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2.400 "garroticos" al día en la trastienda de Beatriz

Una estampa habitual de las mañanas de la Estafeta es la fila de clientes de Pastas Beatriz que espera en la calle para hacerse con una caja de "garroticos" de chocolate, el producto estrella de las hermanas Asun y Lourdes Gómez Tellechea

Asunción Gómez Tellechea es, junto a su hermana Lourdes, la encargada de cocinar y atender a los clientes de Pastas Beatriz. En la fotografía, preparando una caja de "garroticos". 	ARALUCE

Asunción Gómez Tellechea es, junto a su hermana Lourdes, la encargada de cocinar y atender a los clientes de Pastas Beatriz. En la fotografía, preparando una caja de "garroticos". ARALUCE

GONZALO ARALUCE . PAMPLONA Sábado, 8 de enero de 2011 - 04:00 h.

EL invierno no existe en la trastienda de Pastas Beatriz, donde el horno, encendido desde las cinco de la mañana, transforma los dos grados de la calle en una cálida atmósfera, envuelta en un olor de chocolate caliente, de hojaldre y de masa cociéndose a 230 grados.

Dos hermanas, Asunción y Lourdes Gómez Tellechea, de 50 y 52 años, se despiertan a las cuatro de la mañana para encender el horno de la calle Estafeta, número 22. "La espalda se resiente tras más de 20 años trabajando de lunes a sábado", afirman, encorvadas, a la vez que dan forma a la masa de su especialidad, los garrotes. Vestidas de blanco, con el pelo protegido con una red del mismo color y con manchas de chocolate por toda la ropa: "Ésto sólo sale con agua muy, pero que muy caliente", aseguran. "Y nosotras mismas terminamos oliendo a pasta. Los perros por la calle se vuelven locos cuando nos huelen", explican, dejando escapar una sonrisa en un rostro cubierto por la harina. En la puerta, largas colas de clientes esperan su turno, día tras día y aguantando las inclemencias del tiempo, para hacerse con una caja de "garroticos".

El nombre de Beatriz

Las dos hermanas se hicieron con la pastelería hace más de 20 años, cuando Pablo Sarandi, el anterior gerente, se jubiló tras 22 años de profesión. "La pastelería se llama así porque Beatriz era el nombre de su esposa", explica Lourdes. "En principio era una tienda de ultramarinos, que luego se transformó en lo que es ahora. Hemos hecho algún cambio en la maquinaria que era necesario. Por ejemplo, el horno. Este hombre vino con lo puesto y tuvo que comprar un horno a unas monjas. Era tan viejo que ahora está en un museo", cuenta riéndose, emocionada al hablar de su mentor. "Se portó genial, nos enseñó a cocinar durante ocho semanas y siempre que teníamos cualquier duda bajaba a ayudarnos. Se nos partía el hojaldre, las rosquillas nos salían mal y la masa se nos quedaba a medio cocer. ¡Menudas broncas nos echaba!", recuerdan, sin dejar de reírse.

"Él y su esposa vivían en Estafeta y ambos fallecieron hace tiempo", lamentan las dos hermanas, naturales de Ezcurra, asegurando que antes de llegar a Pamplona sólo sabían cocinar por afición: "Nunca nos habíamos dedicado a esto", aseguran. Asunción explica que el negocio de las pastas les pilló por sorpresa: "Yo viajaba por pueblos vendiendo talos, pero ésto fue algo nuevo para nosotras".

Jornada de catorce horas

El teléfono suena a las ocho de la mañana. Asunción afirma continuamente tomando nota en un cuaderno manchado de aceite: "Muchos nos llaman antes de abrir desde que aceptamos pedidos por teléfonos. Así tienen el desayuno recién hecho, calentito", comenta, con una caja de pastas de un kilo a medio llenar. "Ésta, junto a la caja de medio kilo, es la que más se lleva la gente. También tenemos de tres cuartos, de kilo y medio y de dos kilos", explica Lourdes, empujando las rosquillas en el aceite hirviendo con una larga espumadera. Lejos de algunos rumores que indican que el cierre de Pastas Beatriz está cerca, las dos hermanas se están planteando ampliar el negocio: "Queremos comprar un local en la calle Curia para hacer la primera fase de las recetas. Así, en este cuarto de pocos metros cuadrados, sólo nos encargaríamos de la cocción", afirma Asunción.

Veinte años, trabajando de lunes a sábado, con una jornada que comienza a las cinco de la mañana y se prolonga hasta el cierre, a las ocho de la tarde. Después, limpiar, recoger, hacer caja: "Nosotras lo sufrimos, mis hijos, Jon y Goizeder, lo llevan peor", reconoce Lourdes. "Jon, con tres años, venía del colegio y dormía en una hamaquita que teníamos preparada para él. Un día, él tenía mucha hambre pero nosotras mucho trabajo. Salió y se fue hasta el bar Belagua a pedir algo de comer. Me llamaron preguntando si era mi hijo. Se me partió el corazón. ¡Ahora tiene 22 y dice que quiere recorrer mundo!", cuenta Lourdes conmovida. Asunción se ríe al recordar las anécdotas de sus sobrinos: "Recuerdo cómo Goizeder dormía en una camita en un cajón de la tienda. Ahora tiene 15 años. He cuidado mucho de los dos. ¡El diablo da sobrinos a quien Dios no ha dado hijos!", exclama riendo.

Ante todo, "garroticos"

A cada hornada, una nueva bandeja de "garroticos", con un precio de 10,50 euros el kilo: "Preparamos más de 30 bandejas al día y en cada una hay unos 80 garrotes. Si hace falta, preparamos más. Es lo que más se lleva la gente. Tenemos clientes fijos en Pamplona, Bilbao, Tenerife, Cataluña...", aseguran, especialmente orgullosas. "Del resto de pastas no podemos asegurar una cantidad diaria. A veces más y a veces menos, pero lo que más se llevan es todo lo relacionado con el chocolate", comentan.

Otras tres empleadas completan la jornada de trabajo, pero Lourdes y Asunción no abandonan su puesto: "Es gracioso, porque la gente nos confunde entre nosotras y además nos llaman Beatriz. No nos queda otra que asentir con la cabeza". Sin embargo, son muchos los vecinos que ya han tomado a estas dos hermanas como parte del barrio y casi de la familia: "Nos ayudaron cuidando de mis hijos cuando no podía echarles un ojo, nos traen algún termo con café que recibimos con especial agradecimiento y siempre se preocupan por nosotras, preguntando cómo lo llevamos", narra Lourdes, mostrando una gran alegría. "No hay mejor sitio para vivir que Pamplona".

Presencia en Facebook

Pastas Beatriz ha iniciado una campaña a través de las redes sociales. Más de 400 amigos de este usuario de Facebook comentan fotografías sobre los garrotes, debaten sobre las cualidades del chocolate e incluso suben vídeos comiendo las pastas de este establecimiento. "Si pruebas esto...sabrás por qué se utiliza la expresión vale una pasta", reza uno de los comentarios del tablón.

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