EL EXPLORADOR

Título original. The Lost City of Z. Año. 2016.Duración. 140 min. País. Estados Unidos. Director. James Gray. Guion. James Gray (Libro: David Grann). Música. Christopher Spelman. Fotografía. Darius Khondji. Reparto. Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, Angus Macfadyen,Bobby Smalldridge, Edward Ashley, Tom Mulheron, Aleksandar Jovanovic,Siennah Buck, Stacy Shane, Bethan Coomber, Ian McDiarmid.

La ciudad perdida de Z, de James Gray (Cuestión de Sangre, La noche es nuestra, Two Lovers, El sueño de Ellis), nada a contracorriente. Casi podríamos decir que todo su cine lo hace. Pero quizás sea en esta película en la que el director neoyorquino haya apostado por ello de un modo más claro y decidido.

La cinta, escrita por el mismo Barry a partir del libro homónimo del reportero de The New Yorker David Grann —el último en buscar el rastro real de Fawcett en el Amazonas—, narra una búsqueda. La búsqueda por parte de su protagonista, el militar, cartógrafo, explorador y arqueólogo de la Royal Society Percy Harrison Fawcett, de la ciudad de Z (como él mismo la denominó) en la región del Mato Grosso, en el desierto verde del Amazonas. Una búsqueda que le llevó buena parte de su vida, hasta desaparecer en la selva junto a su hijo mayor Jack en 1925.

La verdadera búsqueda que anega cada fotograma de la película, del texto sobre el que se mece, sin embargo, es otra. No es tanto el sueño de encontrar una ciudad perdida, sino el de encontrar la luz, la belleza, el conocimiento, la verdad. No es el anhelo de hallar El Dorado, sino el de mirar el confín, el horizonte y preguntarse: ¿qué hay más allá? El de luchar contra la superchería, contra la superioridad moral del que rubrica, categórico, ‘Hic sunt dracones’ en el mapa. El de atreverse a desentrañar los misterios de la terra ignota, del mare incognitum.

El de atreverse, al fin y al cabo, a saber. A conocer. Porque buscar la belleza es una recompensa en sí misma. Porque ‘el hombre debe perseguir lo que excede a su comprensión. Si no, ¿para qué existe el cielo?’

Son muchos los referentes que sobrevuelan el guion de Gray, como los de Conrad o Rider Haggard (amigo del propio Fawcett). Pero, por encima de todos ellos, hay uno que lo cubre todo como un tul: el de Rudyard Kipling. En 1898, el Nobel británico escribió un poema poco conocido titulado El explorador, cuyos versos séptimo y octavo resumen la motivación del personaje, la intención del propio Gray a la hora de contar la historia, de un modo simple, bello, impecable, inapelable:

Hay algo oculto. Ve y descúbrelo. Ve y busca detrás de las montañas. Hay algo oculto tras las montañas. Hay algo perdido que te espera. ¡Ve!

En lo cinematográfico, la cinta de Gray es una narración melancólica, elegante, meditada, pausada, incluso arrítmica según los cánones que rigen —que imperan, sanguinarios— en el cine actual. Gray tiene algo de David Lean y de Malick (lo que debió de convencer definitivamente a Brad Pitt para producirle); del Bob Rafelson de Las montañas de la luna; del Herzog de Aguirre. También del Coppola de Apocalypse Now. La Fotografía del enorme Darius Khondji (Delicatessen, Seven, Belleza Robada, Alien: Resurection o Funny Games entre tantas otras) y el trabajo de John Axelrad, su montador habitual, hacen el resto: construir una obra fascinante.

Uno sospecha que el cine debería ser algo más de esto que de lo otro, que la clásica dramaturgia del blockbuster replicada en serie y dirigida sin alma. Sin embargo, como les he repetido en más de una ocasión, cuando un artista desarrolla un estilo muy marcado, una forma de contar única y personal, concitará tantos admiradores como detractores. Es cierto que el guion de Gray, más preocupado por la esencia dramática del personaje que por construir una narrativa fluida, encalla en alguna que otra ocasión; aún así, consigue algo complicado en los tiempos que corren: desplegar un subtexto que lo impregna todo.

La ciudad perdida de Z no es una película para todos los públicos. No es la clásica cinta de aventuras con explorador aguerrido, tampoco un serial ligero tipo Indiana Jones, sino una obra madura que uno debe meditar y por la que debe dejarse envolver. Es un canto a determinado tipo de ser humano. A los últimos exploradores de finales del XIX y principios del XX. A Amundsen, Shakelton, Scott, Peary, Franklin, Burton… Tipos especiales. Los últimos soñadores.

Mi recomendación: súbanse a la balsa y navéguenla. Y como decía Kavafis, deseen que el viaje sea largo.

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