El accidente ocurrió el 27 de marzo. «Fue un infierno de explosión, el túnel que alberga la maquina se llenó de helio y polvo y tuvimos que llamar a la brigada de bomberos para evacuar el lugar», explicaba a The Times Lyn Evans, el científico que lidera el proyecto de la construcción del acelerador de partículas en el CERN. «Quienes trabajaban en la prueba durante la que ocurrió la explosión tuvieron miedo por sus vidas, pero todos estaban en lugares seguros y no hubo heridos», aclaró Evans.
El fallo ocurrió en la máquina conocida como Large Hadron Collider (el Gran Colisionador de Hadrones, llamado por sus siglas LHC), un dispositivo que se está construyendo en la actualidad y que pretende recrear las condiciones en las que se produjo el Big Bang que dio lugar al universo. Los imanes los había consturido la empresa Fermilab, que según dice The Times, «cometió errores elementales en el diseño de los imanes y de sus anclajes, que los convirtió en inseguros una vez el sistema estaba operativo».
Es posible, asegura el rotativo británico, que este accidente retrase hasta la próxima primavera la inauguración del acelerador de partículas, prevista para noviembre y cuya construcción ha supuesto una inversión cercana a los 4.000 millones de euros. Tras reparar los imanes, se someterán a todas las infraestructuras a una serie de pruebas para comprobar su resistencia.
El acelerador trabajará con protones, a los que pondrá casi a la velocidad de la luz, con la esperanza de que puedan generar, al chocar con otros protones, nuevas partículas que expliquen algunas propiedades de la materia.
El LHC cuenta con dos tubos por los que circula un rayo de protones, de un tamaño menor a un pelo humano, que debe ser dirigido con imanes, precisamente los que fallaron a finales de marzo.
Las pruebas del LHC han dado de todos modos una reciente alegría a los responsables del CERN, ya que, según se informó ayer, la primera sección del acelerador de partículas alcanzó la temperatura en la que trabajará: -271 grados celsius, casi un grado más frío que el universo.
Las bajas temperaturas, de sólo dos grados por encima del cero absoluto, son necesarias para producir el campo magnético gigante con el que se acelerarán las partículas atómicas.
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