LA NIEBLA Y LA DONCELLA

La niebla y la doncella. Año. 2017. Duración. 104 min. País. España. Director. Andrés M. Koppel. Guion. Andrés M. Koppel (Novela: Lorenzo Silva). Fotografía. Álvaro Gutiérrez. Reparto. Quim GutiérrezVerónica EcheguiAura GarridoRoberto ÁlamoMarian Álvarez,Paola BontempiSanny van HeterenIsak FérrizCristóbal PintoSanti López,Quique MedinaBeneharo HernándezJorge KentElena Di Felice Benito,Fernando NavasAdrián Galván

Nos alcanza septiembre. Vuelta al cole. Y lo hacemos de la mano de La niebla y la doncella, película dirigida por Andrés Koppel —guionista de Intacto, Noche de Reyes, Un día sin fin y Zona hostil—, que adapta una de las novelas del escritor Lorenzo Silva.

Les he hablado ya muchas veces de lo complicado que es adaptar (bien) una novela al cine. Ambas artes, la literatura y el cine, comparten objetivo —contar una historia y emocionar con ella—, pero lo hacen a través de dramaturgias distintas, que les son propias, y, en muchas (demasiadas) ocasiones, lo que la celulosa sostiene sin problema, se le atraganta al celuloide; en especial si lo que uno trata de hacer es, simplemente, transcribir.

 

Para que una adaptación funcione, debe ir un paso más allá. Debe crearEs decir, el guion debe ser una pieza nueva, distinta, que dé paso a una obra dramática única, diferente. Debe tomar determinados elementos de la novela —aquellos que vayan a servir para armar un buen relato— y desechar los que vayan a entorpecer el objetivo —incluidos elementos principales de trama, personajes enteros, subtramas completas— de construir una narración que funcione como (buena) obra independiente. Después, uno debe producir ese guión de un modo adecuado, rodarlo bien y montarlo mejor. Por desgracia, en La niebla y la doncella fallan varias de esas patas. Empezando por la propia escritura, que es la que lo sustenta todo. Y sucede ya desde la exposición, desde el arranque mismo  —uno no puede más que juzgar el guion en pantalla, intuyo que algo mutilado, que es el que finalmente surge de la mesa de montaje—.

Pero ese no es su problema principal. Sino la carencia de emoción que desprende el resultado. Y no me refiero a la falta de emoción presente en el texto, que la tiene. Les hablo de otra cosa.

La película de Koppel se ve de un modo frío. Distante. Y no es debido a su ritmo —eso la convertiría en lenta, en tediosa, que también—, sino a ese elemento intangible, más liviano que el aire pero más pesado que el uranio, llamado mirada, estilo, arte, voz propia. Es como si, ya desde el inicio mismo del proyecto, con la primera escritura, Koppel hubiera optado por el camino de la asepsia más escrupulosa a la hora de manejar el texto de Silva; y la excesiva reverencia —el respeto mal entendido— suele derivar en falta de identidad; identidad demostrada por el propio Koppel en algunos de sus trabajos anteriores —como guionista y como director incluso; si quieren un atisbo, échenle un vistazo a su corto La raya (1997)—.  La excesiva fidelidad —ya sea autoimpuesta, por temor o vértigo, ya venga dictada desde fuera, por un productor que lo único que quiere es sota, caballo y rey confiando en el tirón de la novela— solo genera películas pobres, cintas sin alma.

La película de Koppel se ve de un modo frío y distante, les decía, porque está rodada y ejecutada así, de un modo frío y distante.

 

Al igual que sucedía con El guardián invisible (Fernando González Molina, 2017), La niebla y la doncella es una película que fía más su éxito en lo ‘atmosférico’ que en lo discursivo (por mucho que la atmósfera sea un elemento más, importante, de lo dramático). Nieblas, dichosas nieblas; azules, dichosos azules; fríos, dichosos fríos. Pero la urdimbre narrativa tiene puntadas sueltas, otras gruesas que provocan que ni la trama principal ni las relaciones entre los personajes acaben de funcionar (ninguna), a lo que hay que sumar que algunas escenas carecen de un propósito dramático claro. Por no hablar de ciertos diálogos, pensados más para ser leídos  —un mal endémico de cierto cine— que dichos, que actuados. Todo ello deriva en una película correcta, pero poco más. Un guion correcto, una dirección correcta, una puesta en escena correcta, un montaje correcto.

En resumen —para quien quiera entender—: La niebla y la doncella es una película sobre una novela de Lorenzo Silva; deberemos esperar a otra ocasión para ver una película de Andrés M. Koppel

 

 

 

 

 

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