Poseedor de numerosos premios y con una dilatada carrera a sus espaldas, el donostiarra Iñaki Ruiz de Eguino es un artista polifacético que ha experimentado con diferentes disciplinas artísticas. La Galería Pintzel expone desde el pasado viernes y hasta el 7 de septiembre una muestra con sus últimas obras. (De lunes a viernes, de 10 a 1.30 y de 4.30 a 8.30. Sábados de 11 a 1.30 y de 7 a 9).
He traído piezas recientes de escultura, pintura (6 piezas pictóricas de la serie Construcciones Relacionales y un gran díptico, Malevich II, que homenajea al suprematista ruso) y trabajos con diferentes papeles, que yo llamo flotaciones gravitacionales, porque están como suspendidas.
Como se encuentra ubicada en un espacio entre carreteras y está pintada en rojo y naranja, la idea es que se convierta en una especie de dibujo en color, como si estuviera pintada en el propio espacio.
Tengo una actividad bastante frenética, y al tener mucha actividad no se puede estar en todas partes. Hay una serie de compromisos que no me lo han permitido. Al margen de eso, aquí he comisariado exposiciones de diferentes personas para el Museo y para la Caja de Navarra.
-Todo ha ido como por ciclos. En el año 74 me dieron el Premio de Pintura Vasca por una pieza que ahora tiene la Caja de Navarra, cosa que me hace mucha ilusión. En toda esa época -años 70 y 80- sí que hacía escultura, pero sobre todo pintura, y luego empecé a combinarlas más. También hice obras gráficas con aguafuertes, serigrafías y otras técnicas, y a mediados de los 90 fue cuando me metí de pleno en la escultura.
-Una exposición me compró varias piezas sobre elementos de utillaje -aperos de labranza, herramientas que utilizan los toneleros, etc.- y a partir de estos elementos volví a interesarme por el tema de las tres dimensiones. Empecé a desarrollar trabajos tratando de crear una imagen renovadora de algo tradicional. Utilizaba materiales como hierro, madera, aluminio, acero... Retomé la parte más humanista de la escultura.
-Me interesa mucho tomar cosas de la tradición y reformarlas, porque creo que el arte tiene más fundamento si está basado en ella que si es un simple capricho creativo. Esto exige más concentración y trabajo intelectual y a veces es más ingrato partir de la realidad y trabajar sobre eso.También me ha interesado siempre el espacio. Las esculturas son planos abiertos, y me gusta que permitan que las personas puedan transitar por ellas, que sean un elemento más del mobiliario urbano. Así mutan de esculturas a algo más, y para mí es más gratificante. Trato de romper la imagen de "intocables"
que tienen algunas obras de autores como Oteiza o Chillida. La escultura tiene que ser algo mucho más accesible, sobre todo en los espacios públicos.
-El día 13 tengo una exposición de obra gráfica y escultura en Tudela en la sala Castel Ruiz en el Palacio de los Huarte, y en noviembre presento en Madrid e la galería Rafael Lozano. Mientras tanto estoy acabando una escultura pública de más de ocho metros que se colocará en Collado Villalba, donde viven los príncipes. Se va a titular Vigía del Collado y va a ser el emblema de la ciudad.
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