Pelo de zanahoria, Jules Renard

He decidido visitar al escritor francés en Chitry, la población de la Borgoña donde fue alcalde durante un breve periodo de su vida. El señor Renard me recibe al borde del arroyo que discurre a las afueras de la ciudad. Está dando de comer a los patos. Yo me siento a su lado y empiezo a conversar con él acerca de uno de sus libros más conocidos.

No se escribían cosas así entonces. En aquella época, a finales del siglo XIX, se publicaban sobre todo novelas de corte naturalista o poemas simbolistas en la línea de Baudelaire y Verlaine. La literatura aún era rígida en cuestión de géneros. No era habitual encontrar obras híbridas, textos donde el autor mezclara el relato con otra clase de registros narrativos. Yo lo intenté añadiendo a Pelo de zanahoria un fragmento de mi diario personal o ese compendio de escenas sueltas que recuerda al tráiler de algunas películas. Creo que en ese sentido fui precursor de formas de prosa que aparecieron después.

Sí, sorprenden las distintas maneras que emplea usted al abordar el personaje de Poil de Carotte. El lector tiene la sensación de que el autor necesita observarlo desde varias perspectivas, a través de una diversidad de enfoques.

Porque se trata de un elemento perturbador más que de otro miembro de la familia Lepic. Perturbador en el sentido de inquietante. No es sólo un hijo diferente a los demás, sino alguien extraño que aterriza en ese hogar como una especie de meteorito. Quizá por eso no se le incluye en el álbum familiar. Quizá por eso no hay fotos suyas en él. Y es que, ¿cómo se retrata algo semejante? ¿Qué se vería en la imagen una vez revelada?

Pero también es verdad que, al combinar acciones contadas por el narrador con el testimonio directo del protagonista a través de sus cartas o diálogos, yo emprendo mi propia indagación del personaje. Una búsqueda particular. Un camino por el que intento delimitarlo de algún modo.

O sea, que usted no lo tenía claramente definido desde el principio.

En absoluto. Y en cada recodo de esa expedición se me abrían bifurcaciones nuevas. Cruces de vías. Puntos en los que debía decidir hacia dónde quería llevarlo. Yo podía convertirlo en un escolar travieso como el de otras novelas. O en un chaval superdotado. O en un ser sensible capaz de ver cosas ocultas para el resto. Mi esfuerzo consistía en romper el tópico en la medida de lo posible. En despistar al lector. En impedir que se acomodase a un estereotipo ya utilizado antes, que ya hubiese conocido en otros libros. En definitiva, lo difícil era crear un niño único que al mismo tiempo reflejase la mezcla de inocencia y maldad que se da en todos nosotros en esa etapa de la vida.

La historia gira también en torno a la relación entre madre e hijo. A veces parece incluso que los demás son meros espectadores de esa pugna entre los dos.

En cierto modo, podría afirmarse que son la misma persona. En todo caso, Poil de Carotte es el más parecido a Madame Lepic. Comparten una mente retorcida, una mirada sin compasión hacia el mundo que les rodea. Claro que a la vez perciben las complejidades de la naturaleza humana con una lucidez que no tiene el resto de la familia. Ambos llevan dentro un corazón atormentado y el alma de alguien que hubiese vivido cien años. Ambos son “pelirrojos” en medio de una mayoría de personas de otro color. Y lo que siente Madame Lepic por el más joven de sus hijos es en último término lo que siente hacia sí misma.

¿Cuánto de su infancia hay en este libro?

Supongo que mucho. Seguramente lo triste, lo sórdido, lo menos cómico. Sin embargo, a la hora de convertir todo eso en literatura yo no tenía más remedio que distorsionarlo. No sólo en el sentido de inventar cosas, sino en el de abordar los hechos reales en un tono que fuese también irónico. Al fin y al cabo, cualquier escritor sabe que lo dramático llega mejor de esa manera, disfrazado de anécdota divertida.

En el arroyo de Chitry, esta tarde de julio, los patos se alejan de nosotros y el señor Renard hace ademán de levantarse. Todavía sentado entre los árboles, le pregunto si excluyó alguna escena en la versión definitiva de su novela.

Sí, una en la que Pelo de zanahoria incendiaba el internado donde vivía.

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

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