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Navarra ondea en el Sahara

- Una delegación navarra visita los campamentos de refugiados de Tinduf (Sahara), donde hoy se inaugurará un centro pedagógico de formación de profesorado subvencionado con 68.023 euros

IVÁN BENÍTEZ . ENVIADO ESPECIAL EN TINDUF (SAHARA) Jueves, 18 de marzo de 2010 - 01:33 h.

LA bandera de Navarra que sujeta Nana en el campamento 27 de Febrero, uno de los asentamientos de refugiados saharauis más próximos al aeropuerto de Tinduf, ondeará de manera simbólica en el Sahara en el primer Centro Pedagógico de Formación de Profesorado que se inaugurará mañana viernes. Un edificio de piedra y hormigón financiado con 68.

023 euros por el Gobierno de Navarra y dirigido por técnicos voluntarios navarros de la ONGD ANARASD y arquitectos saharauis, con el objetivo de fortalecer la educación en la región. Para ello se ha desplazado una representación de los distintos partidos políticos navarros. Una expedición que aterrizó hace cuatro días, a las tres de la madrugada y, hasta hoy, ha recorrido 700 kilómetros en vehiculos todoterrenos, supervisando los distintos proyectos financiados por el Gobierno foral y el Ayuntamiento de Pamplona.

Son las ocho de la mañana de un miércoles, 17 de marzo, en el que la delegación araña cada segundo al amanecer. Las jornadas son intensas, de 14 horas, sin agua con la que poder lavarse, la luz es un espejismo de la que disfrutan muy pocos y en contadas ocasiones. Permanecen alojados en las casas de adobe de dos familias. Son los campos de refugiados saharauis. Una cárcel de adobe y jaimas donde sobreviven 158.000 personas. El éxodo más antiguo del planeta después del de Palestina. Un polvorín a punto de estallar. Los más jóvenes chocan con los más veteranos del Frente Polisario, y advierten: "No aguantamos más. Iremos a la guerra. Estamos mentalizados y no sabemos hacer otra cosa".

La expedición está cansada. Acaba de llegar de visitar el Hospital de Navarra en Tifariti. Un viaje de ida y vuelta de 640 kilómetros hecho en un día y medio, y que ha transcurrido sin sobresaltos a través de una "autopista" de arena, piedra y socavones llamada Hamada: el desierto de los desiertos, así la califican los autóctonos.

Los saharauis han bautizado a Tifariti "la pequeña Navarra", un pueblo de 3.000 habitantes ubicado a una hora del muro de la vergüenza de 2.000 kilómetros, donde el ejército marroquí ha delimitado con un millón de minas antipersona y ha dejado un reguero incontable de niños muertos y mutilados. Tifariti, un territorio donde el corazón de Navarra late con fuerza en el cuerpo de un joven soldado saharaui de 20 años que un verano disfrutó en Navarra y que próximamente contará en este periódico su historia. Tifariti, un museo de la guerra.

"Mi trabajo es hacer té"

La puerta de madera del habitáculo de adobe de la casa se abre de repente. Nana entra envuelta en una elegante melfa azul, un vestido típico saharaui que le identifica como una mujer adulta. Nana tiene 16 años y a los 12 dejó de estudiar por voluntad propia. No le gustan los estudios. Prefiere quedarse en casa ayudando. Su madre trabaja todos los días coordinando las escuelas del campamento: dos de educación Primaria y otra de Secundaria. Si Nana quisiera seguir estudiando no le quedaría otra alternativa que ingresar en el centro 12 de Octubre: un internado con más de mil estudiantes, el único colegio, de los 40 que existen en todas las provincias de los campos de refugiados, que cuenta con luz eléctrica. Más de 21.000 niños sin luz. Nana insiste: "No quiero hablar de este tema.". Se chasca los dedos y reparte dos besos a cada uno de sus huéspedes. Tagiya, su madre, entra con una bandeja con el desayuno: café, leche, y pan con mantequilla. Deja la bandeja y se despide en un castellano perfecto. Va a trabajar. Nana se sienta en el suelo con el resto y conversa en un castellano perfecto con acento andaluz. Lo aprendió durante los dos veranos que pasó en Sevilla. Hace ya unos años. No tiene muchas aficiones en el Sahara. Dice que sólo le gusta la música, "la de Enrique Iglesias", puntualiza. Sueña con él. Su foto, su música. "¡Soñar es gratis!", exclama. "Me ayuda a olvidar el desierto". Los propios saharauis lo llaman el desierto del desierto: la Hamada. Un terreno inhóspito donde sin la ayuda internacional no podrían subsistir las158.000 personas que viven aquí desde hace 34 años. Una prisión al aire libre. Una cárcel sin puertas en la que existe un 18% de niños menores de cinco años con problemas de malnutrición.

Han transcurrido 34 años y Naciones Unidas, como denuncia Bouhbeini Yahia, presidente de la Media Luna Saharaui, "sigue utilizando las mismas técnicas de emergencias básica de entonces". Una cooperación internacional que se ha reducido este año cerca de un 30%, influyendo directamente en el descenso de más de la mitad del envío de caravanas solidarias. Por suerte, la ayuda humanitaria de Navarra en el Sahara apenas se ha resentido gracias a la coordinación de ANARASD que compra los productos a nivel local para abaratar costes. Si en 2008 fueron 350.000 euros del Gobierno de Navarra y 12.000 del Ayuntamiento de Pamplona; en 2009, la financiación fue de 275.000 euros por parte del Gobierno y 12.000 del Ayuntamiento. Así lo confirma Txaro Pardo Sascue, coordinadora de la ONGD, que estos días se desplaza con la delegación navarra por el Sahara. Tanto a Txaro como al presidente de la Media Luna Saharaui lo que realmente les preocupa es que este verano los niños saharauis no puedan viajar a España y en concreto a Navarra porque la línea argelina que tiene el monopolio de todos los vuelos entre Tindouf y Argel quiere elevar el coste del billete de cada niño a 800 euros. "Es algo que se está pensando muy seriamente a nivel nacional", señala la coordinadora. Los niños van a ser los máximos perjudicados de todo esto, pero no se puede soportar unos costes tan elevados".

Escasean los alimentos

"La situación es más dramática que nunca en los campos de refugiados", indica Bouhbeini Yahia. "Un drama amordazado. No hay que olvidar que, después de la Palestina, la historia de los refugiados saharauis es la más antigua del mundo". Aseguran que la comunidad internacional está construyendo un muro paralelo al marroquí de 2.000 kilómetros. "Lo llamamos el muro del silencio", dice Yahia. "Naciones Unidas está utilizando las mismas normas de emergencia que hace 34 años. Lo que está sucediendo en este desierto es algo único en el mundo. No es normal que se siga viviendo en jaimas, que en pleno siglo XXI estemos hablando de que en colegios de 600 niños no haya más que 10 letrinas, y no en todos las escuelas". El presidente de la Media Luna insiste en que la crisis está afectando muy duro a la población. En los almacenes les queda menos de la mitad de alimentos que necesitan. De las 250 toneladas de arroz mensuales que deberían tener sólo les restan 36 toneladas. La desnutrición afecta al 18% de los menores de cinco años y la anemia es un mal generalizado en el 66% de las mujeres embarazadas. "No podemos garantizar las 2.100 kilocalorías que se requiere por persona. Nos han reducido la ayuda internacional. Sólo podemos repartir 17 kg por persona al mes para garantizar la supervivencia de 125.000 refugiados, cuando la población es de unos 158.000 personas en los campos de refugiados". Esto significa que si una familia media saharaui es de seis personas, la ayuda alimentaria llega a cuatro.

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