Cariño, ¿y si montamos un negocio?

por Maite Ruiz Aquerreta

En estos años que hemos tenido de crisis, en los que muchas personas perdieron sus empleos, se hablaba del emprendimiento como una solución al autoempleo y una posibilidad real de conseguir un puesto de trabajo que por cuenta ajena iba a ser muy difícil poder encontrar.

Las empresas recortaban personal y las posibilidades de trabajar en las condiciones que se tenían antes a la crisis, se antojaban imposibles.

Ante esta tesitura, muchas personas optaron por emprender, entendiendo emprender como iniciar un negocio. Esto lo primero que requiere es una inversión económica, con lo cual el primer escollo es la necesidad de encontrar a alguien que nos acompañe en nuestra iniciativa, y quien mejor que aquella persona que me conoce, sabe cómo soy, confía en mí y me entiende como nadie: mi pareja.

A priori, podemos verlo como una situación idílica: quien me quiere, va a compartir mi ilusión y juntos vamos a conseguir aquello que a ambos nos interesa y nos motiva.

Así que ambos, se ponen manos a la obra y con mucho esfuerzo, trabajo y apoyo mutuo, llevan a cabo lo que en un principio fue el sueño de uno de ellos, pero que ya se ha convertido en el negocio de los dos.

Hasta aquí, todo bien. Con más o menos dificultades, iniciaron el camino del emprendimiento y montaron ese negocio, que hoy en día ya es una realidad de la que viven.

La vida del negocio va por un lado y la de la pareja por otro, y resulta que aparecen problemas en la pareja, que no tienen que ver con el negocio o el trabajo, sino simplemente con el desgaste de la vida en común y uno de los dos habla del divorcio como una realidad que tienen muy cercana porque sienten como se van agotando las posibilidades de continuar así.

Y la gran pregunta: si tú y yo rompemos… ¿Qué pasa con nuestro negocio? Se ha convertido en nuestro modo de vida y ambos lo necesitamos porque nuestro salario y nuestra seguridad laboral están en él. ¿Cómo hacemos?

Desde luego la ruptura de la relación de pareja no puede evitarse por mantener un negocio, probablemente, hacerlo así puede suponer un entorno de “lucha” entre los cónyuges que termine hundiendo el negocio. Hay que aclarar la situación. Tiene que estar sobre la mesa, expuesta de manera sincera y honesta la nueva realidad en la que nos vamos a mover. Va a requerir de una madurez por parte de ambos, pero no necesariamente la ruptura de la pareja tiene que pasar por el cierre del negocio.

En nuestro despacho hemos tenido hace poco una pareja que hace unos años monto una tienda y han elaborado su ruptura de pareja, de manera que les permita continuar con su relación como padres y como socios.

Hemos hecho con ellos un análisis de la que va a ser su nueva realidad y han podido conjugar sus tiempos de cuidado de hijos, con sus tiempos de trabajo y con sus tiempos de ocio. Han pactado unas nuevas condiciones de relación, así como unas agendas que les van a permitir no tener que abandonar la gestión de su empresa por decidir divorciarse. La mediación les ha permitido comunicarse de manera adecuada para lograr acuerdos y poder establecer medidas reales para salvar su relación como padres y como socios. Probablemente si el proceso hubiera sido más confrontativo no habrían conseguido el éxito que la mediación y su trabajo en colaboración les ha dado.

¡Seguimos en contacto!

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