clave de la ciencia-ficción, de Sergi Sánchez, en Ma Non Troppo) como lo fue hace tres años Interstellar (Cristopher Nolan), acaso también La Llegada, del propio Villeneuve, basada en la obra Ted Chiang, otro visionario del calado de Dick.

Y llegado a estas alturas de viaje, uno ya ha visto, ya ha leído bastante —nunca lo suficiente— para no dejarse embaucar. Para buscar en una obra cinematográfica algo más que estética.

A estas alturas, uno ya busca Belleza.

Aun así, la película cuenta con algunos elementos de interés, como ciertos instantes de la relación entre K y Joi (maravillosa Ana de Armas). Ninguno de ellos, ningún personaje, ninguna frase, sin embargo, va a convertirse en memorable al modo en que lo hiciera en 1982 el personaje de Roy (Rutger Hauer) con su soliloquio final. Lo que nos deja con una cinta que de no ser por su maravillosa —stendhaliana en algunos fotogramas— perfección formal, es probable que se pierda en el tiempo…, como lágrimas en la lluvia.

Aunque quizás me equivoque.

 

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7 respuestas a BLADE RUNNER 2049

  1. Dani dijo:

    Yo la vi el sábado pasado y me quedé dormido durante un rato.
    Nunca me había dormido en el cine hasta ahora!!!
    Con eso lo digo todo.
    Saludos.

    PD: ahorraros el dinero, e iros a cenar.

    • Deckard dijo:

      Le recomiendo a usted que vaya al cine bien dormidito, porque luego pasa lo que pasa.

      Desde luego, su aportación a este blog no parece de las que se puedan inscribir en mármol en latín. Entre otras cosas, porque ir a cenar por 9 euros la cosa es un poco jodida, y no le digo ya si resulta que ha ido usted a ver “Blade Runner 2049” en Día del Espectador.

      Supongo que si le hubieran dado a usted los 150 millones de dólares que tuvo Dennis Villeneuve para hacer esta película, lo hubiera hecho usía bastante mejor, y luego se hubiera ido por ahí de bacanal para celebrarlo.

      Madre mía, lo que hay que leer y oir por ahí….

      Saludos a todos.

  2. Deckard dijo:

    Es el segundo blog de cine en el que leo como frase final que esta secuela “se perderá en el tiempo como lágrimas en la lluvia” Algunos críticos, como diría Paul Verhoeven “son como esos eunucos en medio de un burdel que pretenden indicar a los demás como realizar el acto sexual.”

    No habeis entendido nada. El gran mérito de la primera “Blade Runner” aparte de su impactante estética en la fotografía, los f/x, los decorados y la música, era el dejar en el aire muchas cuestiones sugeridas a lo largo de todo el metraje, y tanto el guión´de Fancher y Green como la dirección de Villeneuve, vuelven a capturar esa esencia a la perfección. Esa es la mejor manera de suscitar curiosidad: dejar sin resolver ciertas anotaciones al margen, y sugerir en vez de mostrar, un poco al estilo de Tourneur o gente por el estilo tan amante de las elipsis como del buen gusto.

    Y ya puede usted, señor Bassas, aludir a Stendhal o a quien quiera, que los que sabemos apreciar la Belleza (incluido el propio Stendhal si volviera entre nosotros) sabremos apreciar los méritos de esta notable película.

    Un saludo.

    • Carlos Bassas dijo:

      Gracias, señor Deckard, por su comentario. Aunque no suelo acudir a burdeles —temo encontrarme en alguno con el señor Verhoeven, y eso sería embarazoso para ambos—, sí que puedo decir que he toreado en algún que otro rodeo; es decir, que en esto del mundo del cine, la dramaturgia y la escritura, lejos de ser comentarista ocasional, ejerzo. Estoy convencido, como dice usted, de que nuestro querido Stendhal sufriría un arrebato al presenciar la película. Ya vamos estando de acuerdo en algo. En cuanto a J. Tourneur, de acuerdo también, aunque, en más de una ocasión —para su desgracia—, su amor por la sugerencia y la elipsis le venía impuesto, pero, ciertamente, hizo de ello virtud. Siento disentir en cuanto al guion de la película; de esta, no en cuanto al de la primera —por la cual, como he podido comprobar, ambos sentimos admiración—. En cuanto a textos serios y profundos de ciencia ficción no puedo más que remitirme a señores como Lem o los hermanos Strugatski, en los que encuentro más placer; o en los de Ted Chiang. Gracias por sus palabras y por el saludo, que, como corresponde, paso a devolverle con sumo placer puesto que soy un gran admirador de la discrepancia. Un saludo.

      • Deckard dijo:

        Señor Bassas,. He de decirle que yo tampoco suelo frecuentar los burdeles, aunque no me importaría visitar el Despacho Oval ahora que el señor Trump lo ha convertido en uno de ellos. No me cabe duda de que el señor Verhoeven, a juzgar por lo que muestra en su notable obra cinematográfica, es un experto en el asunto.
        Pero por lo que no paso es porque usted diga que el hecho de que Jacques Tourneur hiciera “de la necesidad virtud” en las sobresalientes pero un tanto precarias producciones de Val Lewton, signifique como que el mítico director parece como que pasaba por ahí y hubiera dicho “albricias, ahora como no tengo ni medio dólar roto en el bolsillo, se me ha ocurrido esto” entre otras cosas, porque por ahí pasaría algún guionista que escribiría el libreto y tendría algo que decir al respecto de todas esas películas que se convirtieron en míticas.
        No he leído a los autores que usted cita, aunque sí que he visto “Solaris”, basada en la obra de Stanislaw Lem (las dos, la de Tarkovski, y la de Soderbergh, que pese a que salía George Clooney, no vio casi nadie). Yo, sinceramente, aunque no he leído demasiada ciencia ficción porque no puedo llegar a todo, soy más de Aldiss, del propio Dick o de Ray Bradbury.
        Con todos los respetos, señor Bassas, el guión, aunque aquí, todos lo están criticando (no solo usted) es muy fácil machacarlo sentado en un pedazo de butacón comiendo palomitas. Y desde luego, aunque ninguno de ellos haya logrado un Oscar, ni Ridley Scott, ni Harrison Ford, ni Denis Villeneuve, piensan lo mismo en este aspecto, puesto que aceptaron rodarlo entusiasmados. Y estará usted de acuerdo en que todos ellos saben bastante más de cine que usted, que yo y que casi cualquiera que osara criticarlo.

        Por último, he de decir que la metáfora del Rodeo le ha salido un poco forzada. Sin ánimo de ofender, el hecho de que “ejerza” como cowboy (no estoy hablando del programa de Garci en Es.Radio) no le da patente de corso para nada, ni a usted ni a nadie. Tal y como yo lo veo, cualquier “comentarista ocasional” (papel que al parecer usted me asigna sin tener ni pajolera idea de si, por ejemplo, yo soy Jose Luis Garci, o Montxo Armendariz ejerciendo ocasionalmente de tal) puede tener más razón que usted o que cualquier otro vaquero que ejerza “ocasionalmente” aunque solo vaya al cine una vez al año, o incluso aunque solo lea una novela cada diez años.
        Una vez le oí a Gonzalo Suarez decir que en cualquier momento podría aparecer por ahí un niño de 9 años al que se le diera un bolígrafo y que resultara ser tan talentoso como Shakespeare. Y podría suceder (esto ya lo añado yo), que ese niño decidiera que no le gusta la literatura y dedicarse al baloncesto o al mus, aunque tuviera condiciones mediocres para estos dos juegos. Así de grande y de miserable es la condición humana, así que, señor Bassas, le recomiendo que tenga usted un poco de modestia, no vaya a ser que alguien le “parta la cara” virtualmente hablando.

        Un saludo.

        • Carlos Bassas dijo:

          NO me ha entendido usted, ya estimado —le repito, admiro la discrepancia educada, nos hace crecer a todos, a usted y a mí—.En primer lugar, el comentarista ocasional al que me refería es a MI. Un simple juntaletras, reseñador ocasional de cine, novelista a tiempo completo, guionista cuando me requieren. Nada más. En segundo lugar: mis opiniones son única y exclusivamente mías, personales, intransferibles, fruto de un puñado corto de saber recopilado a lo largo de los años, ni mejores ni peores que las suyas, que las de nadie. En tercer lugar: si eres Montxo, un saludo; a ver cuándo volvemos a vernos. Y un saludo para Puy, muy grande. Si eres Jose Luis, otro saludo; a ver cuándo volvemos a coincidir.En cuarto lugar: no he machacado el guion de Fancher y Green, solo he señalado que, a mi modesto —insignificante, si usted prefiere— entender, no creo que esté a la altura de la primera entrega. Si relee mi opinión, no he usado en ningún momento las expresiones mierda, truño, horror, disparate u otras de semejante catadura. Nunca lo he hecho antes, nunca lo haré porque sé lo que cuesta, como guionista, como novelista, crear. En quinto lugar: coincido con usted en lo del despacho oval, quizás nos encontremos allí. En sexto lugar: jamás osaría criticar a Tourneur puesto que también es uno de mis directores de estudio favoritos. “Hacer de la necesidad virtud”, de hecho, implica precisamente lo contrario; implica enorme grandeza, porque significa reconocer su enorme talento, así como el de aquellos que escribieron sus guiones —Mainwaring, Salt, Millhouser, Bodeen y otros, la mayoría novelistas— o iluminaron algunos de sus éxitos más recordados como Nicholas Musuraca, del mismo modo que grandes directores del Neorealismo hicieron de la necesidad enorme virtud alumbrando grandes obras cinematográficas en un momento tremenda, terriblemente precario. Es decir: reconozco en ellos el doble de talento. En séptimo lugar: en cuanto a que Scott, Ford, Gosling o Villeneuve aceptaron rodarlo entusiasmados, no tengo ninguna duda; dicho hecho no implica necesariamente, sin embargo, que opinen o dejen de opinar lo mismo que yo o no en cuanto al guion. Si así fuera, todos las películas que han rodado a lo largo de su carrera hubieran sido igual de estupendas y fantásticas, grandes obras maestras de la dramaturgia; me temo, sin embargo, que una revisión de su trabajo desmiente, al menos de un modo parcial, que uno —productor, director, actor, DF, Montador, DP…— siempre admire o esté siquiera de acuerdo con el guion con el que trabaja. En este oficio, uno selecciona proyectos en función de criterios muy diversos; ojalá la calidad dramática fuera siempre el único, el principal, pero no lo es. Y, finalmente, en cuanto a lo grande y miserable de la condición humana, volvemos a coincidir, y, a este respecto, solo añadiré que, como especie, somos más descendientes de Caín que de estirpe de Abel. Ah, se me olvidaba: hasta el momento, ningún monarca me ha entregado nada semejante a una patente de corso, y debo comunicarle que, de haberlo hecho, tampoco la hubiera aceptado. Lo mío no es más que una partícula subatómica de una gota de agua en el océano de las opiniones, ni mejor ni peor que la nadie. Y jamás lo he pretendido. Antes de despedirme con un ya cordial saludo, decirle también que tiene usted la total libertad de disentir y de no leer más ninguna de las humildes e insignificantes opiniones de este osado reseñador, aunque estoy seguro de que, siendo usted admirador de Tourneur, coincidimos y coincidiremos en más ocasiones de las que disentiremos en un futuro.

          • Deckard dijo:

            No se preocupe, señor Bassas, que respeto del todo su opinión. No pretendía ofenderle ni mucho menos. A lo mejor le he entendido mal, Si es así, me excuso. En absoluto pienso dejar de leerle, aunque me temo que a lo mejor le incomodo un poco, porque tengo una especie de demonio interior juguetón al que le gusta provocar y como quien dice, “tocar los cascarones.”Perdone esta expresión quizás un poco burda, pero que por su carácter muy gráfico, me ha parecido oportuna.
            Me alegro de que usted tenga un carácter constructivo y abierto. No crea que eso suela ser una virtud de este tipo de blogs. Por lo general abundan los casos de soberbia, arrogancia y ombliguismo. Pero compruebo que al parecer ese no es su caso, lo que me alegra mucho.
            Un abrazo para usted y para todos los lectores.

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