Subieron al Anie y querían bajar a comer. Pero se echó la niebla en el descenso. Padre e hijo pasaron la noche a 1.850 metros en un agujero en la nieve, sin ropa de abrigo y a cuatro grados bajo cero. Sin comer ni beber desde el mediodía.
Descendían después de hacer cima en el Anie (2.507 metros) cuando la niebla se les echó encima. Dieron aviso al 112, pero anocheció sin que el dispositivo de búsqueda diera con ellos. Así que cavaron un vivac (agujero en la nieve) y pasaron la noche a 1.850 metros de altitud, a 4 grados bajo cero y sin haber probado agua ni comida desde el mediodía.
Ayer a las ocho y media de la mañana fueron rescatados por lo bomberos (de Cordovilla, Navascués y también franceses) y miembros del GREIM de la Guardia Civil.
El pamplonés Jesús Sánchez-Ostiz Gutiérrez, de 50 años, empresario de la construcción y profesor en la UPNA; junto con el tercero de sus cinco hijos, Íñigo Sánchez-Ostiz Chivite, de 19 y estudiante de Económicas de la Universidad de Navarra, relataban ayer al salir del centro de salud de Isaba, donde fueron tratados, cómo pasaron la noche. "La peor noche de nuestras vidas", decían aún con temblores en las piernas por el frío pasado.
¿Cómo están?
Jesús: Yo tenía un problema en la rodilla, así que ha sido un grado más de dureza. Era casi la primera excursión que hacía este año, aunque ya he subido este monte cuatro veces. Nos gusta y practicamos mucho el monte.
Íñigo: Yo tengo la cara pelada por el viento. Nos han dado suero sobre todo para hidratarnos.
¿Cuándo se tuerce la excursión?
Jesús:Salimos a las seis y media de la mañana de Pamplona y llegamos aquí con pleno sol y sin mucho frío. La idea era subir, bajar y comer a Juan Pito. Pero después de hacer cima se complicó. No encontrábamos la ruta para volver, entró la niebla y ya no sabíamos por dónde ir. Era desesperante, hacía frío, te pegaba la ventisca y estabas perdido.
¿Cuándo deciden avisar al 112?
Íñigo: Cuando volvimos a ver nuestras propias huellas tras dos horas andando, era que ya estábamos perdidos. Eran las seis de la tarde, sabíamos que no íbamos a llegar al coche.
Jesús:Con la niebla no se veía ni a tres metros, una ventisca terrible, no encontrábamos un sitio donde parar y refugiarnos. Tampoco veíamos ninguna referencia.
Íñigo: Nos dijeron que nos quedáramos en el sitio para no bajar más y no perder la cobertura, porque si entrábamos en el bosque nos quedábamos sin cobertura.
¿Cuándo se dan cuenta de que tienen que pasar la noche ahí?
Íñigo:A las ocho empezamos a montar el vivac, a las nueve oscureció y ya nos dijimos: "Aquí toda la noche". Hacía mucho viento, tanto que apenas nos oíamos entre nosotros.
Jesús: A las ocho de la tarde tuvimos alguna ilusión porque oímos el helicóptero, pero se echó la noche y la ventisca dificultaba mucho la búsqueda a pie. La verdad es que actuaron con una celeridad digna de encomio.
¿Iban bien equipados?
Jesús: Ni comida ni bebida. Y la ropa... bien, pero no para pasar noche, porque hacía un día precioso cuando salimos. Sí teníamos la manta térmica.
Habrá sido una noche muy larga
Íñigo: Pusimos dos piedras en el agujero de la nieve y ahí nos quedamos toda la noche en cuclillas.
Jesús:Desde que se nos echó la noche eran 15 horas por delante. Tenías que levantarte, la roca se te clavaba en las vértebras, y luego estaban los temblores... Hemos pasado mucho frío. Era curioso, teníamos temblores durante tres minutos y luego, como el cuerpo reaccionaba al frío, se paraban, pero volvían automáticamente a temblar. Y no era un castañeo de los dientes, era temblar brazos, piernas... todo.
Íñigo: Estábamos juntos y notábamos cómo temblaba el otro.
Jesús: En algún momento nos levantábamos porque ya no podíamos aguantar más con las rodillas, nos dábamos abrazos, friegas, golpes... Y todo eso a oscuras.
¿Hablaron con la familia?
Íñigo:Sí, varias veces con mi madre, pero no podíamos gastar batería. Mi madre estaba nerviosa.
¿Consiguieron dormir?
Íñigo:Yo algo, sí.
Jesús: Algunas cabezadicas yo creo que también he dado, pero un sueño muy ligero y con continuos sobresaltos. Además el propio viento te trae sonidos que no significan nada y que tú con la ansiedad te crees que ya están aquí.
El amanecer habrá sido un alivio
Íñigo:Ha amanecido sobre las siete y media, hemos empezado a andar en línea recta, para calentarnos un poco y hemos llamado.
Jesús:Hemos visto el helicóptero y hemos ido dando indicaciones desde abajo, con el móvil y haciendo señas subidos a dos lomas... Cuando lo hemos visto ha sido pensar: "Ya estamos a salvo, de ésta salimos". Porque si entonces nos dicen que tenemos que andar cien metros más por Larra no hubiéramos podido. Teníamos la ropa mojada, los pies hinchados...
Íñigo:La rodillas dolían de estar toda noche en mala postura, no podía andar más.
Jesús: Nos han cogido en helicóptero hasta donde estaba el coche. Allí nos han dado mantas, nos hemos tomado un par de cafés, y nos han llevado al centro de salud de Isaba, donde se han portado muy bien, nos han puesto suero y nos han calentado los pies, porque teníamos hipotermia. Ahora tenemos que descansar, pero primero llegar a Pamplona, que es el cumpleaños de mi mujer.
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