PLAN ALGO FALLIDO

Título original. Plan de fuga. Año 2017. Duración. 105 min. País. España. Director. Iñaki Dorronsoro. Guion. Iñaki Dorronsoro. Música. Pascal Gaigne. Fotografía. Sergi Vilanova. Intérpretes. Luis TosarJavier GutiérrezAlain HernándezAlba GalochaFlorín Opritescu. Atresmedia Cine / Lazona / Scape Plan / Runaway Films / ETB. ThrillerAcción | Robos & Atracos.

Plan de fuga, escrita y dirigida por el vitoriano Iñaki Dorronsoro, es una película con una buena, muy buena a ratos, factura. A pesar de alguna escena con encuadres incomprensibles —quizás fuera cosa de la proyección—. Esa factura que busca sacudirse los complejos del viejo thriller de acción made in spain; que busca demostrar que aquí también somos capaces de rodar bien, de ofrecer un producto visualmente impecable. Películas como Cien años de perdón (Daniel Calparsoro, 2016), El desconocido (Dani de la Torre, 2005) o El niño (Daniel Monzón, 2014), opuestas en concepto y esencia a esa otra corriente en auge del nuevo noir español como Tarde para la ira (Raúl Arévalo, 2016) o Que dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016), son buena prueba de ello.

De lo que parece que aún no somos del todo capaces —uno siempre encuentra honrosas excepciones— es de que la pata principal que debe sostener todo ese cada vez mejor tinglado visual y sonoro, el guion, esté a la altura.

Y no será por falta de buenos escritores, se lo aseguro, porque conozco a unos cuantos.

A veces somos demasiado simples, otras pecamos de todo lo contrario.

La película de Dorronsoro son dos o tres guiones en uno. O uno a medio pensar. O ninguno. En ella encontramos buenas escenas y diálogos —el talento que el propio Dorronsoro ya apuntó en la escritura de su anterior largo, La distancia (2006)—, pero el conjunto, la trama, su desarrollo, encalla. Le falta una intención narrativa y dramática clara, un acabar de saber a qué juega que podría haber convertido la cinta en algo realmente bueno. Porque cuenta con una elenco de actores de primera (Alain Hernández, Javier Gutiérrez, Luis Tosar), con una Dirección de Fotografía, Sergi Vilanova (Mine, con lo último de Mateo Gil por estrenar y preparando lo nuevo de Calparsoro), impecable y con una música, obra de Pascal Gaigne, fantástica.

Pero el edificio tiembla.

En la mayoría de ocasiones, uno no puede más que valorar el resultado final, la última escritura de la película, la definitiva, la surgida tras su paso por la sala de montaje. Y esa es la dramaturgia que juzga. Por desgracia, al igual que ocurría con Que dios nos perdone, el guion literario, el nacido del teclado, acaba por verse truncado. No he tenido la oportunidad de leer el texto de Plan de fuga, pero sí tuve la de echarle un ojo al de la película de Sorogoyen y a otros que acabaron tullidos. Y uno casi siempre certifica que escribimos bien, incluso muy bien…

Pero que cuando abandonamos el teclado y nos ponemos tras la cámara, acabamos por mutilar esa escritura.

¿El motivo?

Cada producción es un mundo. Pero estoy seguro de que serán capaces de alumbrar varios por su cuenta.

Pero diría que el problema que arrastra Plan de Fuga es de otra índole.

No soy quien —que Calíope, Clío y Melpómene me perdonen— para enmendarle la plana a Dorronsoro, tipo más curtido que yo en lides cinematográficas, pero desde la humilde experiencia de quien ha librado también alguna que otra batalla en esto de alumbrar historias, diría que uno de los escollos del guion tiene que ver con el orden en el que se disponen sus elementos.

Me explico.

Una de las primeras cosas que uno aprende en esto del arte de construir relatos es a diferenciar entre dos conceptos: el de historia y el de trama (la vieja fábula aristotélica). La clave a la hora de contar bien una historia está en, precisamente, el modo en que el escritor ordena los elementos que la componen  —sus peripecias, la información que traen consigo—; es precisamente de ese juego de donde surgirá la sorpresa, el giro, la anagnórisis. Todo. Eso es tramar: seleccionar, ordenar, alterar, disponer los distintos elementos de la historia de un modo eficaz, sorpresivo, dramático, hábil, intencionado. Manipularlos a nuestro antojo. Porque eso somos: manipuladores de sentimientos. De haber optado por otro camino, por construir la trama de otro modo, por desplegar las peripecias, la información en otro orden, es probable que el guion de Plan de fuga hubiera funcionado mejor.

Otro asunto es el que tiene que ver con la construcción de los personajes. Hace poco les contaba que todos los que escribimos tiramos de ciertos arquetipos —más aún si nuestro relato se engloba dentro de los parámetros de algún género—, y que el mayor intríngulis está en evitar que se conviertan en clichés. Para evitarlo, algunos diseñan personajes sin sentido, estrafalarios, incluso inverosímiles; otros, sencillamente, se nutren de los ya escritos, la vía más rápida para que nuestra obra acabe alojada en ese gigante elenco de pelis —y libros— de polis y cacos o de atracos idénticas entre sí. Y a ciertas alturas de la vida, esa en la que uno ha visto ya kilómetros de celuloide y ha leído casi una Unidad Astronómica de novelas, pues qué quieren que les diga, abandona cuando se topa con ellas/ellos.

Pero no me hagan mucho caso.

Como dijo san William Goldman, en esto del arte de escribir historias, ‘nadie sabe nada‘.

De todos modos, debo decir que progresamos adecuadamente. Y que Dorronsoro es un director a tener en cuenta.

 

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