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PAMPLONA

Línea 9: 60 minutos en la hora punta

- Así transcurre un viaje en una villavesa en Pamplona en la hora de mayor tráfico y afluencia de usuarios. Esta es la experiencia del conductor y las incidencias que se encuentra en el trayecto, entre la Universidad Pública de Navarra y la estación de tren

PILAR FDEZ. LARREA . PAMPLONA Miércoles, 9 de diciembre de 2009 - 11:39 h.

L ORENZO SANZBERRO Iturriría tiene 42 años y lleva diez al volante de una villavesa. Hoy conduce la línea 9, entre las siete de la mañana y las tres de la tarde. Le esperan casi cien kilómetros en un "circuito" urbano de 12,5 kilómetros con 30 paradas en ida y vuelta entre la estación de tren y la Universidad Pública de Navarra. Dos periodistas montan con él, un jueves de noviembre, en la hora punta del mediodía, entre las 13.30 y las 14.30 horas..

A las diez de la mañana, 15 grados en el exterior y 24 en el interior, ya acumula cinco minutos de retraso. ¿El motivo?, el tiempo es ajustado, hay muchos usuarios en la hora punta de la mañana (entre las ocho y las nueve) y, tal vez, demasiadas obras... y coches en doble fila o aparcados en las paradas. En las horas siguientes, la demora se mantiene e incluso aumenta porque a las tres de la tarde es de doce minutos. Y doce minutos es también la frecuencia que tiene la línea, de modo que el autobús que le sigue le alcanza, en la avenida de San Jorge.

El circuito de Sanzberro se topa esta mañana con varios contratiempos. Destaca algunos de ellos sin demasiado esfuerzo: son evidentes. Para empezar, dos coches estacionados le impiden acceder a la parada de la plaza de Merindades a las 13.30 horas; en Conde Rodezno una hilera de vehículos obstaculizan el acceso; tiene dificultades realizar el giro hacia la estación, en San Jorge...

El bus, articulado, con capacidad para 135 personas y 36 asientos, matriculado hace un año y tres meses, llega casi vacío a la Universidad Pública de Navarra. El chófer recuerda que, no pocas veces, les resulta muy complicado realizar el giro en el aparcamiento del campus porque hay coches estacionados en tercera fila. "No en doble, en tercera", apostilla. 47 pasajeros, buena parte estudiantes acompañados de mochilas y carpetas, suben al autobús. Algunos se sientan y otros siguen conversación de pie. La calle Tajonar está cortada por obras, durarán aún cuatro meses, así que la línea se desvía por la calle Sebastián Albero. De vuelta al Ensanche, recoge a quince de viajeros en Merindades. Trece suben en San Ignacio y nueve en el Paseo de Sarasate. Los asientos ya escasean. Dos mujeres acceden con silletas de niños. La normativa indica que en el interior del vehículo sólo pueden entrar dos, si hay más, se tienen que plegar. Pero es un asunto complicado", reconoce Carlos Elizalde, responsable de Comunicación de TCC.

La implantación de la nueva tarjeta sin contacto para la villavesa se ha desarrollado sin problemas y la mayoría de los usuarios la utiliza. Los conductores confirman que con este sistema de pago ganan tiempo porque los pasajeros no se detienen para introducir la tarjeta en la canceladora. Pero siempre hay algún despistado. También hoy. Un hombre de mediana edad trata de introducir una tarjeta de crédito en la canceladora. El chófer le advierte y él se percata. Entretanto, se forma una pequeña cola. "También hay quien se queda sin carga y tiene que pagar en metálico o quien aún no sabe cómo funciona la nueva". "¡Madre!" El asombro de una usuaria indica que el autobús está ya a rebosar. Son las dos y el chófer avisa por la emisora de su retraso.

El autobús continúa ruta por San Juan. Son ya las 14.15 horas y el retraso es de diez minutos. En la avenida de Bayona y San Jorge varios usuarios bajan. El vehículo vuelve a circular más ligero. Tras la complicada maniobra para acceder a la estación, diez pasajeros entran en el bus, la mayoría con bolsos y maletas. El retraso alcanza los doce minutos y el siguiente vehículo llega a doblarle. Dos autobuses se encuentran siempre en la calle, en libre disposición, para restaurar los posibles retrasos o acudir en caso de avería. Generalmente se sitúan en la calle Leyre y en Juan XXIII. En este caso, no son necesarios porque el autobús adelantado coge algunas de las siguientes paradas, de manera que el de Sanzberro sigue ruta para ganar tiempo. Así, únicamente debe detenerse en la parada si algún usuario toca el timbre. Es lo que indica la normativa del Transporte Urbano Comarcal.

Sanzberro se siente respetado por la inmensa mayoría de los usuarios, "pero siempre hay unos pocos que abultan mucho". Y la historia cambia los fines de semana. "Estuve seis años y hay que aguantar de todo, hasta que llamas a la Policía Municipal...", dice.

A las 14.41 horas, regresa de nuevo a la Plaza de Merindades. En veinte minutos un compañero le dará el relevo al volante de la línea 9. El balance no es muy bueno, pero Sanzberro se consuela. "Peor es cuando llueve, hay gente que sube con el paraguas abierto". Lo del paraguas queda en anécdota, pero es cierto que el tráfico aumenta y la visibilidad disminuye. Repara también en los colegios, otro punto conflictivo, de difícil solución. "A determinadas horas ya contamos con que la parada del colegio está ocupada", apunta.

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