
Con picos de presión de sonido que superan los 140 decibelios, intensidad que delimita el umbral de dolor en el oído humano, el efecto de un disparo de arma larga, como una escopeta o un rifle, es comparable con el que se produce durante 40 horas en un taller o una cadena de montaje (90 dB). "Los disparos de escopeta, que son los más nocivos para el oído interno, generan ruidos de impacto de gran intensidad y corta duración", explica Francisco Javier Cervera Paz, doctor del departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Universidad de Navarra.
De hecho, el habitual embotamiento o pitido en los oídos tras una jornada de caza, que suele desaparecer en minutos u horas, puede terminar por pasar factura y convertirse en un síntoma permanente. En este sentido, los expertos mantienen que la pérdida de audición por la exposición al ruido es "acumulativa", es decir, cuantas más veces se exponga uno al ruido, mayor será el daño. "La sordera afecta primero a los sonidos agudos y, después, al resto, y cada vez es más grave", dice Cervera. Por ello, los cazadores pueden, con el tiempo, ver disminuida su capacidad de apreciación e incluso de comprensión al seguir una conversación.
Peor con experiencia
Asimismo, está comprobado que el efecto continuado de los disparos acelera el deterioro auditivo asociado a la edad, por lo que suelen ser los más experimentados quienes sufren mayores problemas. "Los sonidos de intensidad superior a los 140 decibelios generan lesiones permanentes en el oído interno", dicen los expertos.
También se ha constatado que las escopetas semiautomáticas producen disparos con un nivel de presión auditiva "ligeramente superior". En este sentido, utilizar dispositivos para reducir el retroceso de los rifles (frenos de boca) puede ser aún más perjudicial. "Estos aparatos aumentan considerablemente el sonido emitido en el disparo", apuntan desde la Clínica.
Pero independientemente de la intensidad del ruido, la zona más afectada será la cóclea. "Ahí están las células que nos permiten oír (ciliadas), y que son realmente sensibles al efecto de los ruidos intensos", explica el otorrino. "Estas células pueden alterarse transitoriamente por un sonido de alta intensidad, pero su función se suele recuperar", añade. Sin embargo, si el ruido es repetitivo, puede producirse una lesión estructural que se transforma en un daño permanente.
Protección sonora
De este modo y con el objetivo de evitar una lesión auditiva, los expertos diferencian dos tipos de dispositivos que ayudan a reducir el ruido durante las jornadas de caza. Los protectores pasivos (tapones y cascos), que son los más conocidos, tienen una eficacia "aceptable"; y los dispositivos activos o "inteligentes", que disponen de sistemas de amplificación integrada, permiten la escucha de sonidos ambientales, así como una adecuada protección frente a los ruidos potencialmente nocivos. "Hay diseños de aparatos parecidos a los audífonos o los cascos que son muy eficaces", sostiene Cervera.
En cualquier caso, tanto los protectores pasivos como los activos logran disminuir los sonidos entre 15 y 30 decibelios, es decir, reducen el ruido por debajo del límite que puede producir daños en el oído humano.
Diariodenavarra.es no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores La discrepancia y la disparidad de puntos de vista serán siempre bienvenidos mientras no ataquen, amenacen o insulten a una persona, empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan obscenidades u otros contenidos de mal gusto.
Diariodenavarra.es se reserva el derecho a decidir las noticias que admiten comentarios de los lectores.
Conoce nuestro grupo | Empresas del Grupo | Sala de prensa | Contacta con nosotros | Apúntate a nuestro equipo
Diariodenavarra.es | Intendencias.com | Campusdenavarra.com | Campustrophy.com | Fiestasdesanfermin.com | RedAccion.com | Directa.tv | Navarrademedios.es |
© Diario de Navarra