Les arroparon la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y los presidentes de siete comunidades autónomas por las que transita el Camino (Navarra, Rioja, Aragón, País Vasco, Cantabria, Castilla-León y Galicia) que prestaron su apoyo a una Ruta, la Jacobea, de la que el Príncipe destacó su españolidad, europeidad, universalidad y su carácter de "tapiz de principios que nos ofrece la oportunidad de tomar el pulso a la vida y al espíritu".
La jornada comenzó a las once y media de la mañana, justo cuando el coche que llevaba a los Príncipes, que habían llegado en helicóptero hasta Burguete, enfiló la recta que culmina en la Colegiata de Roncesvalles. Para esos momentos el plan que habían trazado los organizadores se había cambiado al menos en dos ocasiones. Estaba previsto que los Príncipes, junto con los presidentes autonómicos, caminaran por las cuestas últimas del puerto de Ibañeta y alcanzaran Roncesvalles como los demás peregrinos. Sin embargo, visto el frío, en torno a los cero grados, y la nieve ligera que no dejaba de caer, la Casa Real decidió renunciar al recorrido. Incluso se llegó a anunciar a la prensa, casi 140 periodistas acreditados, que se había optado por el plan más restrictivo, que contemplaba que los Príncipes llegaran en coche hasta la misma puerta de la Colegiata y que suponía la suspensión de todos los actos en el exterior.
En la iglesia
Al final, se tomó una solución intermedia. Don Felipe y Doña Letizia bajaron del coche a la altura de la ermita de Santiago y recorrieron a pie los poco más de cien metros que la separan de la Iglesia de Santa María. Miguel Sanz fue el primero en salir a recibir a los Príncipes, que después saludaron uno a uno a los presidentes autonómicos, a los canónigos de la Colegiata, con quienes comentaron el frío que se encontraron en Roncesvalles, y al resto de las autoridades. Pertrechados con abrigos y bufanda, y protegida Doña Letizia por un gran paraguas negro, entraron en el templo, donde se desarrollaría la ceremonia principal de la jornada.
Fue un acto que sirvió para ponderar las virtudes de la Ruta Jacobea. Si el Príncipe evocó la fraternidad y la superación como las "ideas fuerza" del Camino, la ministra González-Sinde elogió su patrimonio cultural y la capacidad de quienes lo construyeron. Si el presidente navarro Miguel Sanz describía la Ruta como "realidad viva que atrae a ciudadanos de todo el mundo", el aragonés Marcelino Iglesias lo destacaba como "la calle mayor de Europa". Si Miguel Ángel Revilla, el presidente cántabro, rememoraba a su paisano Beato de Liébana, el hombre "que lo comenzó todo" al anunciar que los restos de Santiago se encontrarían en España, el riojano Pedro Sanz ensalzó Santo Domingo de la Calzada, que también en 2010 celebra su Año Jubilar. Y si el lehendakari vasco Patxi López habló de "intercambio de conocimientos", el gallego Alberto Núñez Feijoo se refirió "al Camino que nos une" mientras el castellano-leonés, Juan Vicente Herrera, describió al caminante como quien gana "fe en sí mismo y con ello adquiere esperanza".
Terminados los discursos, los Príncipes se tomaron un tiempo para conocer algunos de los tesoros de la Colegiata. Siempre acompañados por la ministra y los presidentes autonómicos, visitaron el claustro y la Capilla de San Agustín. Allí se pararon junto al sepulcro de Sancho el Fuerte, sobre cuya vida les ilustró el consejero navarro de Cultura, Juan Ramón Corpas. Los Príncipes preguntaron acerca de la fabulosa estatura del Rey, que se supone superior a los 2,20 metros, o sobre la batalla de las Navas de Tolosa, en la que el Rey Sancho participó y de la que proceden las cadenas que forman el escudo de Navarra.
Pasaron después al Museo de Roncesvalles, donde el Príncipe firmó en el Libro de Honor mientras Doña Letizia se interesaba por alguno de los trípticos que se guardan allí o recordaba el facsímil del Herbario de Roncesvallesque le regalaron a Don Felipe en el Jacobeo de 2004. Aquel año, rememoró el Príncipe, sí se pudo hacer el recorrido de unos metros por Ibañeta. Incluso, señaló a sus acompañantes, los aguantó bien el entonces presidente gallego, Manuel Fraga, que sufría en esos días un problema en la cadera.
La visita cultural, que terminó después de que Don Felipe y Doña Letizia contemplaran con detenimiento el Ajedrez de Carlomagno y la esmeralda de Miramamolín, dos de las piezas más preciadas del Museo, dio paso a un aperitivo en el Hotel Roncesvalles, en las Casas de los Beneficiados. Allí aprovecharon para saludar y departir brevemente con todos los invitados.
Hacia las dos menos diez del mediodía, cuando la nieve y el frío comenzaban a arreciar, volvieron al coche para recorrer los cuatro kilómetros que separan Roncesvalles de Burguete. Junto a una gasolinera cercana les esperaba el helicóptero que les llevaría a Jaca, donde culminarían los actos de apertura del Año Jacobeo 2010. El siguiente no se celebrará hasta 2021.
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Don Felipe, durante su discurso en la Iglesia de Santa María de Roncesvalles. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA/JESÚS GARZARON
Los Príncipes, la ministra de Cultura y los presidentes autonómicos, junto al sepulcro de Sancho el Fuerte. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA/JESÚS GARZARON
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