46. La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero

Y luego está la muerte de los demás. Cuando los fallecidos son personas cercanas a nosotros, ese suceso triste abre un espacio de posibilidades expresivas con el que no contábamos antes. Superada la primera desesperación, el recuerdo de aquéllas nos eleva a un nivel emocional que no alcanzamos en circunstancias normales, un estado de gracia que ya no querremos perder.

La ridícula idea de no volver a verte de [Gayo, Rosa Montero]

No todo es horrible en la muerte, escribe Rosa Montero en su libro. Se refiere a la desaparición prematura de su compañero Pablo. Alude a esos días diferentes que llegan cuando ya ha pasado lo peor. No pretende quitar trascendencia al hecho ni al sentimiento comprensible que le sucede, sino valorar el ánimo cargado de sensibilidad que va creciendo en nuestro interior como consecuencia de lo ocurrido.

Lector: Y eso tiene que ver con la distinción que hacías en el último capítulo, con la fuente de inspiración intelectual que supone la muerte.

Hay un momento en que el recuerdo de la persona querida ya no es algo doloroso. Entonces se pone en marcha un proceso que combina la evocación con la reflexión. Gracias a él, notamos una sensación agradable que nos atraviesa de la cabeza a los pies convirtiéndonos en individuos más completos. Sus componentes son la tranquilidad al saber que el familiar o el amigo ya no sufre, la alegría de seguir vivos y la impresión de que entramos en un tiempo nuevo, en una edad donde, debido al cambio que se ha operado en nosotros, seremos capaces de lograr cualquier cosa.

Pero La ridícula idea de no volver a verte es también un homenaje a Madame Curie y a todas las mujeres cuyos méritos no se reconocieron lo suficiente mientras vivían. Montero emplea recursos habituales en Sebald, como las fotografías o los croquis, para crear un híbrido de ensayo y narración. Inserta fragmentos del diario de Curie en los que la científica intenta asimilar la viudedad a través de la escritura, y de ese modo establece un paralelismo con su propia experiencia.

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La tarde en que leí este libro, volví a acordarme de Valerie Fleming. Después de varios años de correspondencia por Internet, de una relación intensa en el ámbito virtual, yo había dejado de recibir sus mensajes. Al principio pensé que había conocido a alguien especial, a un hombre de carne y hueso. Por temor a ser indiscreto, yo tampoco le escribí más. Me abstuve de enviar aquellas llamadas de socorro con que había colapsado las redes sociales. Más adelante, cuando ya empezaba a olvidarla, me llegó un último correo con su nombre. La persona que lo firmaba me dijo que Valerie no existía. Que un grupo de amigos se había inventado a ese personaje. Que después de haberle dado vida durante un tiempo, habían decidido terminar con él. Yo me quedé callado casi un minuto. Luego, le dije a mi interlocutor: “Así que ha muerto”.  El otro creyó que no le había entendido, y repitió: “Ya no escribimos más mensajes bajo ese seudónimo”. A pesar de todo, yo insistí: “Quiero saber cómo murió. Cuéntame cómo murió, por favor”. Entonces él o ella debió de comprenderme, pues tardó en contestar y, cuando lo hizo, me describió con trazos delicados y poéticos los últimos días de Valerie.

Lector: Te conmovió la manera en que lo contó.

Y me recordó al pasaje de un libro que hemos comentado aquí, Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg. En él, la autora italiana escribe: En invierno nos dejaba algún viejo a causa de una pulmonía, las campanas de Santa María tocaban a muerto, y Domenico Orecchia, el carpintero, fabricaba la caja.

Sí, quizá la muerte, la de los demás y la nuestra, se entienda mejor, se acepte de mejor talante si la contamos con las palabras y expresiones sencillas de los buenos relatos. Entonces, describiéndola de ese modo, seremos capaces de verla necesaria. No exactamente feliz, pero sí natural como el ciclo de las estaciones.

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2 respuestas a 46. La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero

  1. diseño web dijo:

    Una GRANDE del mundillo del lector! gran artículo.

  2. Rebeca dijo:

    No se que decir… hace pocas semanas se me murio mi perro, inesperadamente y sin darme tiempo de comprender su muerte, no puedo explicar la tristeza tan profunda que siento, ahora me doy cuenta de que antes de que esto sucediera yo era feliz.

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