ALIEN: COVENANT

Título original. Alien: Covenant. Año. 2017. Duración. 123 min. País. Estados Unidos. Director. Ridley Scott. Guion. John Logan, Dante Harper (Historia: Jack Paglen, Michael Green). Música. Jed Kurzel. Fotografía. Dariusz Wolski. Reparto. Reparto. Michael FassbenderKatherine WaterstonBilly CrudupDemián Bichir,Danny McBrideCarmen EjogoJussie SmollettAmy SeimetzCallie Hernandez,Benjamin RigbyAlexander EnglandUli LatukefuTess HaubrichGuy Pearce,Noomi RapaceJames Franco

Alien: Covenant, la nueva película de Ridley Scottt, es un vano intento por recuperar el espíritu de aquel primer Alien, el octavo pasajero (1979), convertido con el paso del tiempo en mito fundacional de un género híbrido, el Terror-Ciencia Ficción. Y para ello, Scott ha recurrido al guionista John Logan —perpetrador de Gladiator, El último samurái, Star Trek: Nemesis y los dos últimos Bond— con toda la intención.

Logan es un especialista en este tipo de dramaturgia funcional, aparente y resultona; sin complicaciones. Guiones que replican una y otra vez una fórmula sin mayor pretensión/intención que la de crear un simple espectáculo que distraiga al espectador, labor del todo loable, no me interpreten mal, pero a la que también debemos exigir un cierto grado de calidad.

Dicho de otro modo: Scott ha optado por darle el mando del teclado a un albañil curtido en la construcción de decenas de VPO en lugar de a un orfebre. Ya se sabe, lo artistas pueden llegar a ser muy caprichosos, y uno no deja 111 millones de dólares en manos de según quién, claro.

 

El resultado es un guion con una trama casi calcada a la del original, su detonante, sus giros, su final —algo parecido a la maniobra realizada por Disney con la nueva saga de Star Wars—. Poco queda, sin embargo, de lo importante. De lo que hizo del Alien escrito por un Dan O’Bannon recién licenciado en el thriller de ciencia ficción con la Estrella Oscura de Carpenter una de las mejores películas de su género. Solo un andamiaje narrativo revocado con una supuesta profundidad filosófica/ideológica —iniciada en su anterior entrega, Prometeus— que le pesa una tonelada. Por pretenciosa. Por ridícula.

En pelota picada, desprovista de ese capa de mustela rancia, de esa trascendencia de pared de inodoro, la película hubiera sido una digna representante del cine espectáculo. Por desgracia, Scott parece haberse visto emponzoñado por cierto tufo a lo Aronofsky desde Prometheus. Una pena.

Pero como cualquier producto que lleva su firma, eso sí, el envoltorio es envidiable.

La impresionante fotografía del polaco Dariusz Wolski (El cuervo, Dark City, la saga de Piratas del Caribe, Marte, la Alicia y el Sweeney Todd de Burton y el Prometheus de Scott), uno de los mayores maestros junto al otro Darius —casualidad caprichosa o cuanto menos curiosa, no me dirán—, el iraní Darius Khondji (Delicatessen, Seven, Funny Games, el Alien: Resurrección de Jeunet, La ciudad perdida de Z) en crear atmósferas únicas; el montaje de Pietro Scalia, genio del corte y confección; el diseño de producción de Chris Seagers, otro visionario tocado por los dioses del celuloide; la música de Jed Kurzel, compositor de tintes metálicos y oscuros, rotundos, casi sólidos que recupera ciertos ecos del Alien original… Lo mejor que uno puede encontrar en Hollywood hoy en día.

Por desgracia para nosotros, la Covenant no es la Nostromo.

Que me perdone quien me tenga que perdonar, pero cada vez que pienso en Ridley Scott me viene a la mente el nombre de otro gran, enorme, sideral cineasta, Martin Scorsese. Lejos de mí comparar su filmografía. No va por ahí la cosa. Sino por la constatación de que ambos dieron lo mejor de sí en sus ya lejanos inicios. Scorsese con 3 obras maestras —no incluyo en la lista sus dos primeros largometrajes, meritorios pero desconocidos por el común de los mortales: ¿Quién llama a mi puerta? (1967) y El tren de Bertha (1972)—: Malas calles, Taxi Driver y Toro Salvaje; Scott con Los duelistas (1977), Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982). Es cierto que, desde entonces, hemos asistido a entregas intermitentes de su genio —Uno de los nuestros (1990), La edad de la inocencia (1993) y Casino (1995) por parte de Scorsese; Thelma & Louise (1991) y American Gangster (2007) por parte de Scott—, pero ninguno de los dos ha vuelto a las andadas.

A aquellas andadas que tanto echamos de menos.

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