WONDER WOMAN

Título original. Wonder Womanaka Año2017Duración141 min.País. Estados Unidos. Director.Patty Jenkins.Guion. Allan Heinberg (Historia: Zack Snyder, Allan Heinberg, Jason Fuchs; Personajes: William M. Marston).Música. Rupert Gregson-Williams. Fotografía. Matthew Jensen. Reparto. Gal Gadot, Chris Pine, Robin Wright, Connie Nielsen, David Thewlis, Danny Huston,Elena Anaya, Lucy Davis, Ewen Bremner, Samantha Jo, Saïd Taghmaoui,Lisa Loven Kongsli, Florence Kasumba, Mayling Ng, Emily Carey, Doutzen KroesProductoraWarner Bros. Pictures / DC Entertainment

Las historias, las fábulas, los cuentos, los relatos —el mito en fin— son uno de los bienes más preciados de la Humanidad. Uno de sus mayores inventos. Porque nos enseñan quiénes somos. Y aunque llevamos —esencialmente— contando las mismas historias desde Sumeria, desde Mesopotamia, desde Egipto, desde Homero, no podemos obviar que algunos aspectos de la cosa han evolucionado con el tiempo. Aunque quizás lo más correcto sea decir que lo que realmente ha cambiado a lo largo de estos siglos no ha sido tanto el relato como nosotros. Nuestro cansancio. Nuestro hartazgo. Nuestras tragaderas. Nuestra capacidad de soñar. De ahí que a la hora de enfrentarnos a determinado tipo de historias debamos hablar de un concepto muy importante, clave para su supervivencia: la suspensión voluntaria de la incredulidad.

Semejante concepto condiciona de un modo definitivo todas aquellas obras que implican mundos fantásticos, héroes de forja, superhéroes, dioses, magos, elfos, trasgos, muertos vivientes y un sinfín de elementos genéricos más. Para que nos entendamos: frente a determinados relatos, uno entra o no entra. Dicho lo cual, es importante señalar que si bien la suspensión voluntaria de la incredulidad es patrimonio íntimo de cada espectador/lector, no es menos verdadero que el hecho de facilitarla, de conseguirla, también depende en buena medida de la habilidad de cada narrador. Y créanme, no es tarea fácil. Exige mucho esfuerzo y un trabajo bien hecho. Concienzudo. Orfebrería de la buena, vaya. Pero les aseguro que si uno lo consigue, semejante chamán tendrá en sus manos el arma más poderosa del planeta; un instrumento que le permitirá llegar a las estancias más secretas del alma humana; hasta afectar al propio mundo real. De ese modo en que solo obras como El señor de los anillos, Star Wars, Harry Potter o Juego de tronos lo hacen —la lista es muy larga—, por ejemplo.

 

Pero vayamos a lo que nos ocupa.

Todo esto viene a cuento del estreno de Wonder Woman, de Patty Jenkins, directora de Monster (2003) y ocupada desde entonces en menesteres televisivos. Mucho se ha hablado de este blockbuster en los últimos meses, aunque la mayoría de las discusiones han corrido por derroteros más sociales que cinematográficos. No es mi labor entrar a valorar ese tipo de aspectos periféricos, sino hablar de su valor como obra cinematográfica.

Y como tal, la película de Jenkins es meritoria.

Wonder Woman recupera para el cine de superhéroes —tan poblado últimamente, ya sea vía Marvel, ya vía DC— un elemento olvidado. Frente a las nuevas corrientes de revisionismo oscurantista, por un lado, de socarronería y descreimiento por otro,  Jenkins se decanta por lo naif. Por recuperar esa esencia de historia de buenos y de malos de toda la vida, del Bien contra el Mal con mayúsculas, sin esquinas, sin recovecos, sin dobleces —eso sí, no exenta de sus dosis de ironía—. Y funciona. Funcionan su ligereza, su simpleza, su llaneza, su claridad. Esa es, precisamente, la principal cualidad que atesora. Un guion sencillo, bien cosido, que no esconde nada —uno deduce quién es el malo de verdad en el preciso instante en el que lo ve— firmado por Allan Heinberg (Scandal, Anatomía de Grey o Sexo en Nueva York), que sabe perfectamente a qué juega; una narración canónica con prólogo, con episodios, con anagnórisis y toda la pesca. Eso es esta Wonder Woman. Si encima la ambientación, la fotografía, los efectos especiales y los actores están bien —destacable el trabajo de la casi debutante Gal Gadot tras su paso por la saga The fast and the furious y su aparición en Batman vs. Superman—, poco más se le puede pedir.

De ustedes depende disfrutarla o no. De su capacidad para suspender voluntariamente su incredulidad. ¿Que qué les recomiendo? Que se dejen seducir. Que disfruten de un cine de superhéroes sin psicoanálisis. Abstenerse puretas y amantes de lo tortuoso y lo oscuro.

 

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