Los padres de Alejandro Alzugaray guardaron los esquíes en el trastero cuando los médicos confirmaron que tenía síndrome de Down. Ahora no son capaces de sacarle de las pistas. Con la suya comienza una serie de historias de éxito anclado en el esfuerzo.
En dos meses aprendió lo de toda la temporada. Primero fue la fase de iniciación, pero Álex pasó por ella a la misma velocidad con la que desciende las pendientes. Como una exhalación."Tiene mucho potencial". "Es increíble lo autónomo que es en cuestiones como equilibrio. Y lanzado. No es de los que esperan a que les mandes tirarse. Él coge y, para cuando te das cuenta, ya está abajo. Me dice: "Ahí te quedas" y se va solo. Con toda paz".
Son frases de Susana Acha, la monitora de Alejandro Alzugaray Osta en Candanchú, que comprueba sorprendida cada fin de semana los avances de este niño pamplonés de 9 años, con síndrome de Down, que nunca creyó que se iba a calzar los esquíes que su padre le compró cuando aún no había nacido. Sin embargo, no sólo se maneja con seguridad en pendientes sembradas de placas de hielo, sino que sus entrenadores animan a sus padres a que "por su potencial deportivo, a este chaval hay que sacarle todo el jugo, puede llegar lejos" y apuntan a la sección de discapacitados del Club de Esquí de Candanchú, campeón nacional en esa categoría. Cándido Sáez, responsable de este grupo, lo tiene claro. "Se le ve que va a evolucionar rapidísimo".
Su madre, Montse Osta, habla de él con arrobo. Su padre, Héctor Alzugaray, trata de no perder de vista al pequeño de la casa, Fermín, que en breve cumplirá los 4 años. El salón es testigo de una competición "a vida o muerte" entre ambos hermanos. La Wii y un videojuego sobre deportes de invierno son, en esta ocasión, el campo de batalla.
Pero Álex no sólo es un fiera sobre el terreno helado. También es un niño inquieto, que se interesa por todo lo que ocurre a su alrededor. Y más si se habla de él. "Montse, déjame la cámara". Alejandro llama a su madre por su nombre de pila. No se amilana ante el complejo mecanismo. Comienza a pasar imágenes. También muestra las que están almacenadas en el ordenador portátil. "Mira, aquí salimos en la silla voladora". Es la denominación familiar para el telesilla. Álex nació el 23 de enero de 2001. Sus padres no supieron durante el embarazo que tenía síndrome de Down. Incluso los médicos lo dudaron durante horas después del parto. "Es que mi madre tiene los ojos bastante rasgados", explica la madre, de 37 años, que tuvo con 28, "dicen que la edad ideal", a su primogénito.
Esquíes en agosto
Para Héctor Alzugaray, el padre, la noticia resultó un mazazo. "Estaba tan ilusionado con que pudiéramos esquiar todos juntos que me fui, en pleno agosto, estando mi mujer embarazada de 5 meses, hasta una tienda de deportes para comprar unos esquíes de plástico. La cajera me miró como si fuera un extraterrestre", ríe. Hoy, el par que alberga el trastero de esta familia en su domicilio de Arre es sólo "un trasto más". Pero no por la imposibilidad de utilizarse, sino por el espacio que ocupan entre decenas de otros aperos deportivos. "Hacemos de todo: natación, atletismo, ciclismo, gimnasia", cuenta la madre. Eso, en el escaso tiempo libre que le queda a este niño cuando acaba las clases de 2º de Primaria en el colegio de San Cernin.
La agenda cotidiana de esta familia ha alcanzado cotas de ajetreo impensables cuando Alejandro fue operado del corazón, con 4 años. "Pensamos que no íbamos a volver nunca a esquiar. Ni eso ni muchas otras cosas, pero la experiencia de mi hijo me ha dejado claras unas cuantas cosas: que las personas con discapacidad, si tienen constancia, pueden conseguir aquello a lo que aspiran. Les costará más, pero lo pueden conseguir". Alejandro acudió durante siete años a una clínica privada de estimulación de Madrid. Hace dos inviernos, recibió el visto bueno del médico para un primer contacto con la nieve. Dicho y hecho. Con un punto de aprensión por ver cómo reaccionaría, le calzaron las botas y el buzo. "Al principio se caía bastante, lloraba, que si mami, hace frío, que si me duelen las botas...", rememora la madre, hasta que, "como le suele pasar a todo el mundo que se inicia en el esquí", le cogió el tranquillo y se convirtió en un adicto.
"Nos pegó tan fuerte que este invierno sólo hemos dejado de venir un día... Y porque el cura de Álex se puso muy serio y dijo que el niño que no fuera a misa aquel domingo no hacía la Comunión esta primavera", confiesa la madre. Su hijo no sólo pasea ya con total naturalidad por Candanchú, sino que se ha vuelto incluso un personaje "popular". "A veces nos pasa que vamos andando de camino a las pistas y al cruzarnos de frente con alguien, Alejandro le saluda. Yo le digo: ¿Y ese quién es? Y, él, tan tranquilo, me responde: Pues Montse, un amigo mío", le imita.
Hilo musical en la incubadora
¿Por qué tanta pasión?, se preguntan ahora sus padres. Porque su hijo no es de medias tintas. "Lo que le gusta, le encanta. Además del esquí está el cine y, en especial, Cary Grant, la batería (su especialidad es el redoble de los gigantes de Pamplona), los Simpson, los piratas y la fotografía". Montse Osta cree la música ha jugado un papel primordial. "Siempre he sospechado del hilo musical que les ponían en la incubadora. Y Álex se pasó allí 22 días...".
En general, las emociones fuertes son del gusto de los dos hermanos. "Los toros y el encierro", gritan. Su madre confirma esa vena. "Nos han salido de un taurino que no veas. En verano, de vacaciones, no bajamos a la tarde a la playa hasta que se acaba la corrida". "La verdad es que nunca ha tenido miedo a nada", indica su padre. Y sin perder el glamour. Monta a caballo desde los 3 años, como demuestra ufano al mostrar una foto que preside el salón. Llega el primero abajo esquiando, siempre muy elegante. "Y perfumado, con un punto pijo,", matiza Montse Osta.
De momento, este matrimonio está feliz con la progresión de su hijo. Su padre lo expresa en esta línea: "Le vemos entusiasmado y, mientras siga así, nosotros encantados. Siempre hemos tenido claro, y sirve para cualquiera de nuestros hijos, que una afición así sólo sirve si hace disfrutar a quien la practica. Álex, siempre con nuestro apoyo, llegará hasta donde él quiera", afirma convencido.
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