En esta fecha inició su dedicación a la Historia de la Medicina, bajo el magisterio del profesor Pedro Laín Entralgo (1908-2001), que acababa de obtener la única cátedra de Historia de la Medicina que existía en España. A su lado fue secretario de redacción de la primera revista española de la disciplina y fundador de la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Fue este experto quien le animó a estudiar la figura y la obra del médico catalán Arnau de Vilanova (c.1240-1311), campo en el que D. Juan Antonio alcanzó relieve internacional.
En 1956 se trasladó a París con una beca del CSIC para estudiar la tradición manuscrita de las obras de Arnau de Vilanova. Allí tomó contacto con los historiadores europeos de la ciencia medieval que, tras la Segunda Guerra Mundial, estaban construyendo la disciplina desde nuevas bases documentales. Tres años más tarde se incorporó al Estudio General de Navarra como auxiliar de la cátedra de Patología General, colaborando con el Dr. Eduardo Ortiz de Landázuri. Un año después fue nombrado secretario general de la Universidad de Navarra, cargo que desempeñó durante siete años.
En la Facultad de Medicina impartió durante treinta años (1962-1992) Historia de la Medicina y, entre 1965 y 1972, Deontología. Asimismo, desde 1970 a 1992 enseñó Historia de la Farmacia. Entre 1970 y 1990, Paniagua publicó la parte de su producción científica más relevante, de la que cabe destacar la biografía y la edición crítica de la obra aforística de Arnau de Vilanova, así como la edición de la versión castellana del Régimen para el rey de Aragón (Jaime II). En esa etapa también encabezó el equipo de investigadores internacionales encargados de editar la obra de Arnau de Vilanova junto con Luis García Ballester y Michael McVaugh.
A partir de 1968, a la tarea universitaria sumó la pastoral; en ese verano fue ordenado sacerdote y pasó a encargarse, como rector, de la Capilla Universitaria que era en aquellas fechas la del Museo de Navarra. Tras unos años en Vitoria, siguió atendiendo en la Clínica Universidad de Navarra hasta su última enfermedad a alumnos, médicos, enfermeras y pacientes. Además de su tarea como sacerdote, acudía todas las semanas a la Biblioteca para mantenerse al día de las novedades en Historia de la Medicina.
Comentarios de los lectores
- D. Juan Antonio Paniagua fue para mí un excelente profesor de Historia de la Medicina. Me enseñó a amar la medicina como arte. Me conmovió su gran humanismo dentro y fuera de la facultad. Sus consejos y comentarios siempre fueron muy acertados y llenos de delicadeza. Era una persona muy inteligente y a la vez muy humilde. Había que conocerlo, para darse cuenta de lo valioso que era como profesor, como sacerdote y como persona. Desde el cielo espero contar con su ayuda, para mi familia y para toda la familia universitaria que tuvo la suerte de conocerle. Nos deja una gran enamorado de Dios y del Hombre. Descanse en pazJ.Gimeno
- Querido D. Juan Antonio: NO encuentro otras palabras que mejor expresen nuestro duelo, porque no haya dejado, que las compuestas por Fray Luís de León hace tantos siglos, y que ahora reproduzco:
¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?
Descanse en paz, D- Juan Antonio, y interceda por nosotros, por nuestra (su) Universidad. Juan José
- yo le recuerdo en las misas de la clinica.. jeje, D.E.P.kuko1985
- Un santo. Un santo. Siempre vivió muy cerca de Dios. Ahora seguro que aun másJavier Echevarría
- ¡Cómo me gustaba escuchar tus clases, escondido yo tras la columna, porque no estaba inscrito en tu asignatura! Era para mí una gloria el escucharte. Que Dios te dé el premio merecido. José Luis
- Recuerdo sus clases -en los años 80- como las más amenas e interesantes de toda la carrera. Persona amable y cercana, llenaba el aula. Un recuerdo para él, también desde el agnosticismo.Atio Varo.
- "..cuantos quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron...." con estas palabras comenzó una meditación en un cr.Torreciudad.El Santuario sin terminar..... Ahora es ud. quien ve lo quie quisieramos todos ver .graciasM.CarmenM.C.Rubio
- Tengo un excelente recuerdo de él como alumno que fuí en 1968. Ameno, didactico y riguroso en sus clases. No falté a ninguna.
Descanse en PazLuis
- Gran sacerdote, gran profesor y todavía mejor persona. Digno hijo de la nobre villa de Artajona. Siempre le recordaremos con admiración y agradecimiento, con la humildad de los grandes hombres.P.L.
- RECEMOS POR ÉL, COMO ÉL TANTO HA HECHO POR TODOS. QUE DIOS LO HAYA ACOGIDO EN SU SENO.RECEMOS
- No tengo ninguna duda de que nuestro Padre te habrá recibido con los brazos abiertos y habrás escuchado la llamada de sus santos a entrar en el gozo de tu Señor... Desde el cielo intercede por mi. ViviVivi
- Tuve la suerte de estar con él pocas horas antes de su fallecimiento. Gran sacerdote y un enamorado de las ciencias y las letras. Con qué interés seguía las últimas novedades en la prensa, en la biblioteca,... y un gran navarro de Artajona.Josep Maria
- Irradiaba cariño y bondad a su alrrededor,seguro que nos cuidara igual desde el cielo.Antonio
- que grande eras!y lo sigues siendo....gonzalo
- Le echaremos de menos Don Juan Antonio. Sé que desde el cielo hará mucho por todos nosotros y estará gozando de la gloria de Dios. Mis condolencias a sus familiares y a todos los que como yo, hemos tenido el privilegio de haberle conocido. Descanse en paz.Ana
- Que estés muy alto en el cielo, D. Juan Antonio.
Nunca olvidaré el cariño con que me has atendido estos últimos cinco años.Gonzalo
- Con emoción recuerdo las misas que daba los domingos a ultima hora en la Clínica Universitaria. Gran cura y mejor persona. Descanse en paz.Javier
- Recibo la noticia con sorpresa y tristeza. Era de esas personas a las que es fácil querer.Pasados los años desde que terminé la carrera me impresionaba que recordara perfectamente mi nombre, el de mi mujer, mis cosas.... cada vez que le veía. Ahora le pido que, desde el cielo, siga acordándose de mi. DEPLeopoldo Fernández
- Recibo la noticia con sorpresa y con dolor. Le conocí durante mis etapa en la Universidad y guardo de él un gratísimo recuerdo. Después, siempre que le vaeia, me impresionaba que se acordará perfectamente de mi nombre, de mi mujer, de mis cosas. Ahora, desde el cielo, le pido que siga acordándose de mi. DEPleopoldo
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