El viejo y el mar, Ernest Hemingway

Estoy en el Malecón de La Habana, sentado en el pretil junto al escritor norteamericano. Desde aquí se ve la fortaleza de El Morro y la bocana del puerto. Hoy, una mañana de principios de marzo, el cielo está limpio de nubes y sopla una brisa suave que dentro de unos días acabará convirtiéndose en un alisio intenso en medio del Golfo.  

No fue el último libro que escribí, pero no me habría importado que lo fuese. Habría supuesto una forma digna de marcharse. La mejor manera de despedirme como autor. Y es que en este relato contengo mi estilo con mano de hierro. Lo sujeto con tanta fuerza como Santiago, el protagonista, el sedal que termina en la boca del pez. Consigo mantener mis señas de identidad sin incurrir en las disquisiciones de otras novelas. Me limito a contar lo esencial sin renunciar a mis obsesiones de siempre.

Y creo que hace usted bien en llamarlo relato, pues, al margen de la cantidad de páginas, la historia reúne los elementos típicos de esa modalidad de prosa.

Ése fue uno de mis objetivos. Escribir un texto lo suficientemente largo como para que los lectores lo considerasen una novela, pero con la extensión adecuada para lograr el ritmo característico del cuento. En ese sentido, las referencias constantes a los leones del sueño, a Joe DiMaggio y a la ausencia del muchacho, el amigo del pescador, crean esa circularidad repetitiva que yo necesitaba para obtener la música de fondo.

Y una vez conseguido el tono, lo demás era sencillo. Me bastaba con ir alternando los pensamientos del personaje, los que expresa y los que no expresa en voz alta, con la propia línea argumental. Ahí reconozco que partía con ventaja. Porque, ya construido el contexto donde un hombre sale al océano a intentar una hazaña que lo redima, me resultaba muy fácil mantener la intriga del lector. Yo sabía que éste iba a seguir pendiente hasta el final. Que no iba a dejar de leer hasta que no averiguase si Santiago pescaba algo, o se hundía con su esquife, o se extraviaba en el Golfo o si lo devoraban los tiburones. Sí, la tensión narrativa estaba garantizada desde el principio.

Usted ya lo ha sugerido antes, pero me gustaría ahondar en el asunto. ¿Ve este libro como una síntesis de todo lo que quiso expresar a lo largo de su vida a través de la literatura?

Algo parecido. De algún modo, me di cuenta de que no me hacían falta tantos personajes, ni tantos desplazamientos, ni tantas conversaciones, tanta verborrea lúcida o ingeniosa para transmitir lo que quería. Comprendí que para hablar de la lucha del ser humano, de su dimensión heroica, de su esfuerzo por estar a la altura de la Naturaleza, era suficiente Santiago con su pequeño bote en medio del mar.

Si algunos escritores tienen bastante con un escenario y dos actores para profundizar en el misterio de la muerte, a mí en esta ocasión me alcanzaba con una estructura simple. Y es que, si lo pensamos bien, en el pulso del viejo pescador con el pez espada y en la pelea posterior contra los tiburones se concentra la esencia de nuestro paso por el mundo. Lo demás está en la cabeza del personaje. Ya se narra por medio de ideas o recuerdos. Lo demás es la mirada compasiva de sus vecinos, la pérdida progresiva de facultades, la conciencia de su propia vejez. El resto es eso, pero es también la amistad del chico, su fe en Santiago como una última luz con la que nos vamos todos.

Ahora Hemingway se mueve inquieto en el pretil. Se vuelve hacia la ciudad y mira hacia alguna parte. Quizá busque los bares del paseo, cualquiera de los locales que ya no existen. Yo no puedo desaprovechar la oportunidad de tenerle tan cerca, a salvo de la ansiedad de cuando estaba vivo, así que me giro hacia él y le pregunto si habría podido escribir un relato similar con una mujer de protagonista.

No lo sé. En todo caso, no habría sido una figura femenina entregada a un combate tan físico, a merced de los elementos. Se habría tratado de otra forma de aventura y de soledad. Una enfermera de guardia en una noche de guerra o una amante decepcionada por la debilidad de los hombres.

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

 

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