El divorcio y sus cifras

por Maite Ruiz Aquerreta

Hemos visto publicado recientemente en medios locales (Diario de Navarra) y nacionales (El País), los datos estadísticos sobre divorcios, separaciones y otros asuntos de familia, de 2016 y su comparativa con el año anterior. Los datos han sido facilitados en el primer caso por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra y en el segundo caso, por el Consejo General del Poder Judicial.

                              

Para hacer el mapa del escenario real en el que estamos hoy en día en Navarra, nos falta conocer el dato de las rupturas de parejas que se llevan a cabo fuera de los juzgados. Recordemos que también se puede formalizar un divorcio en una notaría. Pero aunque no sean todos, los que tenemos, expuestos en una tabla que facilite la lectura y análisis, quedarían así:

Según el gráfico de medias por comunidades autónomas del artículo publicado en El País, Navarra se encuentra cuatro décimas por debajo de la media nacional de rupturas de pareja (hablamos de separaciones y divorcios, sin diferencias entre ellos). En España la media es de 2.6% y en Navarra es de 2.2%.

Si hacemos la media de rupturas a lo largo del año, obtenemos que en 2016 en Navarra han tenido lugar casi 4 (exactamente 3,8) rupturas de pareja diarias. El incremento del 2016 sobre los datos del 2015, es de un 0.1%

Y si sumamos procedimientos por modificaciones de medidas, nulidades o procedimientos de guarda y custodia y alimentos de hijos, nos vamos a unas cifras que nos hablan del aumento anual de la litigiosidad entre cónyuges o ex cónyuges.

En 2016 las demandas presentadas en los juzgados de Navarra, entre mutuo acuerdo y contenciosas, suman un total de 2.440 asuntos, un 5.5% más que en el año 2015 que fueron 2.313.

Así que, en el primer acercamiento a los datos, vemos que la litigiosidad en asuntos de familia entre 2015 y 2016, ha ido en aumento.

Pero hay un dato que me llama mucho más la atención. Si atendemos a la comparativa entre asuntos resueltos con acuerdo y asuntos contenciosos, vemos que en separaciones y divorcios los primeros doblan a los segundos: en 2015 y 2016 hay más de 850 procesos que finalizan con un acuerdo y aunque aumentan ligeramente los contenciosos en el 2016 frente a los de 2015, siguen manteniéndose en la mitad más o menos.

Sin embargo, observamos en la tabla un par de filas por debajo, que en los procesos que tienen que ver con la modificación de medidas, ocurre al revés, pero en una proporción mucho más abultada: en 2015 triplican los asuntos contenciosos sobre los acuerdos y en el 2016 se cuadriplican.

A la vista de estos datos, podemos decir que hay mayoría de parejas que en el  momento de la ruptura son capaces de llegar a un acuerdo que recoja sus intereses y necesidades, pero con el paso del tiempo, los cambios y el crecimiento de sus hijos, pierden esa capacidad de comunicarse, negociar y obtener acuerdos que en un momento previo de mucho dolor si fueron capaces de encontrar. Y no solamente ellos, sino por lo que parece los abogados no consiguen tampoco el acuerdo.

Pueden ser muchas las causas de la mala relación instalada entre los ex cónyuges que se ven enfrentados en el juzgado….cada pareja tendrá las suyas, y probablemente acuden al juzgado por creer que no tienen otra opción, pero me atrevo a afirmar, que tal vez la mediación pueda hacer que reconstruyan una historia común que ahora tienen muy deteriorada, y se restablezca la necesaria comunicación que permita discutir y debatir sobre pros y contras de los cambios que alguno de los progenitores reclama. Y tal vez, abriendo posibles alternativas y soluciones imaginativas (opciones que nunca encontrarán en una sala de un juzgado), lleguen a un punto de acuerdo en el que ambos se sientan seguros de los cambios que van a iniciar y sea el final de su reclamación  y no el principio (como lo es en muchos de los casos, con recursos y apelaciones a tribunales e instancias superiores).

Así pues, animo a ex cónyuges litigantes y profesionales del derecho de familia a que exploren la posibilidad de obtener acuerdos en un entorno muy diferente al juzgado, en un ambiente de confianza en el que un profesional experimentado guíe la comunicación/negociación y puedan encontrar soluciones reales y adaptadas a sus circunstancias actuales, diferentes de las que se daban cuando suscribieron sus convenios reguladores. Y si no es posible el acuerdo o la solución en una sala de mediación, siempre tendrán el juzgado como segunda opción.

¡Seguimos en contacto!

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