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VÍCTIMAS DE ETA

La primera víctima de ETA, una niña de padres navarros

- Begoña Urroz Ibarrola, de 22 meses, hija de una pareja de Beintza-Labaien, murió en 1960

- La familia y las autoridades asumen la autoría etarra, aunque la banda nunca ha reconocido la colocación de la bomba en Guipúzcoa

CARMEN REMÍREZ . PAMPLONA/BEINTZA-LABAIEN Domingo, 7 de febrero de 2010 - 04:00 h.

El 27 de junio de 1960, minutos después de las siete de la tarde, una maleta incendiaria colocada en la consigna de la estación de Amara, en San Sebastián, explosionaba causando quemaduras mortales a un bebé de 22 meses. Tras unas horas de agonía, Begoña Urroz Ibarrola moría en la clínica del Perpetuo Socorro de la capital guipuzcoana.

La fallecida se trataba de la primogénita de un matrimonio navarro que había emigrado al emergente cinturón industrial de San Sebastián a finales de la década de los cincuenta y, según, la familia, las autoridades y varios investigadores del sanguinario reguero de ETA, la primera víctima mortal de la banda.

A pesar de que esa hipótesis ha ido cobrando fuerza con los años (lo han afirmado así, entre otros, José Antonio Pagola, vicario general de la diócesis de Guipúzoca, Ernest Lluch, ex-ministro socialista y víctima de ETA, y Florencio Domínguez, periodista, y Rogelio Alonso y Marcos García Rey, expertos en terrorismo y co-autores junto a Domínguez de Vidas Rotas, libro publicado por Espasa), la banda nunca ha reconocido oficialmente la autoría de aquella muerte. Pero para la familia es un hecho. Así lo reconocía esta semana a través de una entrevista telefónica Jon Urroz Ibarrola, hermano de la víctima, y así lo hicieron hace unos días también al diario El País. El próximo domingo 14 de febrero recibirán, junto a otras víctimas de la banda, un homenaje del Ayuntamiento de Lasarte, localidad donde reside Jesusa Ibarrola Tellechea, la madre, que perdió a su hija. Su marido, Juan Urroz Gragirena, padre de la niña, falleció hace algo más de un año. Hasta que decidieron hacer pública su experiencia de la tragedia, la familia Urroz Ibarrola (Jesusa y sus dos hijos, Begoña, que se llama igual que su hermana, y Jon, residente en Irún) había guardado silencio. "Nos costó dar el paso, pero pensamos que hablar era una deuda que teníamos con el deber y con la historia", explican.

Oriundos de Navarra

La primera víctima mortal de ETA fue pues un bebé de 22 meses, la primera hija de un matrimonio navarro originario de Beintza-Labaien, recién instalado en Guipúzcoa. Él, Juan Urroz, era oriundo del barrio de Labaien. Contaba con cinco hermanos: José Antonio, Lorenzo, Perico e Hipólita. En la fecha del asesinato de su primera hija, había encontrado empleo en una fábrica de electrodomésticos, Moulinex. Estaba recién casado con Jesusa Ibarrola, la benjamina de nueve hermanos, que vivía de niña en el barrio de Beintza. "Los Ibarrola no eran originarios de aquí. Se instalaron a principios de siglo, cuando este pueblo tendría unos 800 habitantes y ahora estaremos por los 300, así que imagínate. Vinieron aquí porque el padre de Jesusa, Tomás Ibarrola, fue designado como secretario", explicaba un vecino.

El relato del asesinato de Begoña Urroz abre la sucesión de crímenes que Florencio Domínguez recoge en su libro. Una página antes, sitúa en 1958 "el origen del terror". Un año después, el incipiente grupo Euskadi Ta Askatasuna cometía su primer acto violento: la colocación de sus tres primeras bombas contra objetivos simbólicos en Vitoria, Bilbao y Santander. En junio de 1960, con la muerte de Begoña Urroz, ETA inicia su historial sanguinario. "La hija de un matrimonio residente en Lasarte fue alcanzada por una bomba incendiaria colocada en la estación de Amara, en San Sebastián", narra Domínguez. El artefacto le ocasionó graves quemaduras en las piernas, los brazos y la cara, y falleció al día siguiente. Esa misma bomba causó también heridas a otras seis personas más, indica el libro. En su relato, Jesusa Urroz, explica que ella estaba comprando unos zapatos a la niña "para ir a Navarra" cuando tuvo lugar la explosión. "Una tía mía trabajaba en la consigna de la estación y a veces le echaba una mano para ganarme unas pesetillas. Le dejé a la niña mientras estaba comprándole los zapatitos en un comercio cercano. Cuando volví, había un lío tremendo".

Los papeles de Bidart

Como explica Domínguez, ETA no reconoció aquel atentado y durante muchos años se creyó que el primer fallecido del que la banda era responsable fue el del guardia civil José Antonio Pardines Arcay, acribillado a balazos el 7 de junio de 1968 en Villabona (Guipúzcoa). "Durante mucho tiempo, el asesinato de Begoña Urroz, al igual que el resto de atentados de aquellos días, fue atribuido al anarquista Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL). ETA no asumió la autoría, aunque el 29 de marzo de 1992, a raíz de la captura de la dirección de ETA en Bidart, en el ordenador del jefe del aparato político, José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, fue encontrada una cronología de diversos acontecimientos en la que figuraba la mención a ese atentado".

En su investigación, el texto recogido en Vidas Rotasachaca en parte ese silencio a la brutalidad de ese crimen, que nada tiene que ver con reivindicaciones separatistas (un bebé, de una familia obrera, en pleno corazón de San Sebastián) y alude asimismo a las conclusiones a las que llegó también Ernest Lluch, recogiendo el siguiente extracto del artículo que el catedrático catalán publicó en septiembre de 2000, tres meses antes de su asesinato, en El Diario Vasco. "La fuente en la que se basó el vicario general Pagola era impecable (el relato de una catequista amiga de la familia Urroz, que trasladó a Pagola sus sospechas de que ETA estaba detrás de la muerte del bebé) y, a partir de ella, he podido obtener informaciones comprobatorias y adicionales. La familia recibió versión oficial de la autoría de ETA, y en su entorno vecinal no hay duda de ello", sostiene Lluch en su texto.

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